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Brasil: un país gobernado por la Justicia
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Todo el mundo mira maravillado hacia un país que ya no se reconoce ni a sí mismo. Samba, sol, soja… en la armonía de la forma de sobrevivir en Brasil aparecieron ahora tonos disonantes y los magos del balón ya ni siquiera intervienen para celebrarlo.

Desde hace cuatro años, el país se enfrenta a un ritual de limpieza muy doloroso. El gran “lavado” comenzó en 2012 con el llamado escándalo Mensalao (mensualidad), referente a transferencias mensuales que los parlamentarios habrían recibido para asegurar sus votos de aprobación a los proyectos del Partido de los Trabajadores (PT) del Gobierno.

Astrid Prange, periodista de DW. Astrid Prange, periodista de DW.

Mensalao fue como una incisión. Por primera vez en la historia brasileña, se pudieron ver detenidos y esposados a altos cargos del Gobierno a quienes se les condenaba a penas de cárcel. La persona que obró el milagro fue Joaquim Barbosa, presidente del Tribunal Supremo Brasileño que fue incluido en 2013 en la lista de las 100 personas más influyentes de la revista Times.

Actualmente, el escándalo Lava-Jato sobre el consorcio petrolero Petrobras afecta también a miembros del partido gubernamental. Se considera prácticamente probado que el 3% del importe de los contratos en las explotaciones del consorcio terminaba en una caja B para ser posteriormente lavado por otras vías y terminar en manos de algunos políticos.

Sin embargo, las últimas investigaciones apuntan que la corrupción no es una marca intrínseca del Partido de los Trabajadores. Se sabe que la cola de políticos y empresas relacionadas con la operación es enorme. Y entonces… ¿qué hacer si no se trata solo del Gobierno, sino que también la oposición está envuelta en el escándalo? ¿Qué hacer cuando se ve cuán arraigada está la corrupción en el país? ¿Qué hacer cuando la sospecha de corrupción pende sobre todos? ¿Quién podría gobernar el país?

Esta claro que la presidenta Dilma Roussef no podrá aguantar mucho más. Su apoyo político cae dramáticamente aunque todavía no se haya demostrado ninguna conexión entre ella y el escándalo Petrobras. ¿Pero con quién debería gobernar? ¿Con un ex presidente que teme por su existencia política? ¿Con un presidente del Parlamento implicado en casos de sobornos en cuentas suizas?

Seguro que la lucha contra la corrupción es importante y necesaria, pero en Brasil se ha convertido en toda una guerra política. Entretanto, luchan todos contra todos y solo vale la supervivencia para garantizar la propia existencia. Algo aún más trágico si cabe en un país que continúa hundiéndose en un estancamiento económico que endurece todavía más las consecuencias negativas de la crisis.

Todo eso no ayuda nada. Los políticos tendrán que interrumpir la pelea en el barro de la operación y acordar una salida conjunta de la crisis. Bien sea a través de elecciones anticipadas, o construyendo un Gobierno de consenso nacional. Porque la justicia brasileña puede condenar a cargos públicos corruptos, pero seguro que no podrá gobernar.

 

Fuente: DW