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Cristina Fernández legará un complejo escenario al próximo presidente
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Cristina Fernández legará al vencedor de las próximas elecciones presidenciales argentinas un escenario político, económico y social altamente complejo, un caldo de cultivo de conflictos con el que el próximo mandatario, oficialista u opositor, se verá obligado a lidiar.

Tras doce años de kirchnerismo en el poder y ocho de gestión presidencial, el 10 de diciembre Cristina Fernández dejará atrás la Casa Rosada acariciando el sueño de volver, en 2019, y pendiente de mantener la fortaleza del núcleo kirchnerista para garantizar la supervivencia de lo que el oficialismo ha dado en llamar “el modelo”.

A ocho días de los comicios, un sondeo publicado hoy por el diario Clarín otorga al candidato oficialista, Daniel Scioli, un 38,3 % en intención de voto, insuficiente para ser elegido en primera vuelta el próximo 25 de octubre, y sitúa al líder de la coalición opositora Cambiemos, Mauricio Macri, en segundo lugar.

De confirmarse los pronósticos, por primera vez desde la reforma constitucional de 1994, el futuro mandatario argentino sería elegido en un balotaje, previsto para el 22 de noviembre.

Fernández dejará atrás una gestión de claroscuros marcada por el deterioro progresivo de la economía en la etapa final de su Gobierno.

Abrazada a la bandera de los Derechos Humanos, Cristina Fernández mantuvo el compromiso de su esposo y antecesor, el fallecido expresidente Néstor Kirchner, de sentar en el banquillo a los represores de la dictadura militar.

Profundizó la política social de Kirchner con iniciativas como la “Asignación universal por hijo” de la que se han beneficiado millones de personas, pese a que ha supuesto altísimas partidas de subsidios y que, según la oposición, tiene también fines de clientelismo político.

Convirtió a Argentina en el primer país de la región en aprobar el matrimonio igualitario, pero no logró rebajar los altos índices de pobreza que, a falta de estadísticas oficiales, organismos privados cifran en un 28 por ciento.

En su debe, el deterioro de una economía que dejó de crecer a tasas chinas para estancarse, con una inflación superior al 20 por ciento y un floreciente mercado negro de divisas.

Su sucesor recibirá una economía sin crecimiento, con problemas fiscales, monetarios, de financiación e inversión, agravados por un presupuesto de difícil ejecución y leyes que condicionarán la próxima gestión, como la restricción de la venta de las acciones del Estado en empresas.

“Hubo una primera etapa positiva, pero luego no, con un recrudecimiento de los enfrentamientos, ceguera en los errores y aislamiento”, apunta a Efe el analista Patricio Giusto, que considera que en conjunto, “la herencia es negativa” y el balance sería “una gran oportunidad perdida”.

“Cristina le está dejando una herencia pesada al próximo presidente, incluso si es Daniel Scioli (candidato oficialista)”, considera Giusto, de Diagnóstico Político.

A la situación económica se suma, continúa, el nombramiento de kirchneristas del núcleo duro en puestos clave, como la Secretaría de Inteligencia y la Procuración, que difícilmente podrán ser removidos por el nuevo Gobierno, y otros asuntos espinosos, como el retraso tarifario y el litigio con los fondos especulativos, y hasta un sindicalismo dividido que es foco de conflicto latente.

El “poder residual” del kirchnerismo en el Parlamento es, según Jorge Arias, de la consultora Polilat, otro de los factores a tener en cuenta que puede dificultar la aprobación de leyes impulsadas por el próximo Gobierno, incluso en el caso del triunfo de Scioli, un peronista de raíz no kirchnerista.

Sea cual fuere el resultado electoral, los analistas avizoran una batalla por el control del Partido Justicialista (peronista), el mayor movimiento político de Argentina, con corrientes que van de la derecha a la izquierda y que, históricamente, si está en el poder, conduce quien ocupa la Presidencia.

Hoy, en el 70 aniversario del Día de la lealtad peronista, políticos oficialistas y opositores recordaron en las redes sociales la movilización popular que dio lugar al peronismo y Scioli participará en un acto multitudinario en la populosa localidad bonaerense de La Matanza, uno de los bastiones del kirchnerismo.

“Hoy la líder es Cristina. Pero si gana Scioli, va a intentar asumir el liderazgo, porque es peronista y porque ser presidente lo obliga a eso”, adelanta Giusto.

El papel de Cristina Fernández también será un factor de presión para sus sucesor. Pocos la ven retirándose a los cuarteles de invierno.

“Es muy probable que pase a un plano más relegado, pero estoy seguro de que tiene intención de seguir siendo protagonista de la política y probablemente con el sueño de volver en 2019”, sostiene Giusto.

Si el oficialismo pierde, Fernández tratará de liderar la oposición, aunque, según Arias, no cuenta con bases amplias dentro del enorme espectro del peronismo.

El kirchnerismo se reserva también la baza de los movimientos político-sociales, alimentados en los últimos años con recursos del Estado, con “capacidad para ganar las calles” y “generar caos” y cuya actuación dependerá “del poder de la chequera del próximo Gobierno”, añade Arias.

Tampoco Giusto descarta mayor conflictividad social y ve improbable una “luna de miel” en los primeros meses del nuevo Gobierno.

“Por la situación económica y social, al tener una inflación anual superior al 20 %, lo primero que va a tener que enfrentar el presidente son negociaciones salariales durísimas”, subraya.

“La conflictividad social es otro dato de la realidad ineludible para el próximo Gobierno”, concluye Giusto. EFE