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Déficit y despilfarro: una muestra de la gestión “incorruptible” de la ultraizquierda en Chile
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Ruegan por una oportunidad para gobernar, prometen esta vida y la siguiente a sus electores, aseguran que de llegar al gobierno, serán paladines de la transparencia y buena gestión y despotrican contra los mismos de siempre y las injusticias sociales del país. Así se muestra la ultraizquierda en Chile en la figura del Frente Amplio que ampara distintos movimientos y partidos siendo uno de los más conocidos, Revolución Democrática, que liderado por personas como Giorgio Jackson y Sebastián Depolo, impulsaron la candidatura presidencial de Beatriz Sánchez, con una propuesta altamente estatista.

Todo este ofertón que pareciera venir de un espacio interdimensional donde ellos habitan como ángeles incorruptibles, pareciera que tiene todo para crecer pues aún, por su novedad, dicen muchos, no han tenido tiempo de demostrar las teorías que sostienen sus planteamientos ideológicos, pero es bueno acercar la lupa a donde si han tenido oportunidad de gestionar, así sea indirectamente.

La muestra está en la comuna capitalina de Providencia, municipio de clase media acomodada, de profesionales jóvenes y adultos mayores retirados. Con buen y activo comercio y hermosas áreas verdes, es una comuna deseable para vivir, ya que tiene una buena combinación de vida residencial, comercio y conectividad. Históricamente su votación se inclina a la derecha, pero hace cinco años tuvo un lapsus electoral con la victoria de Josefa Errázuriz como alcaldesa. Ella, de simpatías de izquierda, sumó a su administración a representantes de Revolución Democrática, estos autodenominados incorruptibles y los situó ni más ni menos que en el área de educación.

Fiestas de $200.000 USD donde el despilfarro se “justificaba” con el bienestar del material humano, el gasto injustificado en la sobrecontratación de profesionales de la educación y muchos no profesionales, el evidente desvío de fondos hacia el partido dejando un total de CLP$ 8 mil millones (equivalentes a USD$13.172.983) de déficit.

Tamaño agujero financiero en 4 años fue justificado con declaraciones delirantes que indicaban que el fin de “socializar” la gestión, justificaba la desviación de fondos para cumplir con ese tipo de prioridades.

Todo este tema de crisis presupuestaria ha sido revelado por la actual alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, quien en su gestión encontró estos problemas y decididamente ha declarado que busca que los responsables de tan considerable daño asuman las consecuencias.

Precisamente en Educación, donde los ultraizquierdistas de Revolución Democrática tenían injerencia, es donde hay un descalabro desproporcionado. La sobredotación y la deuda impagable mencionada anteriormente, son el botón de muestra de lo que estos incorruptibles harían con el dinero de todos los chilenos. La actual alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, se refirió al análisis que se hizo a las cuentas corrientes de la Corporación de Desarrollo Social, donde se detectaron CLP$ 2.740 millones (equivalentes a $4.504.705 USD) sin rendir durante administración de Josefa Errázuriz.

En palabras de la alcaldesa: “Es absolutamente efectivo que el dinero que debió haberse usado para mejorar la calidad de la educación, se utilizó para otras cosas como fiestas, giftcards, vestuario. Pero también se contrataron 400 personas extras en cuatro años, es decir, un aumento casi del 40% de la dotación. Se pagaba a miles de personas que nadie sabía lo que hacían”.

Además agregó lo obvio hasta para el ciudadano de a pie al ver las cuentas, pero que no por eso había que dejar de mencionarlo, y estableció los siguiente: “cada vez que tratamos de racionalizar gastos y tomar decisiones, se toman las calles y nos acusan a nosotros, cuando la verdad es que la pasada de RD y la Nueva Mayoría por la educación pública de Providencia es más o menos parecida a la de Atila (rey de los Hunos) por Europa, no dejaron nada en pie”.

Lo evidente no necesita redundancia. No eran incorruptibles, solo carecían de oportunidades para demostrar su incompetencia y su vocación por lo ajeno, que se gasta en la comodidad de sus oficinas en desmedro del desarrollo general. Solo necesitaban un espacio para demostrar lo pernicioso de sus planteamientos, pues cada centavo mal utilizado reduce las oportunidades de muchos de salir de la pobreza. Con la mentalidad de dar el pescado sin enseñar a pescar, dilapidan los recursos sin miramientos hasta que la situación se hace insostenible.

Lo que Evelyn Matthei fue valiente al revelar, no es más que una pequeña muestra de lo que las ideas estatistas logran cuando llegan al poder. Es una evidencia de su capacidad de gestión, del enfoque anti libertario de controlar la vida de los demás comenzando por los fondos que administran. Decidir por otros cuesta caro, porque hay que financiar nuestras ideas para después imponerlas, por eso es que desfinanciar toda una municipalidad, despilfarrar, mal gestionar, etc. no es más que un daño colateral para el gran bien de imponer al resto esa visión mesiánica de que un ente superior, generalmente controlado por el gran partido, sabe mejor que las personas lo que ellas necesitan. Unos pesos más, unos menos, son detalles frente a la gran comisión de distribuir a los pobres lo de los ricos, sin entrar en cuenta de que esta repartición, no solo empobrece al rico, sino que condena al pobre a seguir siéndolo.

Ese infantilismo de creer que se puede hacer todo sin sufrir consecuencias, que alguien más debe pagar los platos rotos de las fantasías socialistas de un grupo de jovencitos con torcidos ideales alejados de la realidad de las personas que necesitan oportunidades de verdad, que se generan solo con buena gestión. Esto es típico de las izquierdas, jóvenes o no.

La realidad requiere gente que esté dispuesta a asumir las consecuencias de sus decisiones. Mucho se puede hablar de solidaridad y buenas intenciones para “el pueblo” pero Revolución Democrática, con sus ideas de profunda izquierda, demostró que las palabras no bastan y que la capacidad y la gestión son todo. Los desastres no se pueden tapar con eslóganes populistas para siempre.

Andrea Kohen/Panampost