Internacional
Del dicho al hecho: el ruinoso legado de Mujica para Uruguay
Internacional

Resulta asombroso el parecido entre el expresidente uruguayo “Pepe” Mujica con Ellsworth Monkton Toohey, uno de los protagonistas de El Manantial. Su autora Ayn Rand pone en boca del siniestro personaje el siguiente pensamiento: “Es tan inocente, que cree que las personas se mueven principalmente por dinero”.

La gente no percibe que hay una adicción más poderosa, que es la ambición de poder. Para obtenerlo, hay que realizar una “perspectiva filosófica” de los problemas que agitan al mundo. Mediante ella, se transmuta el significado de las palabras hasta el punto de desnaturalizarlas. Por ejemplo, afirmando que trabajando menos se “gana” vida.

Lea más: Renombrado músico uruguayo describe a Mujica como “una figura nefasta”
Lea más: Mujica apoya que régimen de Maduro presida Mercosur
Son personas vanidosas que suelen tener complejo de inferioridad. Por eso, su “arma de lucha” es desvalorizar a los más instruidos, capaces, creadores, trabajadores y emprendedores. Su objetivo es el control mental de las masas para gobernarlas en forma absoluta. Seducen mediante las palabras y es por eso que su auditorio desestima las inconsistencias, vaguedades o falacias de su discurso.

Alrededor del mundo se admira a Mujica. Llena estadios enteros cada vez que da una conferencia. Muchas de las medidas que impulsó fueron noticia en los medios internacionales. Sin embargo, pocos le han prestado atención a las calamidades que produjeron una vez que se apagaron los focos y los micrófonos.

Mencionaremos algunas de ellas

Siendo presidente de la República, en 2010 Mujica impulsó la plantación de azúcar en Uruguay, que no es un país apto para tal cultivo. Como forma de darle rentabilidad construyó una planta generadora de energía eléctrica de Alcoholes del Uruguay (ALUR). Más tarde se edificaron dos plantas de biodisel como parte de ese proyecto.

En la inauguración de una de las plantas, Mujica, agradeció a “quienes en los años de incredulidad se batieron intelectualmente por sostener la caña de azúcar en un país que apostaba a liquidarla porque estaba priorizando otras cosas que sucedían en el mundo”. Agradeció a su “querido compañero” Hugo Chávez por el apoyo económico a esta iniciativa.

Mediante la aprobación de la ley de combustibles, se obligó a ANCAP –la petrolera monopólica estatal- a comprar toda la producción de ALUR. De ese modo un emprendimiento caprichoso, exhibía en sus balances unos ingresos formidables.

Pero en estos días los uruguayos nos “desayunamos” con la noticia de que el negocio sucro-alcoholero ha sido ruinoso para el país. Para crear la ilusión de que era rentable, ANCAP le pagaba a ALUR por el bioetanol el triple de su cotización internacional.

Asimismo se supo que sus gerentes perciben sueldos que van desde U$S 6.200 hasta U$S 10.857 mensuales. En cambio los cañeros trabajando 12 horas diarias cobran U$S 425,50 por quincena.

Actualmente ANCAP y ALUR (91 % de sus acciones pertenecen a ANCAP y 9 % a Petróleos de Venezuela) están siendo investigadas en el juzgado especializado en el crimen organizado, por presuntos casos de corrupción. La jueza a cargo autorizó el levantamiento de los secretos bancario y fiscal de todos sus directores, gerentes generales, jerarcas y de las empresas que negociaron con el organismo entre el 2005 y 2015.

Por otra parte, poco antes de dejar la presidencia en marzo de 2015, Mujica impulsó la condonación de la deuda que Cuba mantenía con Uruguay, que rondaba los U$S 31,5 millones más intereses. Se aprobó tal medida con el argumento de ser “solidarios” con el régimen cubano.

La administración Mujica dejó un brutal déficit fiscal. Constituye una inmoralidad perdonarle la deuda a los “camaradas” y simultáneamente, doblarle la espalda con tributos a los compatriotas; prueba palpable de por donde pasa su “solidaridad”. Los uruguayos padecen aumentos constantes de los impuestos y de las tarifas de los servicios públicos monopólicos estatales. El colmo ha sido que los combustibles han bajado pronunciadamente en todo el mundo menos en Uruguay, donde incluso han aumentado.

Otro indicador revelador es la asfixia económica a la que están sometiendo al Poder Judicial. Mujica tuvo duros enfrentamientos con la Suprema Corte debido a que le declaró inconstitucionales varias leyes por él promovidas; varias atacaban a la propiedad privada. Será por casualidad, pero el Judicial no tuvo incrementos presupuestales en las últimas dos Rendiciones de Cuentas del gobierno de Mujica ni en el Presupuesto actual de Tabaré Vázquez.

El presidente de la Corte Ricardo Pérez Manrique alertó: “Nos manejamos con valores de 2010 y es obvio que los fondos son absolutamente insuficientes para mantener un servicio normal”.

La “perla” del collar de las iniciativas tan promocionadas ha sido la “escuela del Pepe”. Esa escuela agraria se inauguró en marzo de 2015 a instancias de Mujica que donó el terreno. En el evento de apertura confluyó una multitud de periodistas y estuvo presente el cineasta ruso Emir Kusturica, que filmaba un documental sobre Mujica.

En su discurso Mujica expresó: “Ninguna de estas cosas transforma el mundo, se precisan miles de estas. Cada uno en su esfera tiene que hacer algo por los demás, esto es una invitación a la solidaridad”.

Año y medio después de ser inaugurada, la escuela debió suspender sus clases porque las aguas servidas inundaron los salones de clase. Hay consenso en que buena parte de los problemas se originan en la improvisación de constituir un centro educativo en un galpón, que no reúne las condiciones para funcionar como escuela. Las instalaciones son precarias, no cuenta con saneamiento, tiene problemas eléctricos y los talleres no tienen buena iluminación.

Para el lanzamiento se habían acondicionado las instalaciones en forma precaria, pero en cuanto fueron utilizadas en forma continua, los problemas de fondo comenzaron a aflorar. Entre ellos, que la materia fecal inunda los salones de clase cada vez que llueve mucho.

La ideología defendida por Mujica es aquella que impulsa un mundo donde nadie pueda destacarse sobre los demás por sus virtudes y talentos. Se la presenta como una ética de elevado orden moral.

Los entusiastas de la “filosofía Mujica” deberían reflexionar sobre lo que Ayn Rand alerta: “Los líderes de los movimientos colectivistas no piden nada para sí mismos. Pero miren los resultados.”

Hana Fischer/Panampost