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EE. UU. vs Venezuela: no puede haber cañones, solo diálogo
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A pesar de las temerarias amenazas de Trump contra Venezuela, y de Maduro contra Washington, ambos países tienen algo en común. Algo que los mismos latinoamericanos pueden ayudar a recuperar: la vocación democrática.

La lucha por la independencia y la auto-determinación han unido a Venezuela y Estados Unidos más de lo sospechado: Simón Bolívar y Francisco de Miranda, inspirados por la Constitución de EE.UU., también tocaron el espíritu libertario de varios estadounidenses que se unieron a su lucha contra la Corona española.

Tanto fue su ímpetu solidario con la libertad de los venezolanos, que en un ataque militar conjunto contra el régimen colonialista, dirigido por Miranda en 1806, los estadounidenses murieron, como hoy aún lo recuerda un monumento en Puerto Cabello, Venezuela.

Fueron “sacrificios conjuntos en favor de la democracia y la protección de los derechos básicos del pueblo”, como reseña la Embajada de Estados Unidos en Venezuela.

Hoy, la política oficial de Washington frente a Venezuela  se resume en enunciados que convocan justamente esos principios que Bolívar y Miranda tanto admiraron: respeto a la democracia, a las leyes y los derechos humanos. Así como la reducción del narcotráfico.

Ni cañones ni embargos

Pero ahora, tras la escalada de amenazas e insultos mutuos, “Estados Unidos y Venezuela nunca habían estado tan lejos de sus verdaderos propósitos”, dice a DW Geoff Ramsey, investigador estadounidense de WOLA, especializado en Venezuela, una ONG que promueve “la prevalencia de la Justicia sobre la violencia” en las Américas.

Si algo positivo se puede rescatar de la amenaza entreverada de Donald Trump, de que Washington aún tendría una opción militar contra el régimen de Nicolás Maduro, apunta Ramsey, es que “las palabras de Trump contra Venezuela no han contado con amplio apoyo, ni entre republicanos ni entre demócratas, en momentos en que el presidente de Estados Unidos tiene a medio mundo asustado de muerte con la confrontación verbal con Corea del Norte”.

“Ni una intervención militar ni medidas económicas, como la de parar las compras de petróleo venezolano, van a conducir a una transición democrática en Venezuela”, opina este analista de WOLA, que hace cabildeo en Washington en pro del respeto a las normas democráticas en Estados Unidos y América Latina.

Geoff Ramsey, analista de WOLA, Estados Unidos

Actuaciones, tan contraproducentes, como la de Trump, “solo le permiten a Maduro jugar su carta antiimperialista”, según Geoff Ramsey. Por eso está convencido de que “la fórmula más efectiva contra la emergente dictadura de Maduro la tienen los mismos 17 Estados latinoamericanos que antes de las palabras de Trump condenaron en Lima  la instalación de la Constituyente, y después de las mismas, condenaron unísono una opción militar contra Venezuela”.  Porque “solo con presión y diálogo diplomáticos puede abrirse una salida pacífica” a la calle ciega a la que el chavismo ha conducido a Venezuela durante 18 años.

La hora de los demócratas latinoamericanos

“Otra vez”, recalca Ramsey, “mientras Estados Unidos ha limitado su campo de acción en la crisis venezolana, el papel relevante lo puede asumir el conjunto de países latinoamericanos que propenden por el regreso a las normas democráticas en Venezuela”.  Descartados como mediadores la Iglesia católica y un grupillo de expresidentes que busca réditos políticos en sus propios países, Ramsey piensa que los líderes de gobiernos latinoamericanos de centroizquierda, como el de Michele Bachelet, tienen ahora la palabra.

Por último, advierte Ramsey, exinvestigador para la Oficina de América Latina de la Fundación Open Society, “si Estados Unidos quiere, de verdad, respaldar una solución pacífico-diplomática, lo primero que debería hacer es alinear su discurso con los demás países de las Américas”.

Los Gobiernos de Estados Unidos y Venezuela, dos países que algún día, inspirados mutuamente,  invocaron juntos “la protección de los derechos básicos del pueblo”, no solo parecen haberse alejado entre sí, sino de los mismos principios democráticos que dicen defender.  Esta es la hora de los demócratas latinoamericanos

José Ospina-Valencia (vt)DW