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EE. UU. y China de cara a la trampa de Tucídides
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A finales de los 1980 y comienzos de los 1990 viajé a Hong Kong/China por negocios varias veces al año. Veinte años después mi esposa y yo estuvimos semanas andando los Himalayas y Tíbet, visitando monasterios budistas, y llegando al campamento base para ascender al Everest del lado tibetano. Esas experiencias personales me llevaron a apreciar de primera mano las diferencias culturales entre China y nuestra cultura occidental.

Las implicaciones geopolíticas de esas diferencias, y la ascendencia política y económica de China, conforman los preocupantes argumentos adelantados por Graham Allison en su apreciable nuevo libro “Condenados al conflicto – ¿podrán EEUU y China escapar de la Trampa de Tucídides?”

El profesor Allison toma de la Historia de las Guerras del Peloponeso, de Tucídides, la conclusión de que “fue el ascenso de Atenas y el miedo que eso infundía en Esparta lo que hizo inevitable la guerra”. Así, la Trampa de Tucídides denota las inevitables tensiones estructurales en las relaciones internacionales que surgen cuando un poder ascendente, China actualmente, amenaza desplazar al dominante, EE.UU.

El Dr. Allison y su equipo del Proyecto Trampa de Tucídides, en Harvard, identificaron 16 casos en los últimos quinientos años donde un poder ascendente retó al establecido. De esos 16, 12 terminaron en guerras. EEUU y China representan el 17º caso, y la investigación del Dr. Allison ofrece un inmaculado lente para entender la rivalidad EEUU-China y cómo evitar las chispas que pudieran desatar un conflicto militar.

Véanse solamente dos ejemplos en el libro que avalan la ascendencia de China: Entre 2011 y 2013 China produjo y utilizó más cemento que todo el que EEUU produjo y utilizó durante todo el siglo XX. Y desde 2007, el 40% de todo el crecimiento económico mundial ha tenido lugar en China.

Ambos países se ven a sí mismos como excepcionales, pero la milenaria China, que ni sabemos cuándo nació exactamente , cultiva un excepcionalismo cultural aún mayor que los casi recién nacidos EEUU. En chino, la palabra China significa “Reino Intermedio”. No se refiere a un lugar entre otros reinos, sino a todo lo que existe entre el cielo y la tierra.

Ambas culturas difieren y compiten en otros valores clave. EE.UU. se ve a sí mismo como “número uno”, y China se ve a sí misma como centro del universo. El valor fundamental de los americanos es la libertad, el de los chinos el orden. Vemos al gobierno como un mal necesario, para los chinos el gobierno es un bien. Somos inclusivos, ellos excluyentes. Nuestro horizonte temporal es ahora, el de ellos es infinito. Nuestra forma de gobierno es una república democrática; China es un régimen autoritario/totalitario. Basamos la legitimidad del gobierno en la voluntad del pueblo; para los chinos la legitimidad emana del buen desempeño. Y, en el contexto de las relaciones internacionales, aspiramos a un orden internacional basado en las leyes. China a uno donde ella reine en armoniosa jerarquía.

Dadas las condiciones objetivas y las aspiraciones en conflicto de EEUU y China, se necesitará diplomacia cultivada y estrategia sagaz para evitar la Trampa de Tucídides. No es simplemente desarrollar amistad nacional. Después de todo, el rey espartano Arquidamo II y Pericles de Atenas eran amigos personales, pero esa amistad no impidió la destrucción de ambos estados en las guerras del Peloponeso.

En su historia de la guerra Tucídides inmortalizó el realismo en las relaciones internacionales en el Diálogo melino: “Tu sabes igual que yo que el derecho es algo que solo tiene importancia en las relaciones entre poderes iguales. En el mundo real, el fuerte hace lo que desea y el débil sufre lo requerido”. Este criterio de realpolítik moldea las políticas de China y EEUU.

Un conflicto militar entre EE.UU.  y China puede parecer una posibilidad remota. Pero sería ingenuo descartar la Trampa de Tucídides e ignorar condiciones bajo las cuales eventos, como el conflicto coreano, puedan escalar con imprevisibles y catastróficas consecuencias. Las relaciones internacionales deben circular en el arco de lo posible. Y, en ese arco, nunca descartar el aforismo de George Santayana: “solamente los muertos han visto el fin de la guerra”.

 

José Azel/PanAmPost