Internacional
El bombardeo del hospital de Alepo dinamita la tregua en Siria
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Alepo se desangra entre bombardeos aéreos y granadas de mortero. Los choques por el control de la segunda ciudad de Siria entierran un «alto el fuego moribundo», según el mediador de Naciones Unidas, Staffan de Mistura, que pide a EE.UU. y Rusia que resuciten las conversaciones entre régimen y oposición en Ginebra. Medio centenar de personas han perdido la vida en las últimas horas, de ellas al menos catorce en el bombardeo contra el hospital Al Quds, en el barrio opositor de Al Sukari. El Ejército de Al Assad fue el acusado de llevar a cabo el ataque.

El hospital Al Quds, apoyado por la Cruz Roja y Médicos Sin Fronteras (MSF), contaba con 34 camas y fue alcanzado «por al menos un proyectil», lo que redujo el lugar a escombros y provocó la muerte de catorce personas, entre ellas dos médicos, según el comunicado de MSF. Muskilda Zancada, coordinadora general de esta organización en Siria, condenó «enérgicamente este nuevo ataque contra un centro de referencia de atención pediátrica en la zona». Uno de los dos médicos muertos era el último pediatra que quedaba en esta parte de la ciudad bajo control opositor. Desde el verano de 2012 Alepo es una ciudad dividida en dos, con los distritos del oeste bajo bandera del Gobierno, donde se calcula que hay un millón de habitantes, y los del este, de la oposición, con unos 350.000.

Guerra total

Al bombardeo contra el hospital siguió una segunda oleada de ataques aéreos contra distritos controlados por la oposición en los que, según un trabajador de los servicios de rescate, murieron al menos treinta civiles más. A lo largo de la misma jornada, en las zonas que controla el Gobierno, fueron otros catorce los ciudadanos muertos a causa de los morteros, según la agencia oficial Sana. La Cruz Roja advirtió de que la ciudad se encuentra «al borde del desastre» como consecuencia del recrudecimiento de la violencia y el jefe de su oficina en Alepo, Valter Gros, explicó que «no hay barrio que no haya sido atacado. En todos los lugares por donde vas, oyes explosiones de mortero, bombardeos y aviones. Todo el mundo teme por su vida y nadie sabe qué va a ocurrir».

Apenas dos meses después de los ataques aéreos contra hospitales en la provincia de Idlib, entre ellos dos centros en Marat al Numan apoyados también por MSF, la guerra en Siria vuelve a demostrar que en el conflicto no hay líneas rojas. Entonces, como ahora, tanto Rusia como el Gobierno de Damasco, aliados en el campo de batalla y con capacidad para realizar estos ataques desde el aire, niegan cualquier implicación.

Tras la toma de Palmira, el diario cercano al gobierno sirio Al Watan anunció en su editorial que «ahora es el momento de lanzar la batalla para la liberación total de Alepo» y agregó que la campaña «no tardará en comenzar ni en terminar». Pese a que el presidente ruso, Vladímir Putin, anunció el repliegue de sus tropas, la presencia rusa es muy importante, así como la de Irán, que cuenta con fuerzas regulares y paramilitares, y la milicia libanesa de Hizbolá.

Los dos meses de alto el fuego pactados en Ginebra parecen historia. La oposición ha abandonado Suiza y acusa al Gobierno y a Rusia de violar una tregua que solo se ha respetado de manera puntual en algunas partes del país. El proceso de Ginebra depende a corto plazo de la situación en Alepo. Y desde Naciones Unidas saben que sin alto el fuego no hay opciones para seguir con el proceso de conversaciones indirectas entre Gobierno y oposición, estancado por la violencia después de tres rondas de encuentros.

Abc.es