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El misterioso problema del perenne desempleo en España
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Buenas noticias: las economías europeas han crecido más de lo esperado. Es un gran logro porque la región ha tenido que lidiar con una crisis de deuda, ataques terroristas, el ingreso de refugiados y migrantes, así como la posibilidad de que el Reino Unido decida dejar la Unión Europea.

Luego viene España. En toda Europa el crecimiento económico ha ayudado a reducir las tasas de desempleo. Pero en España es del 20 por ciento, de acuerdo con las mediciones de la Unión Europea, y ha estado por encima de ese nivel durante cinco años, pese a que la economía del país se ha ido recuperando.

No los culparía por pensar que ese alto nivel de desempleo, que durante mucho tiempo ha sido un gran peso para las familias, ya debería haber colapsado al país. El número es muy superior a la tasa de otros países económicamente rezagados, como Italia (11 por ciento) y Portugal (12 por ciento).

Es cierto que parte del desempleo en España está sobrestimado debido a que algunos tienen trabajos que no se han registrado. Además, las personas se sienten optimistas porque el desempleo ha disminuido en los últimos trimestres, en comparación con el 25 por ciento de hace dos años.

Pese a esto, los funcionarios españoles han dicho recientemente que no esperan que la tasa descienda a menos del 15 por ciento hasta 2019. Además, está el asunto del desempleo entre los jóvenes (menores de 25 años): un incomprensible 45,5 por ciento.

El nuevo gobierno de España —una vez que se elija, después demedio año de discordia— debe buscar políticas más rápidas y atrevidas que reduzcan el desempleo a los niveles que hay en otras partes de Europa.

Sin embargo, las posibilidades de que eso ocurra parecen escasas. Marcel Jansen, experto en mercados laborales de la Universidad Autónoma de Madrid, comenta que el desempleo arriba del 20 por ciento no es un fenómeno nuevo en España. De hecho, ha tenido este nivel en tres periodos desde su transición a la democracia en 1970. Es preocupante que, desde el máximo anterior en 1990, tomó 14 años reducirlo al nivel que había en Europa, apunta Jansen.

Una causa de esto se ha ido arraigando en el mercado laboral español durante los últimos 40 años. Un porcentaje significativo de los trabajadores surgieron de los años de la dictadura con una seguridad laboral blindada. Muchas de esas protecciones continuaron, explicó Jansen, pero gran parte de las nuevas contrataciones en la era democrática se hicieron bajo contratos de empleo temporales.

Justo antes de la crisis financiera de 2008, cerca de un tercio de los españoles firmaron contratos temporales, lo cual es muy superior al promedio europeo. Cuando la crisis llegó fue muy fácil despedirlos. Por otra parte, es cierto que durante la reciente recuperación el amplio uso de contratos temporales estimuló a las compañías españolas a remontar la contratación.

La solución de Jansen es introducir un nuevo contrato que pueda incrementar las protecciones para los trabajadores temporales y aflojar las de los trabajadores permanentes. Sin embargo, asegura que los políticos españoles no han apoyado esta idea.

Gran parte de la población española en edad laboral no ha recibido educación más allá del bachillerato. Además, muchas de estas personas han permanecido desempleadas durante varios años desde la crisis financiera de 2008. Casi una cuarta parte de los desempleados han estado sin trabajo durante cuatro años o más.

La contratación en la industria de la construcción de España, un empleador importante antes de la crisis, no parece que vaya a volver a los niveles que tenía entonces. Jansen opina que ayudar al empleado a largo plazo requiere una revisión sustancial de los programas de nueva formación. No obstante, esto cuesta dinero y España tiene uno de los déficits presupuestarios más grandes de Europa.

Aquí es donde nos encontramos con el gran debate económico que se avecina en el continente. Por un lado están aquellos que insisten en que los países en dificultades económicas deben buscar políticas que corten el gasto gubernamental y liberen los mercados para promover un crecimiento fuerte y sostenible.

Hasta donde sabemos el mercado laboral español podría hacerlo con algunos cambios importantes. Pero también hemos visto que estos cambios están lejos de ser inminentes porque son costosos y amenazan intereses muy arraigados. Los líderes españoles están tan divididos que no pueden conformar una administración que se atreva a realizar movimientos audaces.

Los economistas, del otro lado del debate, subrayan la necesidad de que la Unión Europea se una como un todo para implementar grandes acciones, como condonaciones de deudas y estímulos fiscales mucho más importantes.

Hasta ahora, el desorbitado desempleo en España no ha motivado que los líderes europeos ejecuten ese tipo de acciones. Así que, de nuevo, Europa no puede confiar en que España —o cualquier otro país— soporte este alto nivel de desempleo para siempre.

.nytimes.com