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El retroceso del nacionalismo escocés
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La ola independentista impulsada por el Partido Nacional Escocés pierde fuerza empujada por el ‘tsunami’ del brexit. Nicola Sturgeon admite que un segundo referéndum tendrá que esperar.

El nacionalismo escocés está en retroceso. La ola independentista rompió en el referéndum del 2014 (donde venció la permanencia en el Reino Unido por el 55% frente al 45%) y llegó hasta las elecciones del 2015 en las que el Partido Nacional Escocés (SNP) conquistó 56 de los 59 escaños posibles. Pero el ‘tsunami’ del Brexit lo cambió todo.

La ministra principal Nicola Sturgeon creyó que la salida de la UE era un “as” en su manga, y que el sentimiento anti-Brexit en Escocia daría un nuevo impulso a la independencia. Erró estrepitosamente en sus cálculos. El SNP perdió en junio más de la tercera parte de sus diputados en Westminster (21). Hasta el ex ministro principal Alex Salmond y el portavoz del partido, Angus Robertson, se quedaron sin escaño.

El Partido Conservador se ha convertido entre tanto en la segunda fuerza en Escocia, gracias al tirón de Ruth Davidson, y el Partido Laborista resurgió de sus cenizas con la resurrección de Jeremy Corbyn. Las fuerzas unionistas han logrado reagruparse y están creciendo hasta el punto que los últimos sondeos predicen que los nacionalistas perderían incluso su mayoría absoluta pro-independencia (en combinación con el Partido Verde) si las elecciones regionales se convocaran este año.

Del triunfalismo a la incertidumbre
Al cabo de una década en el poder, el desgaste está haciendo mella en el SNP, que creció exponencialmente durante la campaña del referéndum gracias a la capacidad de movilización de la campaña “Yes Scotland” y que encontró en Nicola Sturgeon su particular ‘Dama de Hierro’ para seguir caldeando la forja.

El triunfalismo que se respiró hasta la última conferencia de invierno del SNP, en Aberdeen, ha dejado paso ahora a la total incertidumbre de Glasgow. Nicola Sturgeon vuelve a su bastión con la esperanza de mantener viva la llama independentista, pero con la consigna de dejar en remojo la promesa de un nuevo referéndum para centrarse en el Brexit y en la austeridad.

“La incertidumbre del Brexit ha dejado en el aire muchas cosas, y es prematuro hablar ahora de una fecha (para el segundo referéndum)”, reconoció Nicola Sturgeon en declaraciones a la BBC y a la ITV en el arranque de la conferencia del SNP. “Tenemos que esperar a que el polvo se asiente”.

Aun así, Sturgeon reconoció que su partido tiene el mandato para convocar un segundo plebiscito, pese al mensaje contundente que la “premier” Theresa May mandó a Escocia durante su accidentado discurso en Manchester: “Autorización denegada”.

Sturgeon amenazó durante meses a May con la posibilidad de una nueva consulta (bautizada en las redes como #indyref2) durante las negociaciones del Brexit. Ante la negativa de Londres, la líder del SNP fue retrasando la fecha hipotética hasta situarla en “entre el otoño del 2018 y la primavera del 2019”. Tras el batacazo electoral del 23J, la líder independentista prefiere ahora no poner la mano en el fuego.

“Fijar una fecha para el referéndum sería como así como poner el carro antes del caballo“, ha declarado el nuevo portavoz del SNP en Westminster, Ian Blackford. “Tenemos que saber qué ocurrirá con el Brexit, saber qué pasa en las negociaciones, y después determinar la visión que queremos para Escocia dentro de ese nuevo marco”.

“El Brexit no es una circunstancia en la que yo hubiera querido verme”, reiteró por su parte Sturgeon, en sintonía con el 62% de los escoceses que votaron por la permanencia. “Creo que todo va a ser un desastre y que las cosas van a ir a peor. Lo que he intentado hasta el momento es sopesar las cosas y tomar cuál será la mejor solución para defender los intereses de Escocia”.

Chapas del Partido Nacional Escocés repartidas en la conferencia del mismo. ANDY BUCHANANAFP-PHOTO

Sturgeon ha sido acusada públicamente por Jim Sillars, ex vicelíder del SNP y ex aliado de Alex Salmond, de un “monumental error de cálculo” a la hora de presionar por un segundo referéndum tres años después de la gran consulta independentista. Sillars ha sido además en los últimos meses el “cabecilla” de los partidarios del Brexit dentro de las filas del SNP, que curiosamente llegan al 21% (el 41% querría ver recortados los poderes de Bruselas).

Contra el ‘neveréndum’
A la ministra principal, que presume de “nacionalismo moderno y europeísta”, se le acusa de no haber sabido valorar el inusitado apoyo al Bexit dentro de las filas independentistas. Aunque el principal obstáculo al que se enfrenta es al creciente hastío del electorado hacia el “neverendum” (el referéndum que no cesa). El 60% de los escoceses, que han sido llamados a las urnas cuatro veces en tres años, se oponen a la convocatoria de un nuevo plebiscito independentista.

Al cabo de tres años como líder, Sturgeon está sufriendo también la erosión del poder. Su liderazgo sigue siendo prácticamente incuestionable, pero los ataques se están dirigiendo en las últimas semanas hacia su marido, Peter Murrell, el brazo ejecutivo del SNP, artífice a la sombra de la insospechada remontada nacionalista de la última década, responsabilizado sin embargo de la debacle electoral del 23J que ha reabierto las puertas de Escocia a las fuerzas unionistas.

La conservadora Ruth Davidson se ha confirmado como la auténtica anti-Sturgeon y ha logrado convertir a los “tories” en la improbable segunda fuerza en Escocia. En apenas tres años, Davidson ha logrado enterrar la rancia imagen del “nasty party” de Margaret Tharcher y ha relanzado contra viento y marea al Partido Conservador con un viraje hacia el centro político.

La hasta ahora líder laborista, Kezia Dugdale, dejó recientemente su puesto por supuestas desavenencias con su líder, Jeremy Corbyn, que recorrió tierras escocesas en olor de multitudes el pasado verano. Los laboristas confían en dejar definitivamente atrás sus crisis (cuatro líderes en tres años), que se decidirá en el mes de noviembre entre dos candidatos: Richard Leonard y Anas Sarwar.

Algo se mueve en Escocia, y hasta el defenestrado portavoz parlamentario Angus Robertson está ya moviendo piezas por si llega el momento del relevo de Nicola Sturgeon. Pese a haber perdido su escaño, Robertson tendrá su momento estelar durante la conferencia de Glasgow, inaugurada el domingo por el ministro de finanzas John Swinney.

Curiosamente, las referencias al segundo referéndum quedaron muy en segundo plano en el arranque del cónclave nacionalista, en contraste con la parafernalia independentista. Consciente de la competencia por la izquierda del laborismo de Corbyn el veterano Swinney confirmó medidas como la prohibición del “fracking”, la subida de los salarios de los funcionarios y la creación de un nuevo Banco de Inversión Nacional.

Por su parte Sturgeon hizo un guiño a los ciudadanos europeos en suelo escocés prometiendo que su Gobieno correrá con los costes (en torno a 1.700 euros por cabeza) para garantizar los permisos de residencia de los más de 20.000 inmigrantes de la UE en en la sanidad y en la educación pública escocesa.

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, en la conferencia del SNP en Glasgow. RUSSELL CHEYNEREUTERS

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