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El senado brasileño inicia la fase final del juicio político a Dilma Rousseff
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La presidenta encara el tramo final del ‘impeachment’ mientras Brasil piensa ya en el día siguiente
Empieza la verdadera cuenta atrás del final político de Dilma Rousseff. Todo apunta a que el miércoles será pasto de los libros de historia. Para entonces, el juicio político que se desarrolla en el Senado brasileño desde hace meses habrá terminado y, según todos los pronósticos, con la votación en contra para la presidenta elegida en 2014, apartada provisionalmente del poder. La recta final del impeachment comienza hoy, jueves, con la intervención de los últimos testigos de la acusación y la defensa. Hablarán después los senadores y, el lunes, la propia Rousseff se encargará de responderles. Tras varios turnos de réplica que pueden durar muchas horas, se celebrará la definitiva votación que, según casi todos los cálculos, se llevará a cabo la madrugada del miércoles.

No sólo los pronósticos de los politólogos evidencian que el final de Dilma está próximo. A finales de la semana pasada se vio entrar un camión de mudanzas en el palacio de Alvorada, la residencia de la Presidencia, donde Dilma Rousseff ha estado refugiada estos últimos tres meses. Las malas lenguas se apresuraron a especular que el camión iba a recoger los objetos personales que la dirigente piensa llevarse a su ciudad natal Porto Alegre, adonde irá si al final sufre la destitución.

Sus asesores ni confirmaron ni desmintieron que ese fuera el caso, pero lo cierto es que Rousseff vive hoy a la espera que se decida su futuro, por muy predecible que este sea. A mediados de mayo, después de que Rousseff fuera suspendida de la presidencia, los senadores contrarios a ella ya alertaron que solo una hecatombe política podría evitar su impeachment. La semana del juicio final en el Senado, algo ha cambiado. Ahora, los dos grupos creen queni siquiera una catástrofe podría devolverle el mandato a Rousseff (Partido de los Trabajadores). “No tiene posibilidad alguna de retomar el poder”, evalúa el especialista David Fleischer, profesor de la Universidad de Brasilia.
Desde que el impeachment salió de la Cámara Baja y llegó al Senado, la presidenta no ha tenido más que bajas en su batallón. El proceso fue admitido por 55 de los 81 senadores el 12 de mayo. El 9 y 10 de agosto, durante la pronunciación del proceso, cuando el Senado tiene el poder de iniciar la recusación de Rousseff, 59 parlamentarios respaldaron la decisión de acusarla de delitos de responsabilidad. Según las cuentas de los aliados de Temer, Rousseff deberá de ser condenada por 61 senadores, siete más que los que pide la constitución.

Algunos de los congresistas ya se preparan, de hecho, para defender las impopulares medidas que el Gobierno interino del conservador Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, debe de organizar a partir de septiembre. Es decir, según las previsiones, subidas de impuestos y más recortes de gastos. Hasta los oficialistas están ya haciendo planes para el mundo posimpeachment.

Dilma Rousseff ha trabajado su salida en dos frentes. Por una parte, publicó una carta en la que pide a los congresistas que la absuelvan y, a cambio, promete nuevas elecciones. Por otro, comenzó a ensayar el discurso que dará en el Senado (se espera que intente que, al menos el discurso, sea para la historia). Mientras, tres senadores aliados han aceptado entrenarla para las deposiciones que se le realizarán en el pleno. Ese día, tras un discurso de media hora, cada uno de los 81 senadores podrá cuestionarla sobre los presuntos delitos de responsabilidad. Es probable que algunos de sus adversarios políticos se salgan de esos temas con el objetivo de irritarla. Y es exactamente esa pérdida de control lo que el PT quiere evitar a toda costa. “Si me violentan, no será mi problema”, le dijo Rousseff a sus aliados.

A Rousseff se le acusa de haber cometido delitos de responsabilidad por haber firmado tres decretos de suplemento presupuestario, así como de haber maquillado las cuentas públicas. Sus aliados dicen que su dolo (la intención de cometer un delito) no está probado y que, por tanto, ni siquiera debería estar siendo sometida a juicio. “Es un golpe, porque este es un proceso de destitución sin delito”, protestó la senadora del PT, Gleisi Hoffmann”. ¿Cómo va a ser un golpe con una presidenta que se defenderá en el pleno del Senado Federal, en una sesión presidida por el presidente del Tribunal Supremo?”, bromeó
En el bando de Michel Temer: trabas en el senado, economía y reuniones con final feliz
Desde que asumió el Gobierno, el 12 de mayo, Temer ha dado prioridad a los encuentros con parlamentarios, los senadores sobre todo. En los últimos días, Temer se ha citado con ocho de ellos, oficialmente para debatir política local. Él no ha mencionado la votación del impeachment. Eso no quiere decir que no se trate el tema. “Uno va, habla de un tema del interés del Estado y, después, viene un ministro o un asesor, y te asusta sobre el impeachment”, asegura uno de los congresistas recibidos por Temer. En total, Temer se ha reunido con dos indecisos, dos que se consideran votos seguros a favor del impeachment pero que podrían cambiar de opinión a última hora y cuatro candidatos a puestos más altos en la política nacional.

Afonso Benites/El País