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En la elección general, Clinton empezaría con ventaja ante Trump
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Una elección entre Donald Trump y Hillary Clinton se convirtió en un hecho casi definitivo luego de la decisiva victoria de Trump en Indiana y la salida de Ted Cruz de la contienda. Si continúan así las tendencias, él comenzará esa campaña con una desventaja significativa.

Sí, aún falta recorrer un largo camino hasta el día de la elección. Y Trump ya ha desafiado los pronósticos y la sabiduría convencional de muchos expertos en el pasado. Pero ahora los primeros sondeos comienzan a mostrar una idea general sobre la elección presidencial de noviembre en Estados Unidos y en las primeras encuestas, tanto a nivel nacional como en los estados clave, la brecha entre Trump y Clinton es de unos 10 puntos porcentuales.

Y Trump hasta tiene índices bajos en las encuestas de varios estados donde Mitt Romney ganó en 2012, como Carolina del Norte, Arizona, Misuri y Utah.

¿Trump podría remontar y superar a Clinton? Por supuesto. Hillary Clinton también es muy impopular. Su ventaja en la votación es solo una proyección antes del aluvión de ataques y propaganda que recibirá.
Ya se han visto cambios en las ventajas de 10 puntos porcentuales en otras elecciones generales, aunque es una situación poco común. Pero no hay precedentes para grandes cambios en campañas con candidatos tan conocidos como Trump y Clinton. Tal vez ella no sea del agrado de la mayoría de los estadounidenses, pero también es cierto que muchos le tienen miedo a él. Para tener una oportunidad real, él tendrá que cambiar eso.

El problema más grande de Trump es que será el candidato más impopular de la era moderna: cerca de dos tercios expresan una opinión desfavorable de él, más de la mitad tiene una opinión “muy desfavorable” o dice que tienen “miedo” de su candidatura, cifras sin precedentes entre los candidatos presidenciales modernos, en especial de los partidos mayoritarios.

La popularidad de Trump es peor entre votantes jóvenes, bien educados y que no son blancos, es decir, quienes conformaron la coalición que impulsó la reelección del Presidente Barack Obama hace cuatro años.

De cierta manera, Clinton no es la candidata más adecuada para conquistar a los partidarios que tuvo Obama, en especial, a los votantes más jóvenes que han preferido al Senador Bernie Sanders en las primarias demócratas. Pero el panorama cambia en una elección general entre Clinton y Trump: las encuestas más recientes muestran que su liderazgo entre los votantes entre los 18 y 29 años de edad es mayor al margen que llevó a Obama a la victoria hace cuatro años.

La ventaja de Clinton entre los votantes jóvenes, bien educados y que no son blancos sería suficiente para convertirla en la gran favorita. Pensar que el Partido Republicano conseguirá la victoria sin algunos de estos votantes es difícil.

Los republicanos necesitan una victoria tan contundente entre los votantes blancos como la de Ronald Reagan en 1984, cuando obtuvo 18 puntos de ventaja en la aplastante reelección de 1984. Solo así podrían pelear el empate en un país que es ahora mucho más diverso. Los votantes que no son blancos podrían representar casi el 30 por ciento del electorado en 2016, muy por encima del 14 por ciento de 1984.

Pero lo que plantea la posibilidad de una derrota decisiva para Trump es que está teniendo dificultades para conquistar a los votantes que apoyaron a Romney, en especial, a las mujeres blancas y, en general, a los votantes blancos con educación universitaria.

Una encuesta reciente de ABC/Washington Post mostró que Trump solo tiene un índice del 29 por ciento a su favor entre las mujeres blancas y del 23 por ciento entre los universitarios blancos, mientras que el 68 y 74 por ciento, respectivamente, tienen una opinión desfavorable de su candidatura.
A Trump le va mucho peor que a Romney entre los votantes blancos en todos los estados. Las encuestas muestran que Trump pierde votantes blancos en estados donde Romney ganó, como Colorado, Pensilvania y Wisconsin. Eso es suficiente para ponerlo en una gran desventaja en las encuestas de estados clave como Florida y Virginia, así como Carolina del Norte y Arizona: dos estados donde Romney ganó en 2012.

A Trump tampoco le va bien en una encuesta realizada en Utah, región fuertemente republicana y uno de los estados con la mejor educación del país. Es poco probable que Clinton pueda ganar Utah, pero es muy significativo que Trump no sea el favorito en un estado donde los demócratas no han alcanzado el 35 por ciento de los votos en las últimas 11 elecciones presidenciales.

Parte del problema de Trump es que la ira de los votantes republicanos que ha impulsado su gran éxito en las primarias no alcanza los mismos niveles en el electorado general.

Con un margen estrecho, la mayoría de los estadounidenses aprueba la gestión de Obama y una encuesta de ABC/Washington Post reveló que solo el 24 por ciento de los ciudadanos estaban enojados con el gobierno federal.

Tampoco hay muchas evidencias de que los estadounidenses estén particularmente insatisfechos con el estado de la economía. La tasa de desempleo es del 5 por ciento y los precios del combustible se mantienen a la baja. Y además, los indicadores de consumo y confianza económica están bien al compararse con las normas históricas.

Por todo esto, las actuales condiciones políticas y económicas nacionales son más favorables para los demócratas en 2016 que en 2012, cuando Obama ganó la reelección. Estos indicadores podrían convertir a Clinton en la favorita, incluso ante un candidato republicano más tradicional. En cambio, parece que ella se enfrentará a un candidato que desafía todas las expectativas y ha creado enormes retos para sí mismo.

nytimes.com/