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Fallece el exdictador panameño Manuel Noriega
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Manuel Antonio Noriega, el exdictador panameño que fue un importante aliado de Estados Unidos, antes de ser depuesto por una invasión estadounidense en 1989, falleció el lunes en un hospital de la capital de su país a los 83 años de edad.

Así surgió Noriega
Manuel Antonio Noriega, a quien apodaban “Cara de Piña” por las marcas que tenía en el rostro, nunca fue presidente de Panamá, pero obtuvo el control absoluto del país tras convertirse en el jefe máximo del ejército en 1983. Este es su historial.

1934. Nace en el seno de un hogar pobre en la ciudad de Panamá y fue criado por padres adoptivos.

1962. Se une a las fuerzas militares. Como graduado en la Escuela de las Américas de EE.UU. asciende rápidamente de rango, principalmente por su lealtad al general Omar Torrijos, su mentor.

1968. Se convierte en jefe de inteligencia después de que Torrijos asume el poder y comienza a forjar estrechos lazos con la CIA.

Julio de 1981. Muere Torrijos en un accidente aéreo. Noriega pasa a ser jede del Estado Mayor del general Darío Paredes, jefe de la Guardia Nacional.

1983. Sucede a Paredes, se asciende a sí mismo al grado de General y toma el control del gobierno panameño.

1988. La DEA, agencia antidrogas estadounidense, lo acusa de relaciones con el cartel de Medellín y el lavado de dinero.

1989. Marines estadounidenses invaden Panamá luego que Noriega anula los resultados de una elecciones generales ganadas por el candidato opositor Guillermo Endara. Es capturado y trasladado a EE.UU.

1992. Noriega es condenado en EE.UU. a 40 años de prisión por ocho cargos de narcotráfico, lavado de dinero y chantaje sistematizado.

2010. Extraditado a Francia donde es condenado a siete años de prisión por lavado de dinero

2011. Regresa a Panamá para purgar más de 60 años por los asesinatos del dirigente opositor Hugo Spadafora en 1985 y del líder de una rebelión militar, el mayor Moisés Giroldi, en 1989, así como de al menos otros nueve militares que participaron en esa sublevación en un episodio conocido como la Masacre de Albrook.

2016. Se le detecta el crecimiento de un tumor cerebral benigno diagnosticado cuatro años atrás.

7 de marzo de 2017. Queda en condición crítica tras sufrir una hemorragia luego de la operación para extirparle el tumor cerebral.

30 de mayo de 2017. Fallece Noriega en el hospital Santo Tomás de la capital panameña.

Noriega estaba en condición crítica desde que sufrió una hemorragia tras una operación para extirparle un tumor benigno en la cabeza el pasado 7 de marzo.

El presidente Juan Carlos Varela confirmó el deceso, aunque no informó sobre la causa. Un amigo de la familia, que habló a condición de no ser identificado, dijo a The Associated Press que Noriega fue desconectado del aparato que lo ayudaba a respirar.

Ezra Ángel, abogado de Noriega, dijo a Reuters en un breve mensaje de texto vía celular: “Confirmamos la muerte del General Noriega, y pedimos respeto a la intimidad de sus familiares en estos momentos de dolor”.

El general retirado copó los titulares internacionales el 20 de diciembre de 1989, cuando unos 28.000 soldados estadounidenses tomaron por asalto Ciudad de Panamá para derrocar a su brutal régimen (1983-1989) que espió para la CIA, trabajó con los narcotraficantes y torturó a sus enemigos.

Tras pasar los últimos 26 años en cárceles de Estados Unidos, Francia y Panamá por el asesinato de enemigos políticos, lavado de dinero y narcotráfico, el anciano ex dictador logró en enero prisión domiciliaria en casa de una de sus tres hijas para prepararse para una intervención cerebral.

Los largos años de reclusión, muchas veces aislado, dos ataques cerebrovasculares y un cáncer de próstata dejaron al ex dictador en silla de ruedas y con aspecto frágil, una versión reducida del osado general del Ejército que blandía enérgico un machete en sus mítines aplaudido por la multitud.

El carácter desafiante del ex dictador decayó en el ocaso de su vida y en el 2015 llegó a pedir perdón a Panamá por los desmanes de gobiernos militares del pasado, incluyendo el suyo, por el que fue sentenciado a unos 60 años por tres condenas en casos de homicidio y desapariciones forzadas.

Una veintena de policías llegó hasta el hospital Santo Tomás de la capital donde murió la madrugada el martes para resguardar el lugar.

Se desconoce cuál será el destino de sus restos.

“Su fallecimiento termina una época que debemos recordar para no repetirla en Panamá y que fue muy dolorosa por la invasión y que dejó muchos muertos”, señaló Aurelio Barría, quien lideró la “Cruzada Civilista”, un movimiento opositor que protestó en la calle contra el régimen.

Líder popular

Noriega junto al presidente designado Manuel Solis Palma en 1988.

Noriega tenía dominio absoluto de Panamá. Como líder militar logró manipular las elecciones generales de 1984 para que el candidato del partido fundado por Torrijos ganase los comicios y anuló la contienda electoral de 1989, que según observadores había ganado la oposición. Tiempo después, movió y removió a líderes civiles a su antojo y pregonó públicamente que él era el mandamás de la nación.

Noriega trabajó para forjar la imagen de un líder popular a pesar de su gran fortuna. Vivía en una casa de dos pisos de un vecindario de clase media-alta de Panamá, a diferencia de las mansiones opulentas en las que solían residir otros dictadores latinoamericanos, pero su manera de gobernar no estuvo exenta de crítica.

“Durante el periodo particular del exgeneral Noriega, el país era manejado como una finca… La gente tiene la percepción de que no había delitos, de que no había tráfico de drogas que hoy sí se ven, pero se olvidan que la información estaba muy limitada”, señaló el historiador e investigador Vladimir Berrío-Lem a The Associated Press. “No dejó nada. Dejó al país en quiebra”.

El cartel de Medellín

El mandato de Noriega y su relación con Washington empezaron a tambalearse después del asesinato del dirigente opositor Hugo Spadafora en 1985 y de que aumentaran las evidencias sobre sus lazos con el cartel de Medellín. El comienzo del fin llegó en febrero de 1988, cuando jurados investigadores de Florida lo acusaron de narcotráfico.

En un principio Noriega reaccionó desafiante, resistiendo dos intentos de golpe de Estado y las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos para sacarlo del poder. Sin embargo, con el agravamiento de la crisis política interna de Panamá anuló los comicios de 1989, que según los observadores había ganado el candidato opositor Guillermo Endara.

Noriega pregonaba “ni un paso atrás” y acusaba a Estados Unidos de hostigar y someter a su país.
La invasión de marines

 

Solados estadounidenses celebran en 1990 la rendición de Manuel Noriega tras una cuenta invasión militar.

El entonces presidente estadounidense George Bush instó primero a los panameños a que derrocaran a Noriega y luego autorizó la invasión que neutralizó a las fuerzas del dictador en diciembre de 1989. De acuerdo con el Pentágono, unos 200 civiles y 314 soldados murieron durante la operación, en la que también fallecieron 23 estadounidenses y 320 resultaron heridos.

En un primer momento, Noriega eludió la captura y se refugió en la Nunciatura, pero el 3 de enero de 1990 se entregó a las autoridades estadounidenses y fue trasladado a Miami para enfrentar las acusaciones de narcotráfico.

“Fue responsable de la invasión y de los muertos que hubo en esa acción. No le hizo honor a su uniforme, no hizo un solo disparo y se escondió”, dijo a la AP Hatuey Castro, opositor que fue detenido y golpeado por matones del gobierno en 1989.

Prisionero de guerra

En los años que estuvo detenido en una prisión a las afueras de Miami, Noriega recibió un tratamiento especial como prisionero de guerra. Le permitían vestirse con el uniforme militar de Panamá para ir a los tribunales, vivir en una sección apartada de los otros presos y tener su propio televisor y equipos para hacer ejercicio.

Mucho antes que eso sucediera, sin embargo, Noriega era conocido como “el hombre de la CIA en Panamá”. Según documentos judiciales, durante años recibió millones de dólares por ayudar a Estados Unidos en América Latina. Entre otras cosas, se desempeñó como mediador de Washington con Fidel Castro, ayudó a confiscar cargamentos de droga en el mar, rastreó el lavado de dinero a través de bancos panameños y reportó sobre actividades guerrilleras y terroristas.

Sin embargo, hay quienes mantienen una opinión matizada sobre él. “Es uno de los seres incomprendidos de la historia panameña”, dijo Mario Rognoni, que murió en 2016 y fue exlegislador del Partido Revolucionario Democrático, fundado por Torrijos, y amigo del exgeneral. “En realidad fue una persona tímida y muy dedicado a su familia”.

El perdón

Aunque no se pronunció públicamente durante el periodo en que estuvo recluido en cárceles de Estados Unidos y Francia, Noriega decidió romper su prolongado silencio cuando accedió a formular una declaración ante un canal de televisión panameño en junio de 2015. Desde la cárcel, el exdictador pidió perdón a los afectados por su régimen, aunque eso no calmó la sed de justicia de los familiares de más de un centenar de muertos y desaparecidos durante su mandato.

“Siento que como cristiano a todos nos toca perdonar”, señaló mientras leía una declaración escrita a mano en una hoja de papel.

“Ya el pueblo panameño superó esa etapa de la dictadura”.

A Noriega le sobreviven su esposa Felicidad y sus hijas Lorena, Thays y Sandra.

VOA