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Golpe en Zimbabue: la mujer que ha provocado la caída de Robert Mugabe
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“El enfrentamiento entre Grace Mugabe y el hombre que lideraba la carrera por la sucesión ha provocado el golpe de Estado que acaba con 30 años de presidencia de Robert Mugabe.”

Tamara Fariñas  

Tres décadas no han sido suficientes para Robert Mugabe. Lleva siendo presidente de Zimbabue desde 1987, después de liderar una revolución nacionalista que puso fin al colonialismo británico en la entonces Rodesia del Sur, que adoptó el nombre que hoy sigue llevando. Pero hoy, su propio partido —la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF)— ya no lo reconoce como líder. Mugabe, que creció como una de las esperanzas para África, veía a su esposa como futura líder del país. Tampoco en esto lo apoya su formación.

Grace Mugabe (Benoni, 23 de julio de 1965) era, hasta ahora, primera dama y una de las candidatas a suceder al viejo líder, que dice querer presentarse a las próximas elecciones que, de ganar, lo convertirían en presidente de Zimbabue hasta cumplir los 99 años. Consciente de la dificultad que esto supone, Mugabe debía presentar a su sucesor, movimiento que ha abierto una brecha en el partido, parte del cual apoya al que había sido número dos del presidente, Emmerson D. Mnangagwa. Mnangagwa, no obstante, acaba de ser destituido por el propio Mugabe.

Esto ha provocado una situación de tensión que ha culminado este martes, con la detención de Mugabe y su familia. Este fue el momento, según su propia formación, de la “nueva era” que comienza en Zimbabue, donde ahora preside el ZANU-PF de forma interina el recién cesado por el propio Mugabe, Emmerson Mnangagwa. Algunos medios locales aseguran que tras este aparente golpe de Estado, Mugabe está preparándose para dimitir y que estaría negociando una salida del país para su esposa. La Alianza Democrática, por su parte, ha pedido nuevas elecciones y la dimisión de Mugabe, para que así el país pueda librarse de su “tiránico reinado”.

“Zimbabue no ha sufrido un golpe de Estado”, dice el propio ZANU-PF. “Se ha tomado la decisión de intervenir porque nuestra Constitución se había socavado. Y el camarada Mnangagwa será el presidente del ZANU-PF, según la constitución de nuestra organización revolucionaria”, anunció la formación, la misma que confirmó que la noche anterior había sido detenida la “primera familia”, indicando que está “a salvo y segura”. “Ni Zimbabue ni el ZANU-PF son propiedad de Mugabe y de su esposa. Hoy comienza una nueva y renovada era y el camarada Mnangagwa nos ayudará a conseguir un Zimbabue mejor”.

Precisamente el cese de Mnangagwa, que también cuenta con el respaldo del Ejército —en 2014, la entonces vicepresidenta fue también destituida por Mugabe, y los militares guardaron silencio al respecto—, ha vuelto a sacar a la luz la tensión por suceder al veterano líder. Parte de la formación apoya, sin lugar a dudas, al vicepresidente depuesto y ahora presidente interino del partido; otra parte, a la esposa de Mugabe.

Mugabe y su esposa, Grace, en noviembre de 2017, después de anunciar que volvería a presentarse a las elecciones de 2018. (EFE)

Nacida en Sudáfrica con el apellido Marufu, Grace, a quien el mandatario africano casi duplica la edad, era la esperanza del presidente. Fue su secretaria antes de convertirse en su amante. Esto ocurrió cuando aún el mandatario estaba con su primera esposa, la ghanesa Sally Hayfron, que murió en 1992. Después de su fallecimiento y tras conocerse públicamente que mantenía una relación con la sudafricana, ambos decidieron celebrar la ‘boda del siglo’: 12.000 invitados a una ceremonia extremadamente lujosa en un país donde no ha dejado de crecer la inflación. En 2014, Grace Mugabe ya era la líder de la facción femenina del partido, para después ir dibujándose como la mejor candidata —para Mugabe y sus seguidores— a liderar el país africano.

Denuncia por agresión
Recientemente, la esposa de Mugabe saltó a las portadas de los medios tras golpear a una joven modelo de 20 años en un hotel de Sudáfrica. Grace había viajado al país sudafricano para someterse a una revisión médica, por lo que viajó sin documentación oficial. Allí, al entrar en la habitación del hotel en que se alojaba, se encontró a sus hijos con Gabriella Engels, una modelo que la acusa de haberle golpeado en la cara en repetidas ocasiones, provocándole una cicatriz que le impedirá, según denuncia, seguir con su carrera profesional.

A pesar de haber viajado por vía ordinaria, Mugabe decidió no comparecer ante la Justicia alegando inmunidad diplomática. Después de la polémica, Sudáfrica decidió concederle esta inmunidad a la primera dama, lo que le permitió regresar a Harare y evitar ser procesada. ¿Con qué motivo? Alegando el miedo a un posible ataque: “Hay muchos zimbabuenses exiliados en Sudáfrica”, explicó una fuente de los servicios de seguridad sudafricanos a la agencia Reuters.

Hace algunos años, Suiza vetó la entrada de Grace Mugabe al país en virtud de las sanciones impuestas por la Unión Europea contra el país —las cuales sigue, a pesar de no formar parte de la UE—. Robert Mugabe había sido invitado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones a una reunión en Ginebra, pero el Gobierno suizo decidió conceder únicamente el visado a Mugabe y no a los integrantes de la delegación que lo iban a acompañar: su esposa, varios ministros y altos cargos del Gobierno. El presidente acabó cancelando su viaje.

Mientras que la primera dama no ha sido vista con buenos ojos fuera ni dentro de Zimbabue, el Gobierno ha sido claro: nadie se mete con ella. Y las autoridades zimbabuenses han llegado a practicar detenciones por el mero hecho de abuchear a la favorita del presidente para sucederlo en el cargo.

Purgas de Mugabe
Durante los últimos años, el presidente se ha ido deshaciendo de todo aquel que podía suponer algún problema en sus deseos de perpetuarse en el cargo, aunque sea en la figura de su primera dama. No solo Mnangagwa fue destituido, sino que muchos han ido cayendo en un claro intento de despejar el camino a Grace Mugabe: la mitad de los responsables provinciales del partido fueron reemplazados y el presidente ha ido aprobando resoluciones para poder expulsar del ZANU-PF a los defensores del vicepresidente.

Ya años atrás destituyó a su entonces vicepresidenta, Joyce Mujuru. La propia Grace Mugabe defendió recientemente esa decisión: “Si le preguntas cuál es el significado de ideología, no lo sabe”, dijo, acusándola de incompetente e ineptitud. “Pero el presidente es una persona comprensiva, entiende que las personas yerran y sabe perdonar”.

Mugabe llegó a reconocer que si su partido le pedía que se retirara, lo haría. “¿Pero qué es lo que oigo? Oigo exactamente lo contrario: ellos me quieren, y quieren que los represente”, aseguró, en declaraciones en un diario nacional. Pero no parece que vaya a hacerlo. Ni siquiera a escucharlo.

¿El fin del presidente?
No es la primera vez que suenan campanas acerca de una salida forzosa del presidente más longevo de África: en la última década, diputados de su propio partido se reunieron con la oposición para valorar la posibilidad de una moción de censura contra el viejo presidente. Ahora, con el Ejército controlando la capital, Mugabe se encuentra con 93 años, un país en una situación de golpe de Estado latente, sin armas pero con una evidente tensión, y con el futuro liderazgo de su partido como fuente de conflictos en el país africano.

Mugabe (1924), que pasó una década en la cárcel por su participación en la liberación nacionalista de Rodesia del Sur, se convirtió en el presidente del ZANU-PF en 1974, a seis años de la independencia de lo que ya nació llamándose Zimbabue. En estas primeras elecciones, sin colonos británicos, Mugabe se convirtió en primer ministro y desde entonces no ha soltado el liderazgo del país. Presidente desde 1987, tras abolir el cargo de primer ministro, solo durante unos años (entre 2008 y 2013) tuvo que compartir el poder con la oposición, con el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC).

Imagen de Mugabe en un autobús en Harare. (Reuters)

Crecido como una figura que representaba la esperanza para toda África, Mugabe tiene a sus espaldas varios títulos universitarios: se graduó en Artes en la Universidad de Fort Hare en Sudáfrica, en la misma en la que había estudiado Nelson Mandela. Además, tiene en su poder diferentes títulos de estudios en Administración, Educación, Ciencia y Derecho, todos ellos cursados a distancia y dos de ellos mientras estuvo en la cárcel. Antes de convertirse en líder de la liberación nacional en el país, estaba ejerciendo de profesor en Ghana.

De su pasado como activista y líder apreciado le han quedado restos de un racismo dirigido a la comunidad blanca del país, principal propietaria de la mayor parte de los terrenos, a pesar de ser minoría. Para algunos, de hecho, este racismo no es irracional y sin sentido, aunque el presidente sigue pidiendo a los zimbabuenses que no duden en expropiar a todo blanco de sus tierras, alegando que los suyos, los propios, no tienen terrenos para sobrevivir. Desde que inició su campaña de retirada de tierras en manos de blancos, el país ha vivido en una hiperinflación constante, y mientras su entorno vive acusado diariamente de corrupción y blanqueo de dinero, Mugabe sigue culpando a los demás de las carencias del país.

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