Internacional
J.J. Almeida: El VII Congreso del PCC a la consolidación del capitalismo
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Este será no sólo el séptimo sino el último congreso de un Partido Comunista condenado a irse por el tragante de la Historia.

Cuba es una pequeña isla repleta de luces peligrosamente cegadoras.

Tanta claridad encandila a parte de la oposición; tanto que, aun luchando no consigue capitalizar el enorme descontento de 11 millones de cubanos. Sugestiona a un segmento del exilio que se debate en retóricas que van del victimismo a la complicidad y sobrevalora a un Gobierno que pierde poder y patalea por salir de una fosa que nosotros, como pueblo, no hemos podido o sabido lapidar.

Pero hay luciérnagas que luchan desde la invisibilidad, como este amigo, oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que por su sobrado atractivo (político, militar, intelectual y popular) prefiere el anonimato y me acaba de enviar este email que, sin quitarle ni una coma, quiero compartir:

El próximo 16 de abril de 2016, se iniciará, en La Habana, el Congreso del Partido Comunista de Cuba. Numéricamente es el séptimo, alfanuméricamente es el último. El siete, número mágico egipcio, tiene una connotación anal en la charada y el vernáculo cubano. A eso hemos llegado. Al final del tracto digestivo del comunismo. Lo que saldrá de este Congreso no son más que excrecencias caliginosas y pestilentes.

Este evento, en comparación con los anteriores, tiene dos características distintivas: Secretismo y Extemporaneidad. Nadie puede responder directamente las siguientes dos preguntas: ¿Qué se discutirá en sus sesiones? ¿Por qué ahora? No podemos más que especular. Como la especulación es un condimento de la política, ahí vamos.

El periodismo político y algunos observadores, incluso dentro de la oposición, se preguntan si lo que se cocina son unos supuestos cambioslógicos” en el rumbo cubano. Los cubanos de adentro, opositores declarados, no declarados, partidarios acérrimos, partidarios timoratos o de cualquier color político, no esperan nada semejante. Los supuestos “cambios lógicos”, las reformas que son necesarias, se inscriben dentro de una flexibilidad mental que Raúl Castro y sus adláteres no tienen. Confundir el indudable oficio que los gobernantes cubanos han demostrado, para mantenerse en el poder, con un ápice de Realpolitik, es un error.

Este Congreso hay que inscribirlo dentro del Plan Maestro de Raúl Castro. Es el siguiente paso hacia la vara de pescar. Al retiro. El asunto más importante que este evento va a tratar es el tema más escabroso que el Socialismo real enfrentó en todas las latitudes: El problema de la sucesión. Este es uno de los aspectos de su carácter conspirativo. Se trata de imponer a los sucesores de la gerontocracia: personajes sin base política, algunos de los cuales son el resultado de un nepotismo descarado. Muchos de ellos ya están allí, como figuras grises, desprovistas de brillo, repitiendo ideas obsoletas en las que nadie, de su edad, cree ya en Cuba. Una campaña abierta de presentación de estos individuos, habría redundado en más descontento y decepción en la sociedad.

La otra razón para el misterio es el “proyecto” para el futuro inmediato. La idea general es mantener el status quo. O sea, tratar de consolidar el Capitalismo de Estado y capitalizar sobre el poder detentado durante más de cinco décadas. Esto tampoco tiene ningún atractivo para el pueblo cubano y profundizará aún más la zanja que hoy lo separa de la dirigencia actual. Los gobernantes cubanos tienen el oficio suficiente como para saber que esteproyecto no puede ser discutido en público, porque contribuiría a incrementar el malestar social.

Todo lo anterior se ajusta perfectamente con la cuestión de la fecha de celebración del Congreso. No se pueden imponer de golpe a gobernantes y políticas impopulares sin sufrir las consecuencias. La cosa es con paciencia y saliva. El primer salivazo es el Congreso. Hasta el retiro definitivo en las elecciones generales, quedarán cuatro períodos de sesiones de la asamblea nacional para implementar con paciencia la sucesión política.

Creo que el producto final de la indigestión comunista que dura ya casi seis décadas, es cómicamente esperanzador: Este será no sólo el séptimo, sino el último congreso de un Partido Comunista, condenado a irse por el tragante de la Historia. Somos un grupo humano arrinconado a nuestra última esperanza y esta consiste en que se acabe de halar la cadena. Cada día estamos más cerca.

 

Juan Juan Almeida

  • Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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