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Kenia celebrará elecciones presidenciales con una economía debilitada y el recuerdo de violencia postelectoral
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Los comicios serán el próximo martes 8 de agosto. El presidente Uhuru Kenyatta aspira a volver a derrotar al candidato opositor, Raila Odinga, en medio de un clima de tensión.

La campaña presidencial fue marcada por la tortura y asesinato en julio del director de Tecnología de Información y Comunicaciones de la Comisión Electoral Independiente, Chris Msando. También queda aún muy presente el recuerdo de las más de 1.000 muertes y 600.000 desplazados que dejaron las elecciones presidenciales de 2007, cuando hubo enfrentamientos étnicos y con la policía, por los cuales Kenyatta fue acusado.

La economía keniana se encuentra debilitada por una grave sequía y la incertidumbre que las elecciones generan entre los inversores, cautos ante el nuevo rumbo que tomará la potencia económica regional, donde gran parte de su población vive con un dólar al día.

Pese a que las previsiones de crecimiento se han visto frenadas, el presidente del Gobierno, Uhuru Kenyatta, ha centrado su discurso electoral en los avances económicos del país que permitirán, según asegura, ampliar la educación gratuita y la asistencia sanitaria.

Estas promesas, sin embargo, se contraponen con las numerosas huelgas en el sector sanitario -una de las más graves duró 100 días y dejó al país sumido en el caos- y con que 3,5 millones de kenianos necesiten ayuda humanitaria debido a la sequía, que ha provocado un reciente aumento de los precios de los alimentos básicos.

El director del programa para África del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS), Richard Downie, explica que la inestabilidad de las elecciones asusta a los inversionistas, muchos de los cuales prefieren posponer sus proyectos.

Pero el gran lastre de la economía sigue siendo la corrupción, que según un informe de la consultora Deloitte, es “el mayor impedimento para hacer negocios en Kenia, con acusaciones de apropiación indebida de fondos públicos en aumento”.

Desde hace años, Kenia sufre altos niveles de corrupción que han llevado al país a ocupar el puesto número 145 (de 176) en el Índice de Percepción de la Corrupción 2016 de Transparencia Internacional, y a ser visto “con malos ojos” por los inversores.

“El presidente Kenyatta se muestra preocupado por el problema (de la corrupción), pero su administración ha hecho poco para resolverlo. De hecho, la percepción popular es que la corrupción ha empeorado durante su mandato”, afirma Downie.

Por eso, la comunidad internacional -y especialmente los inversionistas- siguen con mucha atención el desarrollo de estas elecciones.

RR (EFE, AFP).DW