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“Kim no renunciará a la bomba atómica”
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Kim Jong-un sigue probando bombas y misiles. Andray Abrahamian, experto en Corea del Norte, explica a DW por qué no abriga ninguna esperanza de que Pyongyang renuncie a su programa nuclear.

DW: Para muchos expertos, el sexto ensayo nuclear de Corea del Norte no fue una sorpresa, pero sí su envergadura. Presuntamente se trató de una bomba de hidrógeno con la cual, según el régimen de Pyongyang, se puede equipar un misil intercontinental. ¿Ha modificado esto sustancialmente la situación en la península coreana?

Andray Abrahamian: No lo creo así, dado que Corea del Norte trabaja desde hace tiempo en pos del objetivo final de estar en condiciones de lanzar una bomba atómica sobre territorio continental estadounidense. El ensayo del domingo demuestra que Corea del Norte desarrolla su programa de manera considerablemente más rápida que lo que la mayoría habría esperado.

Kim Jong-un sigue adelante con su política atómica pese al rechazo de casi todo el mundo. ¿Qué se propone el dictador norcoreano?

Kim Jong-un no es un loco. Tras su programa atómico hay una clara estrategia. Quiere llegar a un punto en el que pueda representar una amenaza para Estados Unidos. La bomba atómica es su seguro de vida. Kim sabe naturalmente que su país padece por los efectos de las sanciones y que su economía apenas puede desarrollarse. Por eso avanza a esa velocidad con su programa nuclear, para alcanzar su objetivo con la mayor rapidez posible. Solo entonces podrá recurrir a los instrumentos de la diplomacia para negociar un alivio económico.

Corea del Norte demanda de Estados Unidos un tratado de paz que reemplace al armisticio de 1953. ¿Sería eso suficiente para que Kim renunciara a su bomba atómica?

Por el momento no puedo imaginar ningún escenario en el que Corea del Norte renunciara a su programa nuclear. La cúpula encabezada por Kim no confía ni en los chinos ni en los estadounidenses. Desde su punto de vista, no hay nada mejor que un arsenal atómico para brindar al Estado la mayor seguridad posible. Para que renunciaran a esa seguridad en aras de un tratado de paz, este debería incluir una renuncia de Corea del Sur a su alianza con Estados Unidos y una retirada de las tropas estadounidenses, lo cual no ocurrirá.

Kim Jong-un, de visita en una fábrica de armas nucleares.

Trump anunció en su campaña electoral que retiraría sus tropas de Corea del Sur si Seúl no destina más fondos a la alianza militar.

Las verdaderas intenciones de Trump son difíciles de dilucidar. Lo inquietantes es que en el último tiempo ha emitido diversas señales que hacen peligrar la alianza con Corea del Sur. Su agresiva retórica hacia Corea del Norte genera la impresión de que podría arriesgar un conflicto militar en la península coreana, que amenazaría sobre todo la vida de 50 millones de sudcoreanos. El sábado, Trump anunció que no solo quiere renegociar el acuerdo de libre comercio con Corea del Sur, sino rescindirlo por completo. Y eso a pesar de que Corea del Sur aprobó el año pasado el sistema antimisiles THAAD, principalmente porque Washington así lo deseaba. La esfera económica tuvo que aceptar perjuicios debido a sanciones extraoficiales chinas.

Corea del Norte se ha aislado políticamente. Pero en el aspecto económico, el país ha cambiado de forma notable en los últimos años.

Kim Jong-un ha comprendido definitivamente que el viejo modelo económico estatista ya no resulta eficiente en el siglo XXI. A diferencia de su padre, Kim Jong-il, no solo ha reconocido el papel del mercado, sino que lo ha fomentado activamente. Los microcomerciantes pueden hacer sus negocios sin que el Estado los moleste. También las grandes empresas estatales han de abrirse a los principios del mercado. Antiguamente, por ejemplo, era el Estado el que les entregaba los materiales y el que finalmente adquiría la producción. Entretanto, deben procurar ellos mismos sus materiales y encontrar clientes para sus productos.

Esta nueva política también ha modificado la forma de pensar de la gente. Muchos consideran que las aptitudes empresariales son importantes para avanzar en la vida. Pero, lógicamente, la apertura económica es un proceso largo y lento, que se ve dificultado por el aferramiento al programa atómico. Corea del Norte no logrará un verdadero impulso económico, como el de China y Vietnam, sin una cierta apertura del acceso a la información y más libertad de movimiento para sus ciudadanos, dentro y fuera del país.

Supongamos que Corea del Norte alcanza su objetivo de contar con la bomba atómica. ¿Qué cabría esperar?

Es difícil decirlo. Podría aumentar su tendencia a las provocaciones internacionales, es decir, a poner a prueba la determinación de Corea del Sur o de Estados Unidos, como lo ha hecho reiteradamente en el pasado. O podría aspirar a una fase más larga de tranquilidad, sin provocaciones, esperando que tras algunos años el mundo se olvide de las sanciones y vuelva a hacer negocios con Corea del Norte.

Andray Abrahamian colabora con el Instituto para la Paz de Jeju y el Centro de Estudios Coreanos de la universidad de Berkeley, y dirige la ONG Choson Exchange, que capacita a jóvenes norcoreanos en actividades empresariales.

DW