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La reforma de la ONU, un eterno debate con pocos visos de solución
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Pese a décadas de discusiones, la ONU llega a su 70 aniversario con pocos visos de solucionar una de las grandes reclamaciones de la mayoría de sus miembros: la reforma de la organización y, en especial, del Consejo de Seguridad.

Casi todos los países están de acuerdo en la necesidad de cambios y se han planteado infinitas fórmulas, pero hoy por hoy hay pocos visos de un arreglo que depende de demasiados actores y equilibrios geopolíticos.

Las Naciones Unidas nacieron de la mano de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y siete décadas después de la firma de la Carta fundacional en San Francisco siguen marcadas por ese contexto.

Desde entonces, la organización ha pasado de 51 miembros a casi 200, grandes potencias han perdido peso mientras han surgido nuevos poderes y los desafíos de la comunidad internacional han variado enormemente. En definitiva, el mundo es un lugar muy diferente.

Y, sin embargo, las decisiones clave de la organización siguen prácticamente en manos de los mismos cinco países que en 1945 se blindaron con una participación permanente en el Consejo de Seguridad y con el derecho de veto.

Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido tienen la última palabra en todas las decisiones del Consejo y pueden bloquear por sí solos cualquier acción que no les interese.

Mientras tanto, enormes áreas del mundo -incluidos continentes enteros como el africano y el latinoamericano- ven su voz limitada a la participación de sus países como alguno de los diez miembros no permanentes, que sirven turnos de dos años, pero que no tienen capacidad de veto.

Ese problema de representatividad en el Consejo es reconocido por prácticamente toda la comunidad internacional desde hace décadas, pero los intentos de reforma han tropezado con todo tipo de obstáculos.

Quizás la iniciativa más conocida es la del llamado G4 que forman Alemania, Brasil, la India y Japón, países que aspiran a convertirse en miembros permanentes del Consejo de Seguridad con el argumento de su peso en la escena internacional y que aceptan que les acompañen dos estados africanos para garantizar una mejor representación por continentes.

Este grupo ha mostrado su intención de avanzar en la reforma precisamente este año, con motivo del 70 aniversario de la ONU, pero aunque han mostrado flexibilidad, por ejemplo renunciando durante una primera etapa a usar el veto, y ese es uno de los motivos por los cuales su iniciativa lleva tiempo encallada.

Entre otras cosas, porque muchos de sus rivales regionales -México, Colombia y Argentina en el caso de Brasil; Corea del Sur en el de Japón; Pakistán en el de la India; o Italia y España en el de Alemania- se han unido para promover un modelo alternativo.

Autodenominados Unidos por el Consenso (UpC), estos países plantean una ampliación del Consejo de Seguridad, pero sin nuevos miembros permanentes y con una limitación del derecho de veto.

Al mismo tiempo, los países africanos insisten en tener dos miembros permanentes con plenos derechos y que sea la Unión Africana la que decida qué estados ocupan esas plazas, a las que aspiran Sudáfrica, Nigeria y Egipto.

Y mientras tanto, los cinco miembros permanentes, pese a que públicamente se dicen abiertos a novedades, tampoco se han movido para cambiar las cosas, aunque, entre ellos, Francia es el que se inclina más a favor de estudiar alternativas.

Ante esa situación, los expertos ven poco viable una reforma de la composición del Consejo de Seguridad a corto plazo.

“Personalmente, no creo que haya muchas posibilidades de reforma pronto”, asegura a Efe la analista del Centro para la Educación sobre la Reforma de la ONU Lydia Swart.

Un poco de culpa de todos, según Swart. “Desde el punto de vista del G4 es culpa de sus competidores regionales, para África es del resto del mundo por no entender su desventaja en la escena internacional, otros dicen que es por la postura maximalista de la Unión Africana que nada se mueve”, explica.

Para muchos, la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad, además, no se queda en incluir nuevos miembros, sino también en mejorar la efectividad del órgano y evitar bloqueos a manos de los miembros permanentes.

En los últimos años, esa situación se ha visto repetidamente en el caso de Siria, donde Moscú, aliado del régimen de Bachar al Asad, ha frenado en varias ocasiones iniciativas que respaldaba buena parte de la comunidad internacional.

Francia, por ejemplo, ha propuesto recientemente restringir el derecho de veto en casos de grandes atrocidades, pero la idea sigue estando muy verde y, para algunos expertos, no hará más que contribuir a alargar aún más un proceso de reforma al que los escépticos no ven un final. EFE