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Las FARC entregan sus armas a la ONU
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Más de cuatro años después de que las FARC y el Gobierno de Colombia comenzaran a idear la paz, la guerrilla más antigua de América Latina ha entregado la totalidad de sus armas individuales. La ONU ha terminado de recibir este lunes más de 7.000 fusiles, pistolas, lanzagranadas… de manos del mismo número de excombatientes. Ambas partes lo celebrarán el martes en un acto en Mesetas, un territorio donde la insurgencia ejerció la ley durante décadas y en el que miles de excombatientes recuperarán ahora su estado civil.

En las 26 zonas donde desde el pasado enero viven las FARC solo quedarán “las armas necesarias para la seguridad”. Es decir, un grupo de personas seguirá armado hasta el 1 de agosto cuando estos lugares dejen de existir.

La fecha, una más en el calendario de jornadas históricas que vive el país, parecía que nunca iba a llegar. Desde que el presidente Juan Manuel Santos y el líder de la insurgencia Rodrigo Londoño firmaran en un papel que iban a dejar de matarse el pasado noviembre, han pasado siete meses de retrasos y dudas. Colombia espera el desarme desde finales de mayo, la fecha marcada en los acuerdos de paz. Aquel día, la ONU, el Gobierno y la guerrilla tuvieron que reconocer que era imposible y se dieron de plazo casi un mes más.

Las que han sido las nuevas casas de los excombatientes, el lugar donde se reincorporan a la vida civil, no se parecen al boceto que quedó dibujado en los textos de paz. El Estado se comprometió a construir habitaciones, cocinas, baños y espacios comunes. Las FARC tendrían servicio médico y recibirían cursos para que el día que volvieran a sus anteriores casas pudieran enfrentarse a la rutina fuera de la selva. Por el momento, este plan sigue a medias. “El 1 de agosto se convertirán en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, en condiciones de plena normalidad institucional”, dice un comunicado publicado por la Comisión de Seguimiento del proceso en la que se sientan el Gobierno y las FARC.

Durante este nuevo plazo, tendrán que terminar las obras de adecuación y la formación de los exguerrilleros, además, se prepararán proyectos productivos “en un modelo de reincorporación comunitaria”. Altos mandos de la guerrilla ya los llaman “los pueblos de las FARC”, la mejor arma arrojadiza que tiene la oposición liderada por el expresidente Álvaro Uribe para esgrimir que el castrochavismo llega al país a un año de las elecciones presidenciales. Miembros del Ejecutivo se limitan a describirlos como zonas temporales que pasarán a tener una categoría jurídica similar a la de cualquier pueblo o vereda de Colombia, en las que la autoridad y seguridad la ejercerá la Fuerza Pública.

De manera paralela, la guerrilla y la ONU recorren el territorio en busca de más de 900 caletas donde se almacena armamento pesado e inestable.”Hasta el momento, la Misión ha verificado 77 de las que ya se ha extraído y destruido su contenido”, según el último informe. El plan preliminar establece que desde el 1 de junio ambas partes tienen tres meses para extraer y destruir este material. Si en este tiempo no se hubiera conseguido el desarme definitivo, “las caletas quedarán a disposición del Gobierno que contará con la colaboración de exintegrantes de las FARC para el desmantelamiento”. En septiembre, el Ejecutivo tendrá que recibir un informe en el que se detalle cuánto trabajo queda por hacer para así determinar un nuevo plazo.

La participación de la ONU en este nuevo calendario del proceso de paz en Colombia está en suspense. Antes del 10 de julio, Santos tendrá que solicitar ante el Consejo de Seguridad que se amplíe la misión internacional en su territorio. De esta manera, los funcionarios desarmados de chaleco azul seguirán controlando que el silencio de los fusiles de las FARC sea una realidad en el país.

Horas antes de que se diera a conocer la noticia, comenzó a moverse en redes la iniciativa #YoMeDesarmo. Los colombianos anónimos y los conocidos han compartido vídeos en los que explican cómo se desarman e invitan a otros a hacerlo. Unos se desarman de odio, otros de intolerancia, algunos prefieren dejar la rabia a un lado y hay quienes hasta se reconcilian con Álvaro Uribe, el máximo opositor al proceso de paz. Todos lo hacen en un momento clave de su historia reciente: termina medio siglo de conflicto con las FARC.

El País