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Más de 40.000 personas están ya atrapadas en Grecia ante frontera sellada
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Alrededor de 40.000 de personas están desde hoy atrapadas en Grecia, una cifra que posiblemente aumentará en los próximos días después de que el Consejo Europeo haya sellado el cierre de la denominada ruta balcánica en un acuerdo que deja en el aire qué ocurrirá con los refugiados que no son sirios.

Un portavoz policial confirmó a Efe que en las últimas 24 horas ni una sola persona cruzó la frontera hacia la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM).

Los 13.000 refugiados del campamento instalado en el paso fronterizo de Idomeni tuvieron que pasar la noche en medio de una lluvia torrencial que inundó el campamento.

“Durante dos, tres horas la situación fue muy difícil”, dijo a Efe el portavoz de ACNUR a Idomeni Babar Baloch.

Al no haber tiendas de campaña para todos, miles de personas tuvieron que pasar la noche expuestos a la lluvia.

“La gente está cansada y desesperada, pero tampoco tiene otra opción más que la de esperar”, señaló a Efe Jan Vandlam responsable de Médicos sin Fronteras en Idomeni.

En el otro extremo del país, en el puerto ateniense del Pireo, la situación no es mucho mejor, pues a falta de espacio en los centros de acogida de la ciudad, las cuatro terminales y sus exteriores se han convertido en un gran campamento de acogida provisional.

Aunque el Gobierno va trasladando a diario a mucha gente a los centros de acogida ordinarios, el número de personas que hay constantemente en el puerto no baja de las 2.000 a 3.000.

Al puerto se han desplazado también las principales ONG y organizaciones internacionales activas en el país, como Médicos del Mundo o la Sonrisa del Niño, ACNUR o Cruz Roja.

A ello se suman multitud de voluntarios llegados desde distintos puntos de Europa, como Carmina Verdú, una española de Elche que decidió tomarse unos días que le quedaban libres para ofrecerse como voluntaria.

Esta funcionaria no acaba de ver cuál puede ser la solución para el drama que se vive a diario en Grecia, ante la cantidad de gente que ha quedado varada. “¿Dónde van a poder meterlos?”, se pregunta.

La tarea de los voluntarios y las ONG es amplia: desde repartir comida, hasta ofrecer atención médica o apoyo psicológico en alguna de las tres clínicas móviles, o crear espacios para que los niños puedan jugar.

Pese a los horrores vividos, en sus dibujos los niños pintan casas bonitas, con jardines y familias. “A pesar de la situación que están viviendo se ve que los niños mantienen la esperanza”, explica María Kavalieraki, de La Sonrisa del Niño, una ONG griega que ofrece ayuda al menor.

Sin embargo, la decepción es generalizada, aún más para ciudadanos a los que hasta hace varias semanas se les reconocía automáticamente el estatus de refugiado, como los afganos.

En torno a un centenar de afganos improvisaron esta mañana una acción de protesta y, custodiados por guardacostas, marcharon por el recinto portuario al grito de “somos seres humanos, abran la frontera”.

“Sí a los sirios, no a los afganos… No a las diferenciaciones. Afganistán lleva 30 años en guerra, Siria cuatro”, coreaban los manifestantes.

En el principio de acuerdo alcanzado esta madrugada entre los líderes de los Veintiocho y Turquía solo se habla de inmigrantes irregulares, y sirios y no hay mención explícita a los afganos o iraquíes.

Desde Ginebra, el responsable de ACNUR para Europa, Vincent Cochetel, fue riguroso en esta cuestión.

“Estoy cansado de escuchar hablar de inmigrantes irregulares cuando el 91 por ciento de los que llegan a las costas griegas son sirios, iraquíes, y afganos que están huyendo de un conflicto y una persecución y no están solo buscando una vida mejor, por lo que tienen derecho a protección internacional”, dijo en una rueda de prensa.

Mientras tanto, en Grecia el flujo migratorio no se ha detenido, y según el centro de coordinación de la gestión de refugiados, en las islas del Egeo otras 6.900 personas esperan a ser trasladadas a Atenas o al puerto de Kavala, en el norte del país.

En los centros de acogida de la capital, por su parte, hay unas 8.300 y otros 19.000 en las diversas instalaciones en el norte de Grecia.

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) han aceptado estudiar el nuevo plan turco para contener el flujo migratorio hacia Europa a cambio de acelerar la liberalización de visados y aumentar el apoyo financiero a los refugiados que acoge el país.

Turquía, además, se ha comprometido a aceptar la devolución de todos los inmigrantes irregulares que crucen desde Turquía a las islas griegas “siempre que la UE se haga cargo de los costes” de repatriación. EFE