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Mercosur: qué bonita vecindad
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El ingreso de Venezuela a Mercosur supuso un terremoto para uno de sus socios fundadores, Paraguay. La actual crisis del bloque sudamericano tiene sus raíces precisamente en un viejo choque entre Asunción y Caracas.

Venezuela izó la bandera de Mercosur en su Ministerio de Exteriores al asumir la presidencia pro témpore que es cuestionada por sus socios.
Venezuela se convirtió en miembro del Mercosur en julio de 2012, cuando se cumplieron todos los requisitos formales para que Caracas adquiriera dicha categoría. Tres años más tarde, en medio de la 48a. Cumbre realizada en Brasilia, comenzó el proceso de integración de Bolivia. En medio de la algarabía generada por la llegada de estos nuevos socios, la entonces mandataria de Argentina, Cristina Fernández, aseguró que el ingreso de Venezuela y Bolivia “constituye un éxito para el Mercosur y un estrepitoso fracaso para los que durante años pronosticaron que el bloque iba a fracasar y no iba a servir”.

Desde entonces ha pasado poco más de un año, y el mundo parece estar en otra dimensión. Sin ir más lejos, Mercosur dejó de ser el vaso de leche que se mostraba en Brasilia: Fernández ya no gobierna Argentina y su sucesor, Mauricio Macri, mira con mejores ojos a la Alianza del Pacífico que a Mercosur. Brasil está sumido en una profunda crisis, que mantiene a Dilma Rousseff pendiendo de un hilo. Y Venezuela, el tercer socio grande del grupo, sufre una de las peores coyunturas sociales, políticas y financieras de su historia reciente.

Venezuela ya había asumido la presidencia pro témpore del bloque en 2014, y siguiendo la lógica rotativa de entrega del mando, le correspondía nuevamente asumir ese cargo en julio de 2016, tras Uruguay. Pero Montevideo canceló la reunión del Consejo del Mercado Común donde se haría el traspaso de la presidencia porque Brasil y Paraguay habían anunciado que no asistirían al encuentro, por considerar que en Venezuela no se dan las condiciones políticas para presidir Mercosur. Y estalló una bomba política.

Mal momento

“Nunca, ni expresa, ni implícitamente, se condicionó la legitimidad del traspaso de la Presidencia a que se hiciera en las cumbres. Para mí resulta evidente que, desde esta perspectiva, Uruguay debe pasar a Venezuela la presidencia pro témpore”, dice a DW Heber Arbuet-Vignali, exacadémico de la Universidad de la República y miembro del Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales (CURI). Sin embargo, matiza el profesor, “desde una perspectiva de cruda realidad y conveniencia, no resulta aconsejable que, en estos momentos, Venezuela asuma esa presidencia”.

Razones entrega varias: se debe retomar la difícil negociación con la Unión Europea y justamente una de las piedras de tope en esos diálogos ha sido el ingreso de Venezuela a Mercosur. A eso se añade que varios países de la UE ven con recelo al Gobierno de Nicolás Maduro. “Además, resulta claro que un gobierno que tiene serias dificultades para dirigir su propio país no puede brindar seguridades a sus socios de ser capaz de representarlos y tampoco de conducirlos por un semestre”, agrega el especialista.

En apenas un año, el talante dentro del bloque ha cambiado radicalmente.
Tras lo sucedido en Uruguay, la situación dentro del bloque se tornó, entonces, caótica. El canciller paraguayo, Eladio Loizaga, dijo a fines de julio que “quiero dejar en claro que no hay traspaso de la presidencia a Venezuela”. Su colega brasileño, José Serra, por su parte, dijo que Venezuela era “un socio incompleto, moroso en relación a los deberes que son fundamentales” por no haber aprobado antes del 12 de agosto de 2016 la totalidad de las normas establecidas en los 50 tratados del bloque. Paraguay pidió, incluso, revisar la adhesión de Caracas a Mercosur.

Una vieja herida

“La idea de incluir a Venezuela respondió a los intereses de Brasil de dar un mejor marco jurídico a su mercado exportador hacia ese país, a los vínculos políticos y de financiación del por entonces gobierno kirchnerista argentino y a la idea del por entonces gobierno uruguayo de José Mujica de las ventajas de ‘subirse al estribo económico de Brasil’. En realidad nunca fue una buena idea y desde el principio he pensado que fue ilegítima y peligrosa”, dice Arbuet-Vignali. Paraguay no pudo decir nada al respecto: el país había sido suspendido de Mercosur en 2012 por la crisis suscitada tras el “golpe parlamentario” contra el entonces presidente Fernando Lugo.

Caracas llevaba más de un decenio esperando ingresar al grupo sudamericano, pero Asunción se oponía. “La actual coyuntura comienza a profundizarse cuando, a partir de la coincidencia ideológica de izquierda populista de sus cuatro gobiernos de entonces, y a través de un procedimiento totalmente ilegítimo, suspenden a Paraguay como miembro y, en un proceso de dudosa legalidad, ingresan a Venezuela”, resume Arbuet-Vignali. Y esa vieja herida entre Asunción y Caracas sigue sin sanar del todo.

Más allá de los acuerdos que se alcancen ahora para resolver el entuerto, el experto señala que “se trata de un problema muy difícil de arreglar y superar y que está debilitando al Mercosur y su credibilidad”. El académico y escritor es lapidario: “Esto se parece cada vez más a una telenovela, mientras el Mercosur se desmorona, se encierra en su propia ineficacia, profundiza sus corrientes ideológicas enfrentadas y ve pasar la oportunidad de cerrar un acuerdo con la Unión Europea. Si los socios actúan entre sí haciéndose trampas, ¿qué confianza le pueden tener los terceros Estados como para asumir con tranquilidad compromisos con ellos?”.

DW