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Populistas, ultraconservadores y neonazis: radiografía de la extrema derecha en Europa
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Los resultados electorales en Alemania y Austria demuestran que la ultraderecha no está en retirada en la UE. Más bien al contrario.

Los recientes éxitos electorales de partidos ultraderechistas en Alemania y Austria han dado la puntilla al discurso bienpensante que aseguraba que la victoria de Emmanuel Macron en las presidenciales francesas había puesto coto al auge de estas fuerzas en Europa. La ultraderecha sigue gozando de buena salud en el continente y tiene en jaque al proyecto europeo.

Los partidos bajo esta a veces controvertida denominación son muy heterogéneos. En algunos países han surgido como partidos populistas y euroescépticos de nuevo cuño a raíz de las crisis de la deuda y de los refugiados; en otros, son fuerzas establecidas con un carácter radicalmente conservador y nacionalista; algunos son directamente neonazis y violentos. En ciertos estados miembros son voces minoritarias en la oposición; en otros, gobiernan en solitario y con mayoría absoluta; y en algún caso, pese a no tener presencia parlamentaria, logran determinar la agenda política.

Lo que está claro es que cada vez son más relevantes. Su presencia ha crecido de forma clara en la última década. Tanto a nivel nacional como en el contexto europeo, donde muchas decisiones se adoptan por consenso. En la actualidad, la extrema derecha está presente en 17 parlamentos nacionales de la UE, en ocho de las diez mayores economías del bloque. En siete países de la Unión han entrado ya en el Ejecutivo o lo apoyan desde fuera. En dos, gobiernan en solitario.

La extrema derecha está presente en 17 parlamentos de la UE. En siete países ha entrado ya en el Ejecutivo o lo apoya desde fuera. En dos, gobiernan en solitarioSu presencia más notoria está en Hungría, con el primer ministro Viktor Orbán como gran referente. Allí su bloque político Fidesz-KPND, de carácter conservador, anti-inmigración, euroescéptico y nacionalista, obtuvo en las parlamentarias de 2014 el 44,8% de los votos. Aún más escorado a la derecha en este país, el Jobbik logró el 20,2% de las papeletas en los últimos comicios.

Polonia es el otro socio donde gobierna en solitario la ultraderecha. El partido polaco Ley y Justicia ganó las elecciones de 2015 con un 37,6 por ciento de los sufragios. Pero aquí también hay una formación aún más radical que la gobernante, situada en la extrema derecha. Se trata del Kikuz’15, una plataforma liderada por un antiguo cantante de punk, que en los últimos comicios legislativos se hizo con un 8,8 % de los votos.

No obstante, uno de sus mayores logros ha sido hacer virar el rumbo de la política en los países en los que han conseguido implantación. Independientemente de que hayan llegado al gobierno. El caso más notorio es el del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP) que, pese a una mínima presencia parlamentaria, logró polarizar el debate en el país y que finalmente se celebrase un referéndum sobre la permanencia en la UE.

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También son la causa de que la formación de gobierno se esté convirtiendo en algunos países en una auténtica pesadilla. Al acaparar un importante porcentaje de votos pero resultar tóxicos, reducen las coaliciones viables y obligan a amalgamas políticas difíciles de conciliar, como es el caso del recién zanjado cuatripartito contra natura holandés o de los intentos de formar un tripartito de conservadores, liberales y verdes en Alemania. Eso favorece su discurso anti-establishment, el de todos son iguales.

La líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, una de los rostros más conocidos de la ultraderecha europea, anticipó la buena actuación de estas formaciones en 2017 al participar en un congreso de partidos de su espectro ideológico de todo el continente en Coblenza (Alemania) a principios de año. “Estamos viviendo el final de un mundo y el nacimiento de otro nuevo”, afirmó ante centenares de correligionarios.

Austria
Las elecciones del pasado 15 de octubre han supuesto todo un volantazo hacia la derecha en Austria. El islamófobo y euroescéptico Partido de la Libertad (FPÖ) cosechó un doble éxito. Por un lado, logró cerca del 27% de los votos y quedó empatado en la segunda posición con los socialdemócratas. Por otro, consiguió escorar tanto el discurso de los conservadores -los ganadores de los comicios- que su programa parece, en cuestiones como inmigración y asilo, calcado de sus tesis.

Las negociaciones para formar una coalición de gobierno aún no han comenzado, pero el líder de los conservadores, Sebastian Kurz, hizo campaña asegurando que acabaría con la gran coalición que mantenía su partido con los socialdemócratas y buscaría una alianza con los ultraderechistas. El líder del FPÖ, Heinz-Christian Strache, conocido por su pasado en círculos neonazis, es el político con más posibilidades de convertirse en el próximo vicecanciller de Austria.

Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ austriaco, celebra los resultados de las elecciones de Austria, en Viena. (Reuters)

Alemania
Alternativa para Alemania (AfD) nació en 2013 como un partido euroescéptico y a finales de septiembre, mutado ya en una fuerza plenamente ultraderechista, se convirtió en el primer partido de esta ideología en acceder al Bundestag en más de 70 años. Logró el 12,6% de los votos, aupándose a la tercera posición, por detrás tan solo de los cristianodemócratas y los socialdemócratas. Nadie va a pactar con ellos, pero han conseguido entrar en el Parlamento, influir en el debate político y dificultar la formación de gobierno.

AfD mantiene un discurso rabiosamente islamófobo y anti-establisment que ha calado bien entre la extrema derecha y en el voto protesta, además de en el este del país, la antigua Alemania oriental. Algunos de sus líderes ponen regularmente a prueba los límites tachando de “vergüenza” el memorial del holocausto de Berlín o aplaudiendo la acción de los soldados nazis.

Francia
El Frente Nacional (FN) es un partido ultranacionalista y con una retórica populista que ataca a la inmigración y a Bruselas por igual. Sus orígenes, sin embargo, son aún más radicales, con colaboracionistas de los nazis y simpatizantes del III Reich entre sus fundadores, así como antisemitas y negacionistas del Holocausto. El FN reivindica en la actualidad recortar las ayudas sociales a los inmigrantes, incluida la seguridad social, y reducir el número de extranjeros que pueden vivir en el país.

Su capacidad para establecer la agenda política en Francia es notable, algo que -por las características del sistema electoral- no se refleja en su actual cuota en la Asamblea Nacional. Su líder, Marine Le Pen, pasó a la segunda ronda de las elecciones presidenciales de este año en las que finalmente se impuso Macron. Su padre, Jean- Marie Le Pen, ya logró este mismo hito en 2002, desatando las primeras alarmas de la oleada ultraderechista que se avecinaba en el continente.

Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, y el diputado Gilbert Collard durante un discurso del primer ministro, Edouard Philippe. (Reuters)

Holanda
El Partido de la Libertad del islamófobo y eurófobo Geert Wilders quedó en segunda posición en las parlamentarias de este año en Holanda al lograr el 13,1 por ciento de los votos. Su resultado, sin embargo, se vendió como una derrota de la ultraderecha porque su formación había estado encabezando las encuestas durante las semanas que precedieron a los comicios.

Además de encabezar la oposición, Wilders ha logrado que las fuerzas de centro-derecha del país endurezcan su discurso en materia de inmigración. Recientemente, el líder ultraderechista holandés ha sido condenado por tachar a los marroquíes de “basura” que pone en peligro el país.

Polonia
Ley y Justicia llegó al gobierno en Varsovia con la promesa de “limpiar las cañerías” de burócratas corruptos y políticos globalistas y liberales que querían liquidar las tradiciones y cultura polacas. Dos años más tarde, con la mayoría absoluta que le otorgó el 37,6% de los votos, ha restringido las libertades públicas, limitado la libertad de prensa y aplastado la independencia del poder judicial. La Comisión Europea (CE) ha tomado el inusual paso de abrirle un expediente por menoscabar el estado de Derecho. El Gobierno polaco dio marcha atrás en un intento deilegalizar completamente el aborto tras una serie de protestas masivas en la calle.

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Hungría
Viktor Orban es el líder de la ultraderecha europea que más tiempo lleva en el poder. En total, once años. En 2014, su plataforma política Fidesz, de la mano de los cristianodemócratas del KDNP, logró el 44,8 por ciento de los sufragios. En los últimos años se ha destacado por negarse a acoger refugiados, por estrechar sus relaciones con el presidente ruso, Vladímir Putin, y por estrangular financieramente a las ONG que critican su historial de violaciones de los derechos humanos.

Fidesz no es, sin embargo, el partido más a la derecha del espectro político húngaro. Este honor corresponde a Jobbik, que en 2014 se situó como tercera mayor fuerza con el 20,2% de las papeletas. Esta formación quiere celebrar un referéndum sobre la permanencia de Hungría en la UE, cree que hay que atajar “los esfuerzos de sionismo israelí por dominar Hungría y el mundo” y tacha la homosexualidad de “desviación”.

 

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Grecia
Amanecer Dorado es un partido “neonazi y violento”, según estableció en 2013 el Consejo de Europa. Fundado en 1980, accedió al parlamento heleno en 2012, durante los peores embates de la crisis de la deuda en Grecia, y en la actualidad es la tercera mayor fuerza en el arco legislativo griego. Parte de su dirección y su líder, Nikos Michaloliakos, están siendo investigados por un presunto delito de haber conformado una asociación criminal.

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