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Siempre habrá paraísos fiscales
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Los paraísos fiscales existen desde hace mucho tiempo y, pese a las reiteradas manifestaciones de los mandatarios mundiales y organismos internacionales, nunca desaparecerán, aunque en los últimos años se hayan producido circunstancias graves, cuyo denominador común ha sido buscar la opacidad que proporcionan estos territorios. Así, podemos citar su utilización para la financiación del terrorismo en los atentados de EE UU en 2001, o en la actual crisis financiera, para colocar de forma engañosa productos tóxicos.

POR: JOSÉ MARÍA PELÁEZ MARTOS – EL PAÍS

Pero hay que preguntarse qué poder tienen estos pequeños territorios para que no se adopten las medidas necesarias que eviten su utilización, sabiendo que son escondite para blanquear dinero procedente de todo tipo de actividades delictivas. Y, sobre todo, habría que cuestionarse cuáles son las causas por las que el resto de países no quieren que desaparezcan los paraísos fiscales. Una de las causas puede ser la identidad de las autoridades y personalidades que están ocultas detrás de las miles de sociedades que se encuentran en esos paraísos, como se acaba de poner de manifiesto con el escándalo de los Papeles de Panamá.

Si nos remontamos a los tiempos académicos cuando nos explicaban los dos sistemas básicos, el capitalismo y el comunismo, veíamos que el primero se basaba en la producción de bienes y servicios en una economía de mercado, cuyos actores principales eran los empresarios y los trabajadores. Ese capitalismo industrial ha sido sustituido por un capitalismo financiero salvaje, en el que los principales actores son los mercados, a los que nadie conoce, pero que se ha demostrado que están por encima de los propios gobiernos. Pero no han cambiado solo los actores, sino que ahora el único objetivo a perseguir es la especulación financiera pura y dura, y lo de producir bienes y servicios y crear riqueza es lo de memos.

Los paraísos fiscales han sido y seguirán siendo un instrumento principal en este tipo de capitalismo, ya que todo lo que pasa por allí se vuelve opaco y, por ejemplo, se pueden hacer inversiones importantes en cualquier país sin que se sepa quién es realmente el inversor, como ocurre con las inversiones de los llamados “fondos buitre” con domicilio en esos paraísos.

Las declaraciones del G-20 en 2009 de que se había terminado la era de los paraísos y del secreto bancario se quedaron en meras declaraciones. La OCDE dijo cuatro años después que ya no había paraísos fiscales porque estos territorios habían firmado convenios de intercambio de información, pero habían hecho trampa firmando esos convenios con otros paraísos.

Resulta vergonzosa la hipocresía de la Unión Europea, declarando la guerra a la opacidad en la información, y, al mismo tiempo, siendo incapaz de eliminar los paraísos que siguen existiendo en su territorio, o que se utilicen las ventajas fiscales que hay en algunos de sus Estados miembros para eludir el pago de impuestos.

Que nadie se engañe. Mientras no se adopten medidas coercitivas contra esos territorios siempre existirá alguno cuya principal fuente de riqueza provenga de los réditos de esconder el dinero sucio de las actividades delictivas a nivel mundial, incluida la corrupción. Las medidas existen, pero solo hace falta voluntad política a nivel internacional para llevarlas a cabo.