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Temer y Cunha, el conspirador y el verdugo que están a punto de acabar con Dilma Rousseff
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VERÓNICA GOYZUETA / Abc.es

Con la derrota de la presidenta Dilma Rousseff en el congreso y con pocas posibilidades de que se recupere en el Senado, la atención se enfoca en sus dos rivales y potenciales sucesores, el vicepresidente Michel Temer y el presidente de Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, que orquestó la caída de la mandataria.

Temer y Cunha, respectivamente, presidente y líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), grupo aliado del Partido de los Trabajadores (PT) durante sus más de 13 años de poder, son viejos conocidos de la política y ya eran personajes importantes en los años de ladestitución de Fernando Collor, en 1992. El PMDB es el único partido brasileño que ha estado presente en todos los Gobiernos, desde la democratización, en 1985.

Temer era secretario de Seguridad Pública de Sao Paulo y perdió el cargo ese año por la masacre de la cárcel de Carandirú, en que murieron 111 presos, y que fue tema de una película del cineasta Héctor Babenco. Cunha era presidente de una empresa pública de telecomunicaciones y fue implicado en la corrupción que derribó a Collor, de quién era muy cercano.

Temer y Cunha tampoco están en una situación más cómoda que la de Rousseff, pero deben sobrevivir para garantizar la transición brasileña durante la crisis política. Temer, que firmó decretos similares a los que han complicado a Rousseff en el Congreso, puede ser también destituido por el Tribunal Electoral que juzga los recursos usados durante la campaña que llevó a ambos a la reelección, en 2014.

Cunha, por su parte, fue el gran vencedor en la derrota de Rousseff el domingo. Reo de la justicia, está acusado derecibir sobornos en el caso Petrobras y por tener cuentas no declaradas en Suiza. «Cunha fue muy útil en ese proceso», dice el analista político Marcio Coimbra, de la escuela de negocios Ibmec. Su futuro ahora depende de negociaciones en las que trata de blindarse para no ir preso. Si lo consigue se confirmará como el segundo hombre en la sucesión presidencial, después de Temer.

Sin la simpatía de la calle

Ninguno de los dos goza de popularidad ni en las calles ni en las encuestas, pero ambos tienen ganados los 367 votos que alcanzaron contra Rousseff, lo que les garantiza fuerza en el legislativo y les da legitimidad. «La población tiende a apoyarlo”, dice Coimbra sobre Temer, de quien espera un buen gobierno. «Tiene gran experiencia como parlamentario y como presidente del PMDB por 15 años, pacificando todas las corrientes dentro del partido», explica el analista.

Por otro lado, si Temer es un importante factor aglutinador en la política carioca, no es un líder popular ni campeón en las urnas ni mucho menos, uno de los motivos por los que el PMDB no ha tenido candidatos propios y a preferido las alianzas presidenciales. Las encuestas dicen que tendría un 1% si fuese candidato ahora. «Es una unanimidad negativa mayor que Dilma», dice el comentarista político Luis Nassif.