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Ucrania: Donde más les duele
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A diferencia del siglo pasado, cuando Occidente y Oriente se enfrentaban mostrándose los dientes con armas y espías en la llamada ‘Guerra Fría’, hoy las pugnas no comienzan con estrategias bélicas sino con sanciones económicas.

La globalización ha hecho que cada vez más los países estén interconectados por lazos de inversión y, en el caso particular de Rusia, esto ha implicado un cambio pues aunque conserva un gran arsenal nuclear y su poderío militar, hoy está más integrada con el comercio internacional; forma parte de los Bric, el grupo de países emergentes que mueven el mundo, pero que también son muy vulnerables a los mercados financieros. Por eso, tener sobre sus espaldas sanciones económicas no es para nada alentador.

El lunes 17 de marzo la determinación del presidente Vladimir Putin de apoyar la separación de la península de Crimea –que hace parte de Ucrania– tenía a la economía rusa en el ojo del huracán, pues más que el temor a una guerra, el miedo inmediato está en que se pospongan o se retiren las millonarias inversiones de las grandes multinacionales que recibe el país.

Justamente un análisis del jefe de estrategia global de acciones del Citi, Robert Buckland, indica que las empresas no rusas que más se golpean con la crisis de Ucrania y la intervención de Moscú son Coca-Cola Hellenic, el mayor embotellador europeo de la firma estadounidense con sede en Alemania, y la cervecera danesa Carlsberg, que es una de las más grandes del mundo. Ambas empresas realizan más de 30% de sus ventas en Rusia y más de 3% en Ucrania.

Buckland, quien fue citado por el portal Business Insider, estima que también están en riesgo las multinacionales Basf, Adidas, Danone, Philip Morris, BP, Renault, British American Tobacco, PepsiCo, Inditex, Avon, Pernord-Ricard y Royal Dutch Shell, entre otras firmas, que tienen grandes apuestas en un mercado con 144 millones de habitantes y que hasta 2012 era la novena economía del planeta.

El interés económico internacional en Rusia tiene además entre la espada y la pared a la canciller alemana Angela Merkel, quien ha liderado la presión europea contra la decisión de Rusia de azuzar la crisis de Crimea, pero al mismo tiempo está muy presionada por los empresarios alemanes, que se declaran los más afectados por la situación.

De acuerdo con un informe de la revista Der Spiegel, Rusia es el socio comercial número 11 de Alemania, al que le exporta 36.100 millones de euros al año representados mayoritariamente en maquinaria, equipo y automóviles, lo que significa que de ese comercio dependen 300.000 empleos alemanes. Así mismo, los germanos importan de Rusia 36% del petróleo que consumen y 35% del gas que utilizan. Es más, 6.000 empresas alemanas tienen negocios en Rusia y entre todas han invertido allí unos 20.000 millones de euros.

Primera reacción

A pesar de la presión de la Unión Europea y Estados Unidos, que inicialmente trataron de resolver la crisis de Crimea a través del diálogo, la intransigencia de Putin los obligó a pasar de las amenazas a la acción, que no incluye una respuesta militar, sino un golpe en el área en donde Rusia es hoy más vulnerable: su dependencia económica de Occidente.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, emitió una orden ejecutiva con sanciones contra siete altos funcionarios del gobierno de Moscú, en respuesta al referendo en el que Crimea votó a favor de su adhesión a Rusia. También sancionaron a cuatro ucranianos, entre ellos el depuesto presidente Viktor Yanukovich.

La Unión Europea, por su parte, sancionó a 13 rusos y ocho ucranianos con restricción de viajes e inmovilización de cuentas bancarias por seis meses, que pueden ser renovables.

Canadá hizo lo propio imponiendo restricciones de viaje a 10 funcionarios del gobierno ruso.

Tras conocerse las sanciones del lunes 17 de marzo, el mercado de acciones ruso subió 3,91% y el rublo, que venía de capa caída, cerró con una pérdida diaria de solo 1%. Este resultado, a primera vista contradictorio, se explica porque los mercados esperaban sanciones mucho más fuertes de Occidente, pero lo que demostraría la naturaleza de las mismas es que Europa y Norteamérica pretenden mantener las relaciones con Rusia. No en vano existen temores de que este país podría responder cortando sus suministros de gas y petróleo a naciones como Alemania o nacionalizando las empresas extranjeras que operan en su territorio.

Bajo crecimiento 

Pese a las sanciones internacionales, la respuesta de Putin fue firmar un decreto anexando Crimea a Rusia, lo que la convertiría en la entidad federada 84 de ese país, decisión que no es reconocida por la comunidad internacional.

Esto indicaría que las sanciones de Occidente no asustan a Moscú, pero independiente de cuál sea su plan, su economía sí debería preocuparles pues, previo al inicio de la crisis ucraniana, su PIB crecía al ritmo más lento desde 2009. La meta del gobierno ruso es crecer 2,30% anual hasta 2030, pero el año pasado avanzaron apenas 1,3%. Las proyecciones para este año tampoco son buenas, pues muchos analistas prevén una recesión, por cuenta de un menor consumo doméstico, lo que podría empeorar si Occidente endurece sus sanciones económicas y todo parece indicar que así va a ser. Al cierre de esta edición, se había citado a una reunión del G7 (antes G8 incluyendo a Rusia), para evaluar nuevas saciones.

A este panorama se suma una devaluación de 9,4% del rublo frente al dólar en lo corrido del año, lo que lo ubica como una de las monedas emergentes más debilitadas de 2014. Como respuesta, el banco central ruso subió sus tasas de interés de 5,5% a 7%.

Es bien sabido que las guerras son buenas alternativas para recuperar economías que están a la baja. Ojalá ese no sea el plan de Putin para levantar la de su país.