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Una marcha por la paz se transforma en cruento atentado en Ankara
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Dos explosiones casi simultáneas, a todas luces causadas por terroristas suicidas, convirtieron este sábado una marcha por la paz en Turquía en un escenario de guerra en el centro de Ankara, con al menos 86 muertos y más de 100 heridos.

Miles de personas se estaban congregando ante la estación de trenes de la capital turca, el lugar habitual para iniciar manifestaciones en esta ciudad, destacó Efe.

En medio de cánticos, bailes y bromas en una soleada mañana de sábado dos potentes explosiones sucesivas desataron el pánico entre los congregados, incluidos numerosos periodistas.

Las detonaciones fueron tan fuertes que hicieron estallar las gruesas ventanas del edificio ferroviario y, en segundos, cientos de personas, entre ellos este corresponsal, quedaban salpicadas por una lluvia de restos de cuerpos humanos.

Era obvio que se trataba de un atentado suicida, posiblemente perpetrado por dos personas con cinturones explosivos.

El pánico se apoderó de la muchedumbre en cuestión de segundos, aunque muchos participantes en la marcha intentaban calmar la situación para evitar una estampida, que hubiera causado aún más víctimas.

Este corresponsal, situado a solo 10 metros de las detonaciones, pudo contar entre 30 y 35 cuerpos inmóviles, aunque no era fácil distinguir entre heridos y muertos. El Gobierno habla de al menos 86 víctimas fatales.

De las dos bombas, una fue detonada en medio de un grupo de ciudadanos sin identificación política, y la otra, cercana a un punto donde ondeaban banderas y pancartas del HDP, el partido de la izquierda kurda, y de varias agrupaciones marxistas.

El doble atentado fue obra probablemente de dos atacantes suicidas, declaró el primer ministro islamo-conservador turco Ahmed Davutoglu, citó AFP.

“Existen pruebas claras que demuestran que este ataque fue perpetrado por dos kamikazes”, afirmó aDavutoglu, quien anunció igualmente tres días de luto nacional por la tragedia.

La marcha había sido convocada por el Colegio de Ingenieros, el Colegio de Arquitectos, el sindicato de funcionarios KESK y el sindicato izquierdista DISK.

Sin embargo, la marcha contaba también con el apoyo de otros grupos, entre ellos las mayores asociaciones de prensa, que la respaldaban en protesta por recientes detenciones de periodistas.

Hasta el momento de las explosiones no se había observado presencia policial ni medidas de seguridad en el lugar, algo poco habitual en manifestaciones de este tipo en la capital turca.

Tras la detonación, algunos manifestantes enfurecidos patearon un carro de la policía de tráfico que pasaba por el lugar.

En respuesta, los agentes dispararon al aire y lanzaron gases lacrimógenos contra la multitud, aumentando el pánico y la furia entre los supervivientes del ataque.

Poco después, sin embargo, el mismo coche policial, con las ventanillas rotas, ayudó a llevar a numerosos heridos al hospital.

Las ambulancias empezaron a evacuar a los heridos, aunque ante la enorme cantidad de víctimas, muchas personas intentaron alejarse del lugar y acudir a un hospital por su propio pie, cubiertos de sangre o con el brazo roto.

Otros, mientras tanto, usaban las pancartas como camillas improvisadas o colocaban a los cadáveres en el césped y los rodeaban para vigilarlos hasta su traslado al hospital, ante la ausencia de las fuerzas de seguridad.

El horror se apoderó de una multitud compuesta por estudiantes, jubilados, profesores, médicos, ingenieros, periodistas e incluso muchos pasajeros que al salir de la estación del tren se habían sumado a lo que entonces era una alegre marcha por la paz.

La manifestación fue cancelada tras el atentado y han empezado las labores de identificación de las víctimas, cuyo número, se teme, puede seguir aumentando en las próximas horas.

Los gobiernos de Estados Unidos y Rusia repudiaron el ataque.

 

EFE