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Agricultura Urbana en Venezuela: una falacia continuada
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Es inquietante destacar el atraso que ha tenido el sector agrícola en los últimos 20 años, los planes articulados por quienes presidían la principal cartera del país en materia agrícola no han generado los suficientes estímulos estructurales y se han quedado en el terreno de la retórica política
José Alexander Superlano Jaimes | Distrito Capital | El Pitazo

Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) la agricultura urbana es un modelo de producción de distintos rubros en materia del agro que se puede explotar en los distintos asentamientos urbanos. En la región latinoamericana, ésta es señalada como una tendencia para distintos países que buscan la mejora en la asignación de sus recursos y el acceso a alimentos más económicos por medio de la reducción de las cadenas productivas y los intermediarios en los proceso de comercialización.

Casos internacionales y antecedente venezolano del año 2016
Vale la pena destacar que países como Bolivia y Colombia, en algunos asentamientos urbanos han logrado consolidar parcialmente con éxito esta tendencia, con proyectos financiados por la FAO y algunos otros países. Pero, así como es necesario destacar estos ejemplos, es importante decir que los mismos son ejecutados en áreas y radios de acción muy limitados, por tanto, no existe en la actualidad un referente de mayor escala en torno a la aplicación exitosa de este modelo.

En paralelo, es necesario destacar que para el caso Venezuela, dicho plan se concibió con un espectro de aplicación de gran escala a nivel nacional. Si tomamos como referencia fuentes oficiales, cabe resaltar que el gobierno, para mediados de 2016, pretendía aplicar un plan de producción de 100 días, en los cuales se tenía prevista la incorporación de 10.700 personas a dicho proceso, así como también de 1.200 ha en la producción de 13 rubros de consumo, logrando las mismas un alcance de más de 200 mil familias a nivel nacional y un promedio de beneficiados superior a la cifra de 1.300.000 personas, teniendo como resultado la reactivación de más del 50% de la capacidad instalada en las casas de cultivo a nivel nacional.

Pues bien, el tiempo pasó y los precarios resultados están a la vista, fue un craso error insistir en la generación de un modelo productivo “innovador” cuando no se tuvo en cuenta la plena consolidación y la garantía suficiente de crecimiento del modelo agrícola convencional, es necesario destacar en este punto, que para el 2015 la paralización de la producción de algunos subsectores en materia agrícola era casi inminente, hoy en día la producción de muchos rubros se encuentra entre una banda del 10 al 45% de su capacidad, la inacción del gobierno hacia una política económica coherente y la falta de articulación de políticas hacia al sector complican el panorama y nos acercan a un escenario de escasez más acentuado.

Es necesario replantear el sector
Es inquietante destacar el atraso que ha tenido el sector agrícola en los últimos 20 años, los planes articulados por quienes presidían la principal cartera del país en materia agrícola no han generado los suficientes estímulos estructurales y lamentablemente se han quedado en el terreno de la retórica política, adicionalmente aspectos como las garantías jurídicas, la tenencia de la tierra y la investigación y desarrollo del mismo han quedado rezagados a un segundo plano.

La insistencia en alianzas con países como los del Mercosur afectó sustancialmente la capacidad del agro venezolano, puesto que nos puso a competir en un mercado interno con industrias agrícolas más robustas, debilitando así a todo el sector agrícola nacional.

Hoy en día muchos países avanzan con pasos consolidados hacia una tecnificación y especialización del agro, y, en contraste, nosotros estamos viendo como “producir” en ciudades, sin tomar en cuenta las potencialidades de nuestro sector que siguen estando allí y no reciben mayor atención y cobertura de las políticas gubernamentales. Es necesario contemplar la agricultura como un estilo de vida, no como un modo de producción más, pensar en la dotación de elementos que permitan unas condiciones de vida aceptables para garantizar la no aparición de elementos que generen una red de desincentivos hacia este tipo de actividad (salud, educación especializada, servicios públicos, óptimo estado de carreteras, entre otros).

El asociativismo es la clave
Con el objetivo de lograr un sistema de integración vertical del productor a todo el sector, es decir, una cadena productiva, se requieren procesos como la producción, la transformación, el mercadeo, la comercialización hacia el consumidor final, en estas líneas es que debe pensarse la concepción del sector con miras a un mayor fortalecimiento de la industria.

La concepción de PYMES agrícolas y la seguridad jurídica pueden ser altos componentes positivos y, a su vez, la respuesta que necesita en los actuales momentos el sector productivo nacional.

El acompañamiento de una política económica sostenible y de la no insistencia en modelos con un alto componente político e ideológico es de suma importancia para recuperar las expectativas en un corto, mediano y largo plazo. Es necesario pensar fuera de la caja.