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“Con mejores condiciones electorales, 2018 puede ser un año para el cambio”
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El rector de la Universidad Católica Andrés Bello considera que el próximo será un año clave, siempre y cuando la Unidad se articule y se prepare. Opina que los partidos que quieran abstenerse están en su derecho, pero deben desde ya comenzar a luchar por reglas claras para los comicios presidenciales

Por: Dayimar Ayala Altuve

Parte de la oposición venezolana, concentrada en la Mesa de la Unidad Democrática, decidió no participar en las elecciones municipales previstas para el 10 de diciembre. En torno a esa decisión han sido muchas las voces críticas y otras de apoyo que se han sumado. Una reciente es la del rector de la Universidad Católica Andrés Bello, el padre José Virtuoso, quien plantea que a los sectores políticos y la sociedad en general deben exigir mejores condiciones electorales.

En entrevista con El Pitazo, el sacerdote y profesor universitario dio a conocer que, con un cronograma electoral previo, cambio de las autoridades del Consejo Nacional Electoral, control del ventajismo oficial y observación nacional e internacional, se puede producir un escenario para que se dé un cambio político en las elecciones presidenciales del año que viene.

El proceso electoral venezolano está viciado

—Usted ha dicho que se deben exigir mejores condiciones electorales. ¿Cuál es su planteamiento?

—Estamos en presencia de una evidencia irrefutable del viciamiento general del proceso electoral venezolano, de la falta de confianza en el CNE y en todos los órganos que conducen el proceso electoral.

Estamos ante un hecho muy concreto de fraude como en el caso del estado Bolívar y frente a un hecho inédito que es el no reconocimiento de un gobernador electo. Ante ese conjunto de situaciones es obvio que la bandera política de la oposición tiene que ser el mejoramiento de las condiciones electorales, la restitución de las garantías como condición fundamental del ejercicio del voto.

Solo en la medida en que se rescate la institucionalidad del voto y la confianza en los procesos electorales, tendremos garantizada una salida democrática a la crisis del país, de lo contrario pues esa puerta se cierra o queda abierta para las dudas.

—¿Considera que está bien que ante este planteamiento de exigir mejores condiciones electorales la oposición decida no participar en las municipales?

—En el contexto de exigir las condiciones electorales y convertirla en bandera, no veo correcto que se llame a la abstención y ver tranquilos qué ocurre el 10 de diciembre para luego ocuparse por las elecciones presidenciales, como que aquí no ha pasado nada. El problema de las condiciones es para estas elecciones y para las presidenciales.

Decidan o no decidan participar en la contienda electoral tienen que declararse en movilización, no pueden simplemente irse a la playa ese día. Desde ya deben organizar las estrategias e incidir en un cambio que es fundamental para aglutinar esfuerzos de la sociedad en esa dirección.

Puede ser que decidan no participar como partido, es una decisión política, pero no es un delito decidir abstenerse o decidir no participar. Lo que no se puede hacer es declararse en abstención y prepararse para las presidenciales sin emprender lucha por las condiciones.

—¿Cuáles son esas condiciones que a su juicio debe exigir la oposición?

Tiene que existir un cronograma con tiempos precisos que dé espacio para que las actividades puedan realizarse con la debida calma. Es necesario un cambio de autoridades del CNE. El CNE no puede seguir siendo una autoridad cuyo máximo representante está parcializado, eso es contra natura.

El otro gran tema es el proceso de observación nacional e internacional. En la medida en que se convoca con tiempo, la sociedad puede organizarse en las auditorias previas y el propio día de las elecciones. Nos hace falta garantizar observación nacional e internacional.

Lo demás tiene que ver con el ventajismo oficial. Una de las razones por las que el Gobierno obtuvo un triunfo tan importante (en las elecciones del 15 de octubre) tiene que ver con la utilización de recursos del Estado para movilizar a la población. La ley establece claramente cuáles son las posibles acciones, pero esto requiere claridad política y voluntad de la ciudadanía.

El liderazgo opositor debe hacer un ejercicio de crítica y autocrítica

—¿Cómo pudiese lograr la oposición esas condiciones si tiene todo en contra y ya el CNE afirmó que ha ofrecido las garantías necesarias?

—La oposición controla una institución fundamental que es la AN, dicho sea de paso, que se la ha dejado arrebatar hasta prácticamente desaparecerla del escenario. También tiene el apoyo internacional y lo puede hacer valer. Pero también tiene que movilizar a la ciudadanía en esa dirección: con acciones y debates. No digo que sea fácil, pero hay que trabajar y presionar por eso, por buscar apoyo. Esa tiene que ser la bandera de lucha.

—¿Cuáles elementos serían importantes en eso que llama la movilización de la ciudadanía?

—Pienso que tiene que haber mucho debate y mucha claridad. Los partidos tienen un espacio muy importante que es con su militancia; una convocatoria institucional, y yo creo que la AN es un foro importantísimo para eso. Después, una serie de acciones y estoy hablando de un proceso en el marco de la ley y dentro de la Constitución. En el marco de esta Constitución, de la vigente, hay derecho a la manifestación, a la libertad de expresión y a la continua exigencia por mejoras de lo que está viviendo el país.

—¿Cuál cree que es la vía para solucionar la crisis política económica y social que está atravesando el país?

Creo que nosotros tenemos una carta muy importante que es el cambio de gobierno en el próximo año. El año que viene es clave y por eso es que creo que es fundamental la reconstitución de la lucha política en todo este proceso. Estamos en un momento de mucha “pasmosidad”, de bastante fraccionamiento en donde hay un 80% de la población que está en descontento contra el Gobierno, en un escenario de hiperinflación y estamos completamente desmovilizados y parece que el Gobierno está políticamente más consolidado que nunca. Parece que hay una razón para ello y es cómo se ha liderado el proceso de lucha y cómo se ha entendido la verdadera complejidad del proceso venezolano. Está pendiente una profunda crítica y autocrítica del liderazgo político de oposición, no es solo la MUD. Todo el liderazgo tiene que llamarse a la reflexión del porqué no se ha aglutinado ese descontento para transformarlo en cambio.

La iglesia tiene en sus manos la defensa de los Derechos Humanos

—Hay factores que consideran que la MUD ya cumplió con su objetivo y que esa instancia debe renovarse. ¿Cree que debe ser así?

—Debe haber nuevas formas de la articulación política, de los consensos, debe establecerse una vía más clara para el acuerdo y la discusión. La unidad no es solamente táctica, es un hecho más complejo, unidad en táctica, unidad en estrategia y mecanismos de conciliación.

El otro punto es cómo ese liderazgo se comunica con la gente y establece una relación anímica-afectiva- discursiva y en direccionalidad política. Ese tema hay que plantearlo seriamente. Hay que darle gente y músculo a la política, la política no puede ser algo concentrado alrededor de los líderes.

Está pendiente esta tarea y la lucha por las condiciones electorales para que el año que viene pueda aprovecharse como una oportunidad para el cambio. En el sistema de gobierno de Venezuela, el Ejecutivo es la pieza fundamental y cualquier cambio en las condiciones políticas pasa por un cambio presidencial y eso no es nada fácil. El Gobierno tiene su base de apoyo y sus mecanismos para garantizarse la permanencia.

—¿Qué aportes puede hacer la Iglesia Católica para apoyar a la sociedad a superar la crisis económica política y social?

—Creo que la Iglesia es una estancia muy comprometida con la gente, y desde la cual participamos en la vida cotidiana de la gente y tiene una vasta labor de acompañamiento social. La Iglesia juega un papel crítico muy importante porque en la cercanía con la gente son una especie de centinela que tiene la capacidad de ver los problemas y hacerse sus reflexiones. Esa labor es importantísima mantenerla.

La Iglesia tiene en sus manos una bandera fundamental que es la defensa de los Derechos Humanos. La exigibilidad de los derechos es parte de su misión religiosa. Cuando la Iglesia exige democracia, que se respete el derecho a la participación, los derechos civiles y la libertad de expresión, no es que está con la oposición, es que está con los derechos que son inherentes a las personas. Esa es una tarea clave y es una suerte de bandera que no se puede dejar.

El Pitazo