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Crisis en Venezuela cerca el futuro de los jóvenes
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Nacieron cuando la palabra revolución comenzó a apoderarse del vocabulario de los venezolanos. En su mayoría, hasta hace dos años, no había conocido a otro presidente que no fuera Hugo Chávez. Tienen entre 16 y 18 años de edad, y se están graduando de bachilleres. Algunos se quieren ir del país, otros probarán la vida universitaria en Venezuela ­–gracias a los cupos que asignó la Oficina de Planificación del Sector Universitario– y algunos deben comenzar a dar sus primeros pasos en un empleo formal. El panorama no es claro a esa edad y el filtro del país lo hace más borroso. Reseña:  El Nacional.

 

Desde principios de la década de 2000 Venezuela goza de una coyuntura demográfica particular: se redujo el porcentaje de la población dependiente, menor de 15 años, y aumentó la proporción de la población en edad de trabajar, entre 15 y 64 años de edad, al tiempo que aún es pequeño el peso de la población mayor de 65 años de edad. Es lo que se conoce como el bono demográfico, una oportunidad que da la transición en la pirámide poblacional, y que en el país coincidió con una bonanza petrolera.

Según los resultados del Censo 2011, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística, 66,6% de la población tiene entre 15 y 64 años de edad; 27,6% está entre los 0 y los 14 años y 5,8% supera los 65 años de edad. Quienes están egresando de la educación media forman parte de esa transición demográfica que, según se calcula, se extenderá hasta el año 2040.

Esos bachilleres no son ajenos a la situación del país. Les preocupa la escasez y el alto costo de los productos, pero son pocos los que afirman que quieren irse de Venezuela para nunca más volver. Otros, en cambio, están completamente negados a esa posibilidad, aún teniendo la oportunidad. Algunos creen que en Venezuela se puede progresar. La Encuesta Nacional de Juventudes, realizada por el gobierno, y la Encuesta Nacional sobre la Juventud, realizada por la Universidad Católica Andrés Bello, ambas en 2013, confirman esta apreciación: 7 de cada 10 jóvenes no están pensando en irse a vivir a otro país, pero que 3 de cada 10 quiera hacerlo es preocupante en un país donde la migración no era un opción.

Anitza Freitez, demógrafa del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, explica que aprovechar este período del que ya se consumieron 15 años se requiere de cinco condiciones: promover un crecimiento económico sostenido, aumentar el gasto público en el sistema educativo, implementar políticas educativas y de empleo integrales, flexibilizar los mecanismos del mercado para aprovechar el potencial laboral y desarrollar programas sociales que atiendan los problemas surgidos en el curso de la transición demográfica, como la maternidad o paternidad temprana y la violencia.

Freitez señala que la transición se ha desaprovechado: “Vamos acumulando años de atraso en un contexto internacional de ritmos rápidos en materia de innovación tecnológica, productividad y competitividad. Claro que ese recurso humano se puede recuperar, pero ninguna persona tiene 20 años dos veces en la vida. Haciendo bien la tarea podemos recuperarlo para que pueda tener mejor vida más allá de los 30 años, pero no podemos reparar el hecho de haberle privado de las oportunidades que debió tener a los 20 años”.

Los resultados de la Encuesta sobre Condiciones de Vida Venezuela 2014, realizada por las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar, revelan que entre la población de 12 a 17 años, hay 350.000 jóvenes –varones principalmente– que no asisten a la escuela. La Encovi también señala que 56,2% de quienes interrumpen su trayectoria educativa tienen entre 15 y 19 años de edad. Al ser consultados sobre las razones para dejar de estudiar, una de las principales es la “falta de interés”.

El corneteo de las caravanas que celebran la graduación de algunos bachilleres ha sumado ruido a Caracas las últimas dos semanas. Se festeja el fin de un ciclo. Los contenidos que aprendieron esos bachilleres se definieron en un tiempo en el que todavía no se había inventado Internet. El programa curricular de educación media diversificada data de 1973 a 1975, mientras que el de primero a tercer año fue elaborado en 1987. Ambos están actualmente en revisión. Esta promoción de bachilleres también es heredera de la crisis del déficit de docentes y aulas que los llevó a tener estudios incompletos con materias exoneradas.

Julio Fermín, coordinador general del EFIP –instituto que tiene entre sus proyectos un Observatorio Social de la Juventud Venezolana–, señala que históricamente la sociedad venezolana no ha sabido qué hacer con sus jóvenes.

Recuerda que la primera vez que se planteó un instituto gubernamental para atender a este sector de la población, el presidente era Luis Herrera Campins y sus políticas se enfocaban en organizar excursiones. “Era un ministerio sin cartera”, añade. Luego las políticas se desarrollaron a través del Ministerio de la Familia: en 1993 se hizo la primera Encuesta Nacional de Juventudes y más recientemente a través del Ministerio de la Juventud –ya desaparecido, fusionado con el Ministerio del Deporte– y la Misión Jóvenes de la Patria.

El Instituto Nacional de la Juventud, adscrito al Ministerio del Deporte, orientó sus funciones en 2014 al desarrollo de actividades de formación política, al lanzamiento del Sistema Nacional de Festivales, el rescate de juegos tradicionales; inauguró un estudio de grabación y un plan de turismo estudiantil y campismo, y atendió proyectos socioproductivos. También repartió tarjetas de crédito.

Fermín señala que estos planes no atienden a la juventud de forma integral y desestiman el problema principal que consiste en que hay 700.000 jóvenes en Venezuela que no estudian ni trabajan. Indica que este grupo se encuentra en la calle, lo que los hace vulnerables a caer en la delincuencia –en Venezuela el homicidio es la primera causa de muerte en varones de entre 10 y 19 años de edad, según la Unicef– o en el “bachaqueo”. “No forman parte ni siquiera de la economía informal, aunque eventualmente pueden incursionar en un trabajo temporal”.
Para darles cabida, Juan Maragall, secretario de Educación del estado Miranda, indica que es necesaria la construcción de 1.000 liceos aproximadamente y resolver las carencias estructurales, de dotación y de personal docente especializado en los 5.000 planteles de educación media que hay en el país.

Fuente: Emily Avendaño- El Nacional