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De Istúriz a El Aissami: una radicalización de 180 grados
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 / EL Estímulo

El presidente Nicolás Maduro encomendó dos tareas a su nuevo colaborador. “El primer tema es la seguridad ciudadana, la lucha contra los criminales, la lucha por depurar a las policías regionales y nacionales”, expresó Maduro, quien de inmediato pasó la página para afincarse en el segundo punto: “La lucha contra los terroristas de la extrema derecha. Terroristas ríndanse, vamos por ustedes, y Tareck los conoce y tiene los ganchos listos. Pónganse las pilas los terroristas de ultraderecha porque los vamos a desmantelar”. 

En su breve discurso de aceptación, luego de alabar a su jefe, el flamante Vicepresidente de la República Bolivariana dejó traslucir cuál será su asignación favorita. “Es el socialismo la vía para la salvación de la patria. No es el capitalismo, no es la burguesía, no es esta derecha terrorista y criminal”, sentenció Tareck El Aissami, quien destacó que “debemos repolitizar nuestra gestión”.

La biografía de El Aissami colgada en la web del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) recoge que “su padre militó en partidos políticos de izquierda y fue detenido el 4 de febrero de 1992”, fecha en la que el difunto comandante Hugo Chávez encabezó un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Indica, además, que en “varias oportunidades” su casa natal, ubicada en El Vigía, estado Mérida, “fue víctima de allanamientos ilegales durante el régimen represivo de la Cuarta República”.

Ahora el antiguo perseguido puede convertirse en perseguidor. El segundo de a bordo del Gobierno chavista manejará los hilos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), azote de la oposición que en los últimos meses ha sido acusado de pasar por encima de fiscales y tribunales cuando se trata de hostigar a la disidencia.

Perogrullo afirma que esta designación representa la enésima vuelta de tuerca de la revolución. Que el antiguo líder estudiantil de la Universidad de Los Andes (ULA) encarna la radicalización de eso que antes llamaban “el proceso”. Pero, ¿es un tema de nombres o de ideas? En enero 2016, el maestro Aristóbulo Istúriz asumió el mismo cargo con la expectativa de que su ascenso significaría la posibilidad de establecer un diálogo respetuoso con la mayoría opositora de la Asamblea Nacional y atenuar la crispación política. Un año después, hablan los hechos.

“Cambios ministeriales reflejan carácter autocrático, mafioso y de espaldas al pueblo. ¿A quién le consultaron, a quiénes responden estos ministros?”, cuestionó a través de su cuenta en Twitter el politólogo Nicmer Evans, miembro de Marea Socialista. Sin embargo, entre los recién nombrados –y enrocados- figuran dirigentes que siempre estuvieron al lado de Chávez y que son identificados como fieles defensores de su proyecto. En esa lista destacan Elías Jaua, Érika Farías, Istúriz, El Aissami y el propio Adán Coromoto Chávez Frías, hermano mayor del finado.

Verde y rojo

“He dado una orden para implementar un plan bien pensado, detallado, para que regresen a sus puestos de mando y a filas activas en cada componente, los compañeros que han ido a la Administración Pública a prestar sus servicios a la patria. Es momento de regresar a la fuerza, para traer más unión y, valga la expresión, para reforzar la Fuerza Armada Nacional con su experiencia y disciplina”, expresó Maduro en diciembre de 2015.

Esa “orden” jamás se cumplió. Al contrario. La asociación civil Control Ciudadano señala que hasta finales del año pasado 29% de los integrantes del tren ejecutivo provenía de los cuarteles. Ahora la estadística subió a 34,37% por la incorporación del coronel de la Aviación Ramón Velásquez Araguayán, y el almirante César Salazar Col como titulares de Ecosocialismo y Aguas, y Obras Públicas, respectivamente.

Los uniformados dominan, además, las carteras de Despacho de la Presidencia, Interior y Justicia, Defensa, Agricultura y Tierra, Pesca y Acuicultura, Alimentación, Hábitat y Vivienda, Energía Eléctrica y Frontera. Por si fuera poco, la almiranta Carmen Meléndez ocupa la Vicepresidencia Política y el general en jefe, Vladimir Padrino López,  coordina la Gran Misión Abastecimiento Soberano.

Aunque sus orígenes son distintos, no pueden verse como compartimentos estancos. Civiles y militares se entienden. Símbolo de esa alianza es la relación estrecha que mantiene el Vicepresidente con el excomandante de la Guardia Nacional y responsable de Interior y Justicia, Néstor Reverol Torres. Medios norteamericanos han publicado que ambos funcionarios estarían siendo investigados en Estados Unidos por actividades relacionadas con el narcotráfico.

De los últimos movimientos firmados por Maduro, la abogada Rocío San Miguel, directora de Control Ciudadano, extrae dos conclusiones: “1) el gran perdedor es Diosdado Cabello, primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y 2) El Aissami representa la última frontera por la supervivencia de los radicales que no admiten una transición para Venezuela”.

El expresidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, hace un año confirmaba que había tenido un par de contactos telefónicos con Istúriz, a quien saludó públicamente en estos términos: “Pienso que en esa función de Vicepresidente será un facilitador en las comunicaciones entre el Gobierno y la oposición”. El resto es historia.

En cambio, El Aissami no permite a nadie vivir de ilusiones. Tan pronto el diputado Julio Borges tomó las riendas del Parlamento, el hombre que se jacta de ser “radicalmente chavista” disparó sin contemplaciones: “No esperábamos menos de una derecha deplorable, racista y antipopular. Ustedes son más del mismo desastre del pasado traducido en corrupción”.