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El “boom” de los directores venezolanos rompe esquemas
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La maleta, el aeropuerto, el viaje, el hotel, el ensayo y el concierto, para luego empezar de nuevo. De Italia, a Japón, de Japón a Australia, vuelta a Europa para dirigir en Madrid, aterrizar en Venezuela y luego alzar vuelo hacia China para recalar finalmente en Alemania.

A los treinta años y luego de haber ocupado el cargo de Director Principal del Teatro de opera La Fenice (Venecia), Diego Matheuz es ahora invitado permanente por las más encopetadas orquestas del mundo, aunque no es el único, sino que forma parte de una generación de jóvenes directores venezolanos reclamados desde los más insospechados rincones del planeta en lo que tiene toda la apariencia de un verdadero boom.

-No son pocos los directores venezolanos, incluyéndote a ti, provenientes de Sistema Nacional de Orquestas que han logrado abrirse camino en diferentes partes del mundo, más allá de la institución y están dirigiendo orquestas, prácticamente en los cinco continentes. ¿Cómo explicas un fenómeno, ya colectivo, que a estas alturas no parece obra de la casualidad?

–Todo esto, que se debe a la labor del maestro José Antonio Abreu y del Sistema, se inicia cuando Gustavo Dudamel gana la competición Mahler (año 2004, Bamberg, Alemania). Pero no se trata de algo que favoreció solo a los directores venezolanos, sino también a jóvenes directores de todo el mundo porque desde ese momento se rompió con la idea de que un director debía ser alguien ya maduro y con mucha experiencia. Gustavo demostró que los jóvenes también podemos hacer grandes cosas.

-No solo jóvenes directores, sino, en el caso de los venezolanos, jóvenes directores proveniente de un país con poca tradición en la música clásica.

-Ciertamente la tradición musical europea tiene cientos de años y esa es la clave para entender lo que el Sistema ha logrado en tan poco tiempo. También está la generosidad y la humildad de Gustavo, quien siempre nos ha ayudado a quienes veníamos después. Él fue derribando muros que ya nosotros no encontramos en nuestro camino, haciéndolo con mucho ímpetu y fuerza pero también con gran respeto hacia la música.

-Cuando hablas de nosotros, ¿a qué directores te refieres concretamente?

-A directores que ya giramos en el circuito internacional: Christian Vásquez, Rafael Payare, Manuel López, Domingo García Hindoyan, además de Gustavo. Pero atrás vienen por los menos diez jovencísimos directores venezolanos. Y digo así, jovencísimos, porque ya nosotros estamos por los 30 años y ellos tienen entre 18 y 20 años. De manera que a la vuelta de cinco años el boom será mayor.

Si eso es así estamos hablando de una invasión que se está dando y sobre todo en Europa.

-En Europa, pero también en Asia y desde hace tiempo estoy yendo mucho a Australia como Director Principal Invitado de la Orquesta de Melbourne. La misión que nos encomendó el maestro Abreu fue la de servir a nuestro país como embajadores y demostrar lo que se puede lograr con el Sistema.

–¿Desde la perspectiva de la forma, están todos cortados con la misma tijera o hay una diversidad dentro del mismo patrón?

-La escuela es la misma. Pero ocurre que aquí tenemos muchas orquestas para ensayar. Y eso resulta esencial para un director en el desarrollo de sus ideas y sus movimientos. Siempre digo que el 85% de un director no está en los brazos, sino en la cabeza. Hay que pensar y prepararse concienzudamente mucho. Ahora, teniendo la misma base, todos dirigimos de diferentes maneras. Lo bonito, además, es que venimos creciendo juntos y entre nosotros reina la camaradería, la hermandad y la comunicación permanente, sin ninguna rivalidad, a no ser la sana intención de hacerlo cada día mejor.

-Una característica evidente en ustedes y sobre todo en tu caso es la versatilidad. A pesar de haber nacido en un medio no propicio para la música teatral, llegaste a ser director de la Fenice, histórica sede del teatro de ópera en Venecia. ¿Cómo lograste equipararte con los directores, digamos, por ejemplo, italianos?

-Al principio tuve que ser muy fuerte y convincente acerca de lo que estaba haciendo porque se trataba de un chamo de 25 años, procedente de un país del tercer mundo, que venía a dirigir a una orquesta italiana en un teatro donde se ha estrenado la mayor parte de las óperas. Pero tenía toda la seguridad de que estaba completamente preparado para eso. Así que poco a poco fui entrando al mundo de la ópera. Lo importante es el training, el lidiar con la ópera todos los días. Allí aprendí muchas cosas que incorporé a lo sinfónico, así como apliqué mucho de lo sinfónico a la ópera.

-¿A qué obedece la aceptación que ustedes han tenido por parte de las más disimiles audiencias? ¿Acaso han hecho aportes no previstos antes o se han limitado a ceñirse estrictamente a la ortodoxia?

-El Sistema tiene un sello. Yo cierro los ojos, me ponen una orquesta al lado y con los primeros acordes ya sé si pertenece al Sistema porque este tiene su propia manera tocar. Incluso, puedo diferenciar dentro del Sistema de cuál orquesta se trata porque dentro de una misma escuela hay diversidad .

-¿Cuáles son las características que te permiten reconocerlo?

-El sonido, el modo de frasear. Es lo mismo que ocurre con las diferencias que hay, en la forma de hablar el mismo idioma, entre un español y un venezolano. Cada uno tiene su propio acento, su propia cadencia y su propia intensidad.

-Son ustedes intensos a la hora de tocar.

-Lo somos.

-Y apasionados.

-También. A veces eso es una ventaja. A veces no, porque en determinados momentos debemos ser fríos y no darlo todo. La música es tensión y distensión, contraste. No podemos ser intensos todo el tiempo porque sería monótono y aburrido.

-Es obvio que el espectador, sobre todo el europeo, ha captado esa diferencia.

-Así es. Al instante.

-¿Es exagerado decir que es una recreación, por no decir, que una revolución, lo que ustedes asumen como directores?

-No lo pondría así. Sería demasiado arrogante. Yo diría que estamos creando nuestro propio lenguaje. Nuestra manera de expresarnos. Siempre manteniendo las bases de lo que está escrito en las partituras. Es como un libro y las diferentes maneras que tienen los lectores de interpretar sus contenidos. El Sistema aporta una manera de leer el libro de la música.

-Ahora estás dirigiendo a músicos que no son del Sistema. ¿Los músicos japoneses, chinos, australianos o europeos captan tu forma de dirigir con ese lenguaje?

-Completamente.

-¿Los pones a sudar?

-A veces les aprieto las riendas. Pero ese sello está ahí y se hace sentir. Lo grandioso de esta carrera es que podemos hacer música hasta el último día de nuestra vida. Ahora, siempre en movimiento porque nunca será igual y si te mantienes estudiando vas a evolucionar, adquirir sabiduría y podrás interpretar mucho mejor la complejidad de la partitura, plena de matices que a veces no captas sino con el tiempo. Si tú sabes, por ejemplo, las circunstancias que estaba viviendo Mozart al momento de componer determinada sinfonía seguramente te llevará a otro nivel desde el cual podrás enriquecer tu forma de dirigir.

-¿El boom de los directores venezolanos en el ámbito internacional, incluye también a los músicos?

-Sí. Hay algunos jóvenes que están saliendo y ganando posiciones en las más grandes orquestas del mundo y posiciones importantes.  

-¿Cuál es la diferencia entre la audiencia europea, la asiática y la venezolana?

-El modo de escuchar de venezolanos y asiáticos es muy similar porque son más expresivos. Aunque en el caso de los asiáticos no lo parezca. En cambio, el europeo siempre es más frío, acostumbrado como está a escuchar música desde siempre. Pero cuando logras sacarlos de esa burbujita y ellos avanzan contigo, tú lo sientes y eso es maravilloso.

-¿Si has tenido éxito en la dirección por qué no te has animado a componer?

–Yo respeto profundamente la composición y me falta dirigir bastante repertorio ya consagrado. Todavía tengo mucho que aprender. Pero quizás llegue el momento en que yo me sienta más seguro y me atreva a escribir algo. Por ahora no lo tengo en mis planes.

-¿Cuánto tiempo necesitas para acoplarte con una orquesta?

–Los primeros quince o veinte minutos son cruciales porque los músicos te están leyendo, mientras tú haces lo propio con ellos. Hasta que ¡click!… engranas. Aunque a veces la cosa se da desde el propio inicio del ensayo.

-¿No resulta una dificultad para los músicos de otras latitudes adaptarse a la manera venezolana de dirigir?

-Claro. Es otro sonido y en Europa mucho más, por la diversidad cultural y aunque parezca mentira, hasta por el clima. Una orquesta escandinava tiene un sonido más redondo, más oscuro. Una orquesta norteamericana ofrece un sonido más penetrante, más brillante. En Alemania todo está como más dilatado. Las orquestas japonesas son de alto nivel y en China están trabajando mucho para mejorar sus orquestas.

¿No ha sido causa del boom internacional la inclusión de música venezolana en los repertorios de las orquestas del Sistema?

-Cada orquesta que sale de gira lleva música de Antonio Estévez, Evencio Castellanos, Inocente Carreño.

-Pero lo que más parece electrizar a las audiencias es la música popular venezolana y tropical, valga decir el mambo.

-Claro, siempre se interpreta Alma Llanera, Caballo Viejo y el mambo.

 

ROBERTO GIUSTI – DIRECTOR DE ORQUESTA – EL UNIVERSAL