Nacional
El dato secreto que encontró Datincorp sobre el gobierno de Maduro
Nacional

La única encuestadora que vaticinó el empate técnico que se produciría entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles, de cara a las presidenciales del 14 de abril de 2013, fue Datincorp. La firma daba una diferencia de un punto porcentual entre ambos candidatos cinco días antes de las elecciones (09-04-13). Y el oráculo resultó de una puntería impresionante.

Según las cifras emitidas por el CNE, el delfín de Chávez sacó una ventaja de 1,49 por ciento a su contendor. Las demás encuestadoras se equivocaron en sus cálculos. Datanálisis daba 54,8 por ciento a Maduro y 45,1 por ciento a Capriles (11-04-13). IVAD daba 61 por ciento a Maduro y 26 por ciento a Capriles (18-03-13). Hinterlaces daba 61 por ciento a Maduro y 26 por ciento a Capriles (18-03-13).

Todas, excepto Datincorp, erraron. Erraron en cuanto al margen, que resultó tan pero tan estrecho: no erraron en cuanto al ganador. Desde luego: los números evolucionaron desde el momento en que las encuestadoras emitieron los resultados de sus últimos sondeos hasta el día en que se produjo el acto de votación. Pero aun así, no previeron el final de fotografía que se produciría.

¿De qué hablan esos números? De la precisión matemática que arrojó el sondeo de Datincorp, que ya antes, en el marco de las presidenciales Chávez-Capriles, celebradas en octubre de 2012, había proyectado un triunfo holgado para Chávez, como en efecto ocurrió. La última encuesta que hizo Datincorp antes de la elección —o por lo menos la última encuesta del conocimiento público— fue la que realizó durante la segunda quincena de junio de 2012. La brecha que daba era de seis puntos a favor de Chávez. Luego, el margen subió, como es de suponer que ocurriera en la medida en que corrió el tiempo. La cifra emitida por el CNE indicó una ventaja de poco más de diez puntos para Chávez. Así que uno podría afirmar que Datincorp (y esta afirmación no es una publicidad: está amparada en datos duros) ha acertado en sus proyecciones con una precisión muy propia de un relojero suizo.

¿Y por qué todo este preámbulo? Porque hay un hallazgo contenido en su última encuesta de coyuntura (cuyo trabajo de campo finalizó en febrero pasado e incluyó 1200 entrevistados) que me llama poderosamente la atención, y que vale la pena destacar. Ya lo han comentado algunos articulistas (uno de ellos, Antonio María Delgado, del New Herald), pero, pese a ello, creo que hay que hurgar en el tema.

Según Datincorp,  67 por ciento de los encuestados señala que la conducta que asumirán los venezolanos frente al problema del desabastecimiento y de la inseguridad será reclamarle enérgicamente al Gobierno. Esta parte del sondeo está incluida dentro de un módulo que Datincorp encuadra bajo la categoría de “Niveles de paciencia de la población”. Es decir que, al contrario de lo que suele pensarse, la gente no está conforme con la realidad de las colas y con la dictadura del hampa. Está muy lejos de eso. Y la paciencia tiende a agotarse.

Justo mientras preparaba este artículo, escuché por radio una entrevista que le hacía César Miguel Rondón al presidente de Fentrasep (Federación de Trabajadores del Sector Público), Servando Carbone, que inmediatamente asocié a lo que dice el estudio de Datincorp. Decía Carbone que el país es como una olla de presión a la que ya le suena el pitico y que Maduro, en lugar de bajar la llama o apagarla, aumenta la candela. Esto es lo que uno concluye después de leer la encuesta de Datincorp: está sonando el pitico. Lo que señala el sondeo es que apenas 24 por ciento de los venezolanos tendrá paciencia para esperar a que el Gobierno ofrezca soluciones al problema de la escasez y de la inseguridad. Y un 10 por ciento no sabe o no responde.

Ahora, el otro elemento interesante es que, pese a que en ese reino de números que es la encuesta, también hay otro hecho que merece la pena destacar:  53 por ciento de los encuestados se pronuncia por una salida electoral. Si estableciéramos un orden de prioridades, los venezolanos primero se decantan por las parlamentarias para que el juego se abra y, sólo en un segundo término, optarían por lo que en el estudio se llama reclamo enérgico. Este es, sin duda, un mensaje claro para el Gobierno: si torpedea las elecciones legislativas y evita que se constituyan en una válvula de escape para conjurar la crisis (bien por la manipulación de la base poblacional para que el chavismo tenga más diputados de los que le corresponden en los circuitos donde es mayoría; bien por el grosero ventajismo; bien por la suspensión del evento; bien por cualquier otra salida creativa) le estará abriendo el cauce a la protesta. El dique puede desbordarse. O la olla de presión, explotar.

Ya hay muchos indicios en el estudio de Datincorp de que el pitico está sonando. Signos de que el piso político del llamado proceso está en peligro. La encuestadora señala como un hecho relevante el que la oposición le ganaría al chavismo en el estrato D-E (que era su bastión por excelencia) por una diferencia de once puntos porcentuales en las elecciones parlamentarias, tenga el candidato que tenga. Mientras 41 por ciento del estrato D-E votaría por figuras de la oposición, tan solo 30 por ciento lo haría por figuras del chavismo. Y un 19 por ciento no votaría por ninguno de los dos bloques. Este es un elemento muy revelador: los rojos van perdiendo su plaza; su mercado natural; sutarget. No se puede pasar por alto semejante dato. Se está gestando una transformación en la fisonomía del poder en Venezuela. Y esa transformación va de abajo hacia arriba. Por eso Jesús Seguías, presidente de Datincorp, habla de un desenlace, sin dar mayores detalles. Porque ni él, ni nadie sabe cómo evolucionarán los hechos.

Pero lo que sí se sabe es que están encendidas las señales de alarma. Y en medio de ese cuadro apocalíptico, hay una grave crisis de liderazgo. De representatividad. Datincorp recoge que 69 por ciento de los venezolanos no se siente identificado con ninguno de los actuales líderes chavistas. El que mejor posicionado está es Nicolás Maduro, con 17 por ciento. Muy atrás están Diosdado Cabello y Jorge Arreaza, con un pírrico tres por ciento; Elías Jaua, con dos por ciento; y Freddy Bernal, con uno por ciento. Maduro es el más sobresaliente, aunque sobre Maduro pende una espada de Damocles: el 71 por ciento de los encuestados evalúa como negativa su gestión y el 72 por ciento piensa que no está capacitado para resolver los problemas que padecen los venezolanos. Eso por una parte.

Por la otra: en la oposición, en menor medida que en el chavismo, también hay una crisis de liderazgo: 52 por ciento de los encuestados no siente identidad con ninguno de los líderes opositores. El que mejor evaluado está es Leopoldo López, con 19 por ciento; luego Henrique Capriles, con 15 por ciento; siguen Henry Falcón con cinco por ciento; María Corina Machado con tres por ciento; Henry Ramos Allup con 0,42 por ciento; y Antonio Ledezma (la medición fue hecha antes de su detención) con 0,17 por ciento.

¿Qué significan esos números?  Pues que casi podría colocarse un anuncio en el periódico que dijera: se solicita líder de la oposición con moto propia. Y, como también ha dicho Jesús Seguías: cuando los líderes no responden, los pueblos inventan. En 1998, ha añadido Seguías, inventaron a Chávez. Aquí podría aplicarse la Ley de Conservación de la materia: la energía no se crea ni se destruye: se transforma. Igual puede ocurrir en este caso: unos líderes darán paso a otros. Aunque no necesariamente. Puede pasar, nadie puede preverlo, que algunos de los líderes actuales, o uno de ellos, se coloque al frente de la circunstancia histórica que les toque vivir y capitalicen esa enorme masa de descontento que vemos que se está gestando más allá de la dirección política. Por encima de ella.

Por ahora, la protesta subterránea que se gesta, y que se expresa aritméticamente en las encuestas, pero que puede traspasar a la realidad si los venezolanos pierden la paciencia, se produce sin ningún gurú que la guíe. Sin líder. Sin tótem. Es silvestre. Pero está ahí: es una masa crítica in crescendo. Es una masa crítica que desde ya expresa su identidad política.

Según el sondeo de Datincorp, 44 por ciento de los encuestados se identifica con la oposición,  26 por ciento con el chavismo y 27 por ciento no se identifica con ninguno de esos dos bloques. En cuanto a la tendencia del voto, 48 por ciento de los encuestados votaría por los candidatos de la oposición (llámense como se llamen) a las parlamentarias, 24 por ciento lo haría por los candidatos del chavismo (llámense como se llamen) y 11 por ciento no sabe o no responde. Una pregunta que habría que hacerse es: ¿Por qué si la gente no se identifica con el liderazgo opositor votaría mayoritariamente por la oposición? Una hipótesis: puede ser que en adelante prive el voto castigo; un voto que no está orientado a cuadrarse con la oposición propiamente sino a infligirle un golpe al establishment chavista. Es un ajuste de cuentas.

¿Y por qué esa factura? No sólo es porque el 39 por ciento de los venezolanos, según Datincorp, cree que el primer gran problema que enfrenta es el desabastecimiento, el 34 por ciento considera que es la inseguridad y el 18 por ciento dice que es el alto costo de la vida. También es porque lo que en el pasado eran considerados como los grandes pilares de la gestión chavista, ahora comienzan a estar en entredicho: 56 por ciento de los encuestados evalúa negativamente las políticas sociales del Gobierno y 59 por ciento evalúa negativamente las políticas educativas. Pasó la euforia por las misiones. Y eso se nota en las encuestas, y se convierte en descontento.

¿Le espera al Gobierno su día “D”? El ajuste de cuentas puede producirse en las urnas electorales o fuera de ellas. ¿Qué inventarán esta vez los venezolanos? Nadie puede adivinarlo.

Lo que sí queda claro de la encuesta de Datincorp es que: 1) Es falso que los venezolanos estén aceptando la crisis con resignación.  Las dos terceras partes hablan de medidas enérgicas si el Gobierno no responde a sus demandas. 2) Hay una grave crisis de liderazgo en el bloque oficialista y en el opositor. Puede haber un espacio para que emerjan nuevas figuras. 3) El chavismo está perdiendo su target: el estrato D-E, y no digamos el C, son ahora de mayoría opositora. 4) Todavía los venezolanos creen en la salida electoral, pero si el Gobierno, que es el poder, apela a atajos, el pitico de la olla se hará más agudo y la olla podría explotar. Es decir: la gente podría perder lapaciencia.

 

Por Gloria M. Bastidas @gloriabastidas