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El “diálogo latinoamericano” de Maduro
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El diálogo que el líder chavista Nicolás Maduro no ha logrado sostener con sus opositores en Venezuela, quiere buscarlo ahora con sus adversarios en América, excluyendo a Washington y a Ottawa. ¿Aceptarán su invitación?

En Lima, trece Estados americanos –Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay y Perú– denunciaron la “ruptura del orden democrático” en Venezuela y anticiparon que desconocerían cualquier acto, declaración o medida de la Asamblea Nacional Constituyente, promovida por el “hombre fuerte” de Caracas, Nicolás Maduro. Sin embargo, dejaron abierta la posibilidad de un diálogo “creíble y de buena fe” para restaurar el Estado de derecho en el país.

Al mismo tiempo, en la capital venezolana, los socios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) hacían lo contrario: unánimemente le declararon su solidaridad al sucesor de Hugo Chávez, celebraron el carácter “legítimamente soberano” de la Asamblea Nacional Constituyente y rechazaron las sanciones de Estados Unidos contra funcionarios del Gobierno de Maduro, quien aprovechó la ocasión para proponer una cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en El Salvador.

El punto único de ese concilio no sería la severa crisis de gobernabilidad que se registra en Venezuela, sino el restablecimiento del principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados, que Maduro ve irrespetado con el pronunciamiento de sus vecinos sobre su iniciativa constituyente. Pero, ¿de qué serviría llevar el debate sobre la situación venezolana de la Organización de Estados Americanos (OEA) a la CELAC y con una agenda tan restringida? Para Stefan Peters, de la Universidad de Kassel, la moción tiene sentido.

“El hecho de que Maduro proponga un debate en la CELAC indica que a su Gobierno todavía le interesa saberse legitimado a los ojos de sus vecinos. Y creo que esa es una buena noticia. Por otro lado, la exclusión de Estados Unidos y Canadá en ese foro, que suele ser vista como el punto débil de la CELAC, puede ser su fortaleza en este caso: ninguno de sus miembros podrá decir que Washington u Ottawa ejercen su hegemonía sobre la cumbre como lo hacen en la OEA o que manipulan las voluntades de sus asistentes”, dice Peters.

“Si los Gobiernos que han asumido una posición crítica frente a Maduro participan en el encuentro de la CELAC, ellos podrán enfatizar que no buscan congraciarse con la Casa Blanca al hacerle reproches a la Asamblea Nacional Constituyente, sino contribuir a encontrar una solución para una crisis nacional que se desborda y empieza a perjudicar a la comunidad continental. Al mismo tiempo, llevar esa discusión a la CELAC le dará la oportunidad a esa organización de levantar su perfil como espacio para la diplomacia”, acota el experto.

La invitación de Maduro a San Salvador es vista con recelo, no solamente por la recurrencia con que sus portavoces han instrumentalizado o saboteado debates multilaterales en el pasado –con miras a presentar al régimen chavista como una instancia abierta al diálogo y conseguir que la prensa mundial se enfoque en otros temas–, sino también porque, si lo que el PSUV busca es legitimación, por simbólica que sea, en la CELAC contaría con un respaldo más –el de Cuba– y dos adversarios menos que en la OEA.

“Yo entiendo esa aprehensión. Por otra parte, cada vez más intelectuales y políticos de izquierda, dentro y fuera de Venezuela, se distancian del Gobierno de Maduro al percatarse de que el suyo no es un proyecto político de emancipación. Esa tendencia salta a la vista. Yo no sé si esa decepción se reflejaría en una votación de la CELAC; pero creo que, en El Salvador, los detractores de Maduro tienen una buena ocasión para abordar y discutir ese tema. Esa cita no debería ser desaprovechada por quienes apuestan a la diplomacia”, opina Peters.

“Aún si la mayoría de los Estados latinoamericanos y caribeños le diera un voto de confianza a Maduro, todo lo que ocurre en Venezuela seguiría erosionando la legitimidad de su mandato y de la Asamblea Nacional Constituyente promovida por él. No creo que Maduro pueda salir apuntalado de esa cumbre de la CELAC, si es que llega a consumarse”, añade el especialista de Kassel. Ivo Hernández, de la Universidad de Münster, disiente completamente: “A una dictadura no se le debe permitir dictar pautas internacionales”.

CELAC: una cumbre, un tema y un voto por país…

“En su extrema fragilidad, la tiranía venezolana no se arriesgaría a dar un paso en ningún ámbito si no tuviera las barajas marcadas. La CELAC, con su sistema de “un país, un voto”, le brinda altas probabilidades de éxito a Maduro. Si Venezuela terminara siendo objeto de loas en esa arena, lo cual es factible dadas las características de la CELAC, eso sería una bofetada dolorosa para los Gobiernos democráticos de la región. Yo imagino que las Cancillerías más serias deben estar sopesando cómo responder a la invitación de Maduro”, señala Hernández.

El catedrático de Münster argumenta que a los países latinoamericanos con pasados autoritarios les interesa demostrarle al mundo que sus dictaduras quedaron atrás y que las discusiones necesarias giran en torno a políticas públicas y sociales, no en torno a si se debe tolerar o no a un régimen autoritario en el vecindario. “Además, los voceros de Maduro no están en capacidad de debatir nada; lo único que tendrían a su favor sería la eventual votación de una resolución en la CELAC”, asegura Hernández.

“Para discutir con la dictadura venezolana habría que buscar mediadores de peso y de una imparcialidad indudable, como Francia, por ejemplo, que ofreció sus buenos oficios hace poco. ¿Qué aporte puede hacer la CELAC que no pueda hacer la OEA, si en la CELAC hay más países actuando como cófrades que como Estados independientes dispuestos a ventilar ideas democráticas? Si lo determinante es la ausencia de Estados Unidos y Canadá, ¿por qué fue tan estéril la mediación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la cuestión venezolana?”, fustiga Hernández.

Evan Romero-Castillo/DW