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El feriado alternativo del 19 de abril
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FOTOGRAFÍA: ANDREA HERNÁNDEZ

Si Vicente Emparan, capitán general de Venezuela para 1810, hubiera intentado llegarse hasta la Plaza Bolívar en la mañana de este 19 de abril de 2016, habría encontrado todos los accesos cerrados por vallas metálicas y piquetes militares, ya una situación inicialmente sospechosa. Individuos con chalecos rojos firmaban listas de asistencia y posaban sonrientes mirando a pequeños espejuelos metálicos por los lados de la esquina de Gradillas. Quizás se habría topado con una marcha más bien famélica de militantes de un tal Partido Comunista de Venezuela con banderas de gallos y pancartas contra la “injerencia imperialista” (¿de Napoleón Bonaparte?). Si encontrara a los actores empelucados de Caminos de libertad,una dramatización histórica de óptica oficialista que ya muy esporádicamente se escenifica en la antigua Plaza Mayor, aumentaría su confusión. Más grave aún: no encontraría nada para comer, excepto unos chinos abiertos que venden ciruelas pasas a 100 gramos por 200 bolívares en la esquina de Monjas. ¿Bolívares? ¿Los criollos que viven en la esquina de San Jacinto? ¿Quéjeso?

Imagínate a Simón Bolívar bajando por el Camino de los Españoles y encontrándose con la monstruosa Caracas actual cubierta por la calima: tremendo comienzo para una película de ciencia ficción. Daniel Terán Solano, historiador y profesor de la UCV y la UCAB, hace el viaje inverso en la máquina del tiempo, desmitifica los acontecimientos del 19 de abril y responde algunas preguntas sobre cierta y frecuentemente falseada historiografía militarista. Quizás habría que empezar por recordar cómo era la ciudad capital para 1810: sin edificios, sin carros, sin celulares, sin redes sociales, sin leggins, limitada al oeste por una laguna en Catia, por el norte en La Pastora y el citado Camino de los Españoles, por el sur en el río Guaire (más o menos por Quinta Crespo) y por el este no más allá del actual Liceo Andrés Bello en La Candelaria. Petare, Chacao, El Valle, Macarao o Antímano son distantes poblaciones vecinas, además de unas cuantas haciendas de café y mataderos de vacas.

¿Qué sucede exactamente el 19 de abril de 1810?

“Es un día de manifestación de independencia de Francia, ni siquiera de España”, apunta el profesor Daniel Terán Solano. “La historia oficial, en especial la reciente, tiende a hablarnos de una conspiración abierta, consciente y deliberada, como si todo el mundo el 19 de abril tuviera una idea clara y precisa de que había llegado la hora de tomar el poder. En realidad los acontecimientos históricos nunca se producen de una manera tan premeditada. Para 1810 nadie está hablando de la independencia de Venezuela, ni siquiera se plantea. El 19 de abril es una reafirmación de fidelidad de la nuestra provincia a España y al derrocado rey Fernando VII, por el que había un genuino apego en tierras venezolanas. Se le veía como una víctima de la invasión napoleónica. Los mantuanos caraqueños estaban preocupados por la ocupación de España: estaban convencidos de que el capitán general Vicente Emparan era básicamente un agente de Francia. Siempre hay que recordar cómo se llama el organismo colegiado que depone a Emparan: Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. La gran importancia del 19 de abril es que se trata de un acontecimiento profundamente civil, a pesar de que recientemente se le ha querido convertir en cívico-militar. Además es una de las pocas fechas patrias no bolivarianas: Simón Bolívar, muchacho por el que Emparan sentía afecto, cumplía arresto domiciliario en San Mateo, por llamarlo de una manera muy severa. Digamos más bien que le habían pedido que se mantuviera lejos de Caracas”.

¿Cómo sería un calendario alternativo de feriados olvidados por la historia oficial?

“Toda república es la construcción intelectual de una élite con un sentido de propósito”, recuerda el profesor Terán Solano, que agrega: “Para 1830 tenemos patria, sí, pero la que había sido una de las colonias más importantes de España en América se había convertido en un país devastado, miserable y postrado, que había perdido un tercio de su población y todo su aparato económico después de la Guerra de Independencia (que, cabe recordar, debe ser vista más como una guerra civil que como un verdadero conflicto internacional). Lo único que teníamos para enorgullecernos era el sacrificio que habían hecho nuestros próceres. Se cargó el papel de lo épico, lo militar y lo violento, a pesar de la ironía de que ni el 19 de abril de 1810 ni el de 5 de julio de 1811 jamás fueron fechas militares. Al igual que una persona que no se alimenta bien y engorda, un país que no tiene una buena ‘dieta’ política, es decir, educación y práctica en las libertades cívicas, tiende a la búsqueda de militarismo o autoridades fuertes, por ejemplo el personalismo del culto a Simón Bolívar y de todos los que han querido sentirse ungidos por él: desde Páez, Guzmán Blanco. Cipriano Castro y Gómez hasta Hugo Chávez.”

“Nunca podremos acabar por completo con el colesterol del militarismo, pero sí podemos tratar de mantenerlo en niveles óptimos a través de la divulgación de la historia”, extiende la metáfora Terán Solano, que propone su calendario alternativo de festividades civiles que también deberían celebrarse:

  • 31 de julio de 1914. Revienta el primer pozo petrolero, el Zumaque I en Zulia, y cambia decisivamente la historia contemporánea del país, “a pesar de que algunos sólo se den cuenta de ello cuando van a echarle gasolina al carro”, apunta el historiador.
  • 13 de marzo de 1943. Relacionado con el anterior: se sanciona la primera Ley de Hidrocarburos en el gobierno de Medina Angarita: “Para bien y para mal, nace el rentismo petrolero”.
  • 14 de febrero de 1936. No solo se celebra San Valentín y los enamorados se regalan ositos de peluche con globitos. El fallecido historiador Manuel Caballero lo llamó el Día de la Democracia de Venezuela. En la práctica, fue la verdadera muerte del ya difunto Juan Vicente Gómez. Los habitantes de Caracas salen a la calle a manifestar contra las medidas represivas del gobernador Félix Galavís, que ordena disparar contra la multitud en la Plaza Bolívar.
  • 27 de octubre de 1946. Primeras elecciones directas, universales y secretas, las de la Asamblea Constituyente que aprobó la Constitución de 1947. Conviene recordar que antes de esa fecha solo votaban varones mayores de 21 años que supieran leer y escribir, y que en el siglo XIX, además, había que contar con bienes de fortuna y no poseer deudas (los tarjetahabientes estaríamos fregados).
  • 11 de abril de 1953. Aunque ocurre durante la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, la Constitución que se aprueba esa fecha significativamente sustituye el nombre de Estados Unidos de Venezuela por el de República de Venezuela. “Al menos nominalmente, se termina la ficción de un federalismo y una descentralización que jamás existieron en la práctica”.
  • 13 de marzo de 1964. Asume Raúl Leoni como presidente. Primera vez que un civil (Rómulo Betancourt) completa su período de mandato y entrega su cargo a otro.
  • 11 de marzo de 1969. Asume Rafael Caldera. Primera vez que a un candidato de oposición gana unas elecciones en Venezuela y el gobierno de turno le reconoce el triunfo.
  • 10 de septiembre de 1974. Nacimiento oficial de la Biblioteca Ayacucho: “Una de las grandes obras culturales de la democracia venezolana y de la historia latinoamericana”.
  • 19 de abril de 1983. Inauguración del Teatro Teresa Carreño. Primera gran sede específicamente concebida para las orquestas nacionales y para la actividad cultural en general.    

 

¿Por qué el poder legislativo suele quedar relegado en la historia venezolana y es equiparado más bien a una gallera?

“Las atribuciones del Poder Legislativo son enseñadas de manera muy somera en una única materia de la educación primaria”, lamenta el profesor Terán Solano. “La impopularidad del parlamento es uno de los problemas de nuestra formación cívica. Es vista básicamente como una institución inútil. Solemos tener la noción de que parlamentar es el arte de perder el tiempo, de que importa más la acción que la palabra. Se nos hace demasiado lento y complicado el acto de debatir entre voceros de ideologías diversas y ponernos de acuerdo para aprobar leyes. Tendemos a desear un hombre fuerte que se encargue de todo. Es lamentable que la gente olvide que Venezuela como nación nace de un congreso, el que se instala el 2 de marzo de 1811. Quizás la fecha más significativa del poder legislativo en Venezuela sea una funesta: el Fusilamiento del Congreso del 24 de enero de 1848 promovido por el caudillo José Tadeo Monagas, en las inmediaciones de la iglesia de San Francisco (sede parlamentaria antes de la inauguración del Capitolio en 1873). Al día siguiente del asalto tumultuario, Monagas decide mantener la apariencia de hilo constitucional, se restituye un parlamento asustado y se pierde para siempre el poder legislativo en Venezuela, reducido a notaría del Ejecutivo. Es una de tantas rutas equivocadas que ha tomado nuestra historia. Estoy seguro de que, a más de uno de los partidarios del actual gobierno le debe pasar por la cabeza como una idea genial”.

¿En la historia de Venezuela, Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra?

Aunque la tercera estrofa del Himno Nacional (Seguid el ejemplo que Caracas dio) resulte odiosa para los habitantes del interior del país, sometidos a cortes de luz que generalmente no afectan a los caraqueños, Daniel Terán Solano admite que sería casi imposible escribir una historia de Venezuela sin los acontecimientos de su ciudad capital. Empezando por el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811. “Curiosamente, hubo un momento luego de la Guerra de Independencia en el que Valencia, una ciudad muy parecida a Caracas, estuvo a punto de ganarle la competencia histórica como capital a su hermana. A Páez le gustaba Valencia y allí tenía una amante, Barbarita. Pero se impuso Caracas por su clima más agradable y porque siempre fue sido la sede tradicional de los poderes eclesiástico y militar”.

“Nuestra historia está llena de paradojas, y una de ellas es la relación de atracción y repulsión que genera Caracas para el resto de los habitantes de Venezuela: es la expresión de centralismo opresivo y de atraso, porque una nación verdaderamente civilizada debería ser federal y descentralizada, pero también es el lugar que íntimamente se admira porque ofrece avances materiales, trabajo y expresiones culturales. Desde la provincia se ha conquistado varias veces a Caracas para tratar de hacerla la capital de un país más nacional e integrado, como ocurrió a principios del siglo XX con la llegada de los montañeses andinos, casi equiparable desde el punto de vista de los caraqueños a la caída de Roma bajo los bárbaros. Hacía presencia la última y más abandonada región de Venezuela. Hasta ese momento teníamos un país extremadamente disgregado. A Caracas han llegado también para conquistarla presidentes llaneros, el último de ellos Hugo Chávez, pero todavía falta un maracucho”, recuerda Terán Solano. No ocurrió con Manuel Rosales en 2006, pero como símbolo de integración siempre nos quedará Lila Morillo.

El Estimulo