Nacional
Especialistas económicos: Hay fórmulas eficaces para atacar la hiperinflación que no se activan en Venezuela
Nacional

Venezuela lidera por quinto año consecutivo el ranking de países con la más alta inflación. Políticas públicas mal diseñadas y la ausencia de instituciones de control independientes han acelerado el alza de los precios a niveles nunca vistos en el país
Elizabeth Ostos | Distrito Capital | El Pitazo

Desde el punto de vista técnico, una nación puede declararse en hiperinflación cuando el alza desmesurada de precios de bienes y servicios supera el 60 % por mes. En Venezuela, la inflación de 2017 superó el 2.600 % y las proyecciones para 2018 son diversas, según el modelo de cálculo que se utilice. Algunos estiman que será del 10.000 o 15.000 %; otros advierten que superará el 20.000 %. En todo caso, el alza de los precios es de 0,3 % por hora y 2 % por día. En otros países de la región, ese 2 % es mensual o intermensual.

Para analizar el entorno macoeconómico, El Pitazo consultó al economista peruano-venezolano José E. Gonzales. Desde Nueva York, ciudad donde vive y trabaja, expone cómo fueron los procesos inflacionarios en América Latina y cómo se superaron.

—¿Qué antecedentes hay de hiperinflación en la región? Sabemos de los casos de Argentina, Bolivia, Perú… ¿Qué pasaba en los años ochenta con las políticas macroeconómicas de esos países?

—Los casos previos de hiperinflación en América Latina, en la segunda mitad de los ochenta 80, hasta entrados los noventa en algunos casos, se dieron en Bolivia, Argentina, Brasil, Perú y Nicaragua. Chile y Uruguay no pasaron por el proceso. La década de los ochenta fue particularmente difícil para la región. La moratoria unilateral de la deuda mexicana en 1982 dio inicio al ciclo de la crisis de la deuda externa en la América Latina y anunció el colapso fiscal en la región, lo que se llamaría luego la “década perdida”.

Añade el también colaborador de www.desdewallstreet.com que habiendo salido de una prolongada época de dictaduras militares, los gobiernos civiles que tomaron la posta en la administración del Estado, encontraron aparatos productivos desmerecidos, burocracias ineficientes, pobreza y sobreendeudamiento. En el ámbito internacional, los Estados Unidos se recuperaban de la recesión e inflación de los setenta con un modelo económico que pregonaba el “supply-side economics” (economía de la oferta), es decir, que, si se reducían las cargas fiscales a los sectores de alto ingreso y corporativos, la oferta de bienes y servicios se incrementaría y reactivaría el producto interno bruto y la economía. En su momento, tal tesis fue denominada “voodoo economics” (economía vudú).

“En ese contexto, los líderes reformistas de la región vinculados a la socialdemocracia implementaron políticas económicas en una suerte de “demand side economics” (economía de la demanda), argumentando que el aumento en sueldos y salarios, vía incremento de la base monetaria sin contraparte en reservas internacionales, generaría un ciclo de demanda que incrementaría la producción y reactivaría la economía. El argumento, entonces, era que los déficits fiscales no eran inflacionarios; sin embargo, el incremento desmesurado de las diversas masas monetarias, sin incremento en las exportaciones ni en las inversiones de capital para incrementar la producción, terminaron en ‘maxidevaluaciones’ e hiperinflaciones”, añade Gonzales.

—¿Qué pasaba con los gobiernos de turno? ¿Qué hicieron para enmendar la situación, incluso la dictadura de Pinochet, que cambió de paradigma económico?

—En esos años, América Latina en particular, y la política global en general, experimentaban aún las dinámicas de la “guerra fría”, que generaron polarización extrema y desmerecieron los esfuerzos reformistas de los gobiernos civiles. Así, sin cooperación constructiva de “derechas” e “izquierdas”, en el marco de un proceso transicional que tenía que lidiar con las presiones de acreedores externos y la ausencia de financiación, además de la presión del Fondo Monetario Internacional para implementar “reformas estructurales”, se impidieron consensos políticos que hubieran podido, acaso, impedir los procesos hiperinflacionarios. La dictadura de Pinochet obedeció a una dinámica distinta. El golpe de Pinochet fue en 1973, y para la aparición de los eventos hiperinflacionarios mencionados, Chile ya experimentaba otras dinámicas económicas.

—¿Y qué debe hacer el Gobierno de Venezuela para frenar la hiperinflación, que nos coloca a niveles de naciones africanas en cuanto a condiciones de vida?

—Toda inflación, en última instancia, es de naturaleza monetaria. La masa monetaria en Venezuela, que había crecido históricamente a niveles del 60 % por año, en términos generales, en la primera mitad de la segunda década de este siglo, ha incrementado su nivel de crecimiento a múltiplos de 100 % en el último año. La dinámica de crecimiento anterior a este evento no se dejaba sentir en la medida que los precios del petróleo se habían mantenido a niveles sustancialmente altos y en la medida que tanto la República Bolivariana de Venezuela como Petróleos de Venezuela tenían acceso a los mercados de deuda internacional. Con la caída súbita del barril de petróleo a menos de la mitad de su precio históricamente más alto, la reducción de la producción diaria de petróleo en el país por falta de inversión y mantenimiento en el sector y políticas de Estado tendientes a las nacionalizaciones, expropiaciones y desestímulo de la actividad privada, el crecimiento de la masa monetaria ha conducido a la economía del país al actual estado de hiperinflación.

Añade que “como con la fiebre, en lo que se refiere a hiperinflación, el proceso requiere de un enfriamiento absoluto de la economía, cesando la emisión monetaria y buscando reactivarla vía inyecciones de capital del último recurso que tiene la cuenta de capital en la balanza de pagos, que son las multilaterales, en tanto se realizan ajustes estructurales que promuevan la inversión extranjera y las exportaciones. En el caso venezolano es necesario reactivar la producción petrolera”.

—¿Es posible que la situación cambie con Maduro o se impone un cambio de modelo político, social y económico?

—Si primase una visión de pragmatismo en lo económico, sensibilidad en lo social y racionalidad en lo político, se podría cumplir aquel adagio según el cual la “política es el arte de lo posible”. Hay ejemplos históricos de giros de 180º en el manejo económico, siempre y cuando no se gobierne desde una perspectiva ideológicamente cerrada y haya consenso entre las partes involucradas en el manejo del Estado. Ahora bien, en el caso de América Latina y sus hiperinflaciones históricas, todos los ajustes y reformas hechas para acabar con ellas se dieron posteriormente a procesos electorales.

—En resumen, ¿un cambio de gobierno?

—Eso es lo que esperan los mercados financieros globales que lidian con la deuda externa del país.

Propuestas urgentes
El presidente de la comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, José Guerra, considera que Venezuela requiere urgentemente un plan de estabilización de su economía que detenga en seco la hiperinflación.

“El poder de compra del bolívar prácticamente despareció, por lo que hay que dar un golpe de timón en el manejo de la economía con la estructuración de un plan de ajustes que propicie las condiciones para un crecimiento de la economía que genere empleo y salarios que permitan a las familias vivir sin dificultades”, indica el parlamentario.

Guerra propone la activación de estas políticas:

• Es requisito fundamental estabilizar el tipo de cambio del bolívar respecto del dólar, para lo cual hay que poner orden en el Banco Central de Venezuela, evitando que este organismo siga financiando la voracidad fiscal del Gobierno.

•Ello, conjuntamente con una política monetaria sensata, hará posible detener la hiperinflación y hacer propicia la expansión de la economía.

•Al compás de estas acciones, debe refinanciarse amigablemente la deuda externa, para lo cual es vital un plan económico diferente del que prevalece actualmente.

•Diseñar y ejecutar una política petrolera que promueva la inversión y el aumento de la producción.

•Activar una política de captación de inversiones nacionales e internacionales, dando certezas de que la propiedad privada será respetada y de que habrá libertad cambiaria, de modo de que las operaciones generadas en bolívares puedan ser convertidas a dólares y repatriadas a los países de origen de los inversionistas.