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Estabilidad de Maduro y futuro de la oposición penden del éxito del diálogo
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Por tercera vez desde que fue proclamado presidente constitucional por el CNE en abril de 2013, Nicolás Maduro invitó a la oposición a “un diálogo constructivo para la acción, para la reactivación económica”. Lo que en regímenes democráticos es el estado normal de las relaciones entre poderes, sectores productivos y ciudadanos, en Venezuela depende de una invitación gubernamental.

Los dos primeros llamados no resolvieron las crisis que los provocaron: en 2013 los cuestionamientos a la legitimidad institucional y en 2014 la oleada de protestas en las que exigían la renuncia de Maduro. Ahora el motivo es una “crisis económica terrible”, que provocó unos resultados electorales aplastantes para el gobierno.

La única salida pacífica posible a la actual coyuntura, que ronda ya la crisis humanitaria, es el consenso entre el gobierno y la oposición para enrumbar el país hacia la recuperación económica. En ello coincidieron Miguel Martínez Meucci, politólogo y profesor de la USB, especialista en Conflicto Político y Procesos de Pacificación, y Javier Biardeau, sociólogo y profesor de la UCV, promotor del pensamiento crítico dentro del chavismo.

“El país está cayendo, y muy rápido. El diálogo hay que intentarlo, pero un diálogo con resultados; es el mandato popular. El 6-D fue un llamado a la rectificación del gobierno respecto a su política económica, y a los presos y perseguidos políticos. Se requieren visos de rectificación en esos campos”, afirmó Martínez Meucci.

“Estamos en un momento en el que se necesita un mínimo de transacción política entre los actores. Luego del 6-D hay una recomposición política del cuadro electoral que implica que los actores definan acuerdos básicos, para encauzar el país en la búsqueda de soluciones reales a los problemas que la gente reclama”, expresó Biardeau.
¿Quién lo necesita?. En ocasiones, sentarse a dialogar favorece más a una parte que a la otra. Ello depende de condiciones bajo las cuales se origina el diálogo y los objetivos que persiguen cada parte. En esta oportunidad, un buen resultado beneficiará a los dos actores y a la sociedad, señalan los analistas.

“En este momento el gobierno es el que más necesita que el diálogo tenga eficacia y calidad política. Si el gobierno no se acerca a una agenda de negociación concreta con la oposición y con el país opositor, su legitimidad política y gobernabilidad se pueden complicar. Porque la gente está evaluando negativamente la política pública, la gestión y la acción de gobierno”, afirmó Biardeau.

Martínez Meucci agregó que la oposición tiene que apuntar a un diálogo con resultados: “De lo contrario lo que pudiera pasar es que el país nacional se desilusione de toda su clase política. Porque ya está desilusionada del gobierno, pero pudiera desilusionarse también de la oposición si no ve resultados. Y eso llevaría a un vacío político muy peligroso. De entrar en la contemporización del gobierno en un diálogo sin resultados, el costo político para la oposición es perder el capital político que ganó el 6-D”.

¿Qué se requiere?. Los analistas explicaron que un diálogo fructífero descansa en tres pilares: respeto, reconocimiento y reglas de juego claras, plasmadas en la Constitución. Y en este escenario particular añadieron el factor tiempo.

“Hablamos de los tiempos de la política y los tiempos de una ciudadanía en emergencia. La MUD debe manejar un tiempo corto, quizá el primer trimestre del año y, si no hay visos de avance, considerar un cambio de gobierno por las vías constitucionales. Hay una urgencia nacional porque vamos rumbo a una crisis humanitaria de suma gravedad desde el punto de vista económico y el tiempo sí importa”, indicó.

Biardeau consideró un error hablar de lapsos perentorios, pero reconoció que los efectos de la negociación tienen que verse en el término de la distancia: “Ambos actores deben ceder en las expectativas sobre lo que pueden lograr a corto plazo. Pero conviene llegar a acuerdos compartidos, por ejemplo que si al cabo de un año el gobierno no resuelve o no se encamina a corregir el rumbo, se comprometa a adelantar elecciones, recomponer el cuadro político o facilitar el referendo revocatorio por mencionar algunos mecanismos”. Destacó que el diálogo debe ser sectorial, político e interinstitucional.

La experiencia de 2004

En un análisis retrospectivo sobre la Mesa de Negociación y Acuerdos de 2003-2004, (Politeia, junio de 2010), Miguel Martínez Meucci concluye que dicha facilitación logró cierta pacificación de esa crisis política, pero no logró modificar el origen del conflicto como lo era el enfrentamiento entre dos modelos de gobierno incompatibles.

En aquel entonces se logró el reconocimiento mutuo de los actores, bajó la conflictividad y se realizó el revocatorio dentro del marco constitucional. Pero los poderes públicos se plegaron a los intereses del presidente Hugo Chávez, no se concretó la Comisión de la Verdad sobre el golpe de abril de 2002 ni hubo desarme de la población, que eran exigencias centrales de la oposición.

 

Fuente: Maru Morales – El Nacional