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Felipe González: “La peor respuesta en un proceso de diálogo es dejar la silla vacía”
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El expresidente del Gobierno español asegura que ya Venezuela tocó fondo. “Ahora, el problema es saber hasta cuándo vamos a estar en el fondo y eso depende de las tomas de decisiones de ambas partes”. El líder socialista europeo aboga por un gran acuerdo nacional y le recuerda a quienes abrigan el pesimismo que “el cambio político en Venezuela ya se produjo el 6 de diciembre” Madrid se tuesta a 40 grados bajo la sombra, en un verano que advierten más caluroso que el anterior, y donde el tema dominante sigue siendo la investidura. Veinticuatro horas antes los españoles que despiertan con las tertulias de la radio confirmaron la noticia de que el partido de Mariano Rajoy se había alzado con la mesa directiva del Congreso de los Diputados, gracias a una extraña alianza con partidos nacionalistas e independentistas de derecha. Pero la faena no ha culminado. Para esta semana esperaban por Ciudadanos y PSOE, cuyas dirigencias se debaten en una reflexión política, que semeja más una pulseada de amigos en un bar que a un debate acerca de lo que más le conviene a ese país.

Bañado por el aire tenso de ese callejón que parece no tener salida, aparece Felipe González en su oficina donde da sus entrevistas. Sobreviviente y testigo de varias catástrofes de un oficio que reclama hechizo y picardía, el cuatro veces presidente del Gobierno español sonríe cuando se entera que venimos en nombre de TalCual, y tras asegurar que lo lee cada semana, desliza un gesto de cariño personal hacia Petkoff, salpicando su admiración con frases como “y esto que digo le va a gustar a Teodoro”.

—Escribió un artículo en el que parece tener pocas esperanzas en el proceso de diálogo, lo que en opinión de algunos dirigentes de la MUD, es una jugada de Maduro para comprar tiempo y hacer que venzan los plazos del revocatorio. ¿Es esa la única salida negociada a la crisis de gobernabilidad que existe en Venezuela?
—Es probable que en un diálogo haya una posibilidad entre 100 para que triunfe, pero ese 1% podría ayudar a resolver en parte los grandes problemas y para buscar más que una solución, un reencuentro, una reconciliación nacional. Por eso merece la pena explorarla. Lo he dicho: estoy en favor del dialogo, porque no se puede sostener más la situación que padecen los venezolanos. Nadie puede comprar tiempo porque el problema de Venezuela es que no tiene tiempo; por tanto, debe responder a los desafíos que hay. Ahora bien, para que haya un proceso con cierta mediación creíble deberían cumplirse pasos fundamentales. En principio las partes deben negociar, tanto oficialismo como oposición. Tienen que estar de acuerdo con facilitadores y mediadores. Y debe haber una propuesta de mediación de quien sea, puede ser del Vaticano o de mediadores asignados por organismos internacionales, pero la mediación es clave. Y lo fundamental es que todos deben ponerse de acuerdo. Yo viví la experiencia de la huelga petrolera, después del golpe contra Chávez. Me llamó Kofi Annan (entonces secretario general de ONU) para que fuera a Caracas a mediar. Yo le respondí que no me negaba, pero quería saber si Chávez estaría de acuerdo. Yo nunca he podido negarme a hacer algo por Venezuela, pero quería saber si Chávez aprobaría que estuviera yo. Efectivamente, Kofi lo contactó y luego me llamó para decirme “es verdad, Chávez no quiere que vayas”. Y allí estuvo instalado por meses César Gaviria, como secretario general de la OEA. En segundo lugar: identificar las materias que hay que pactar. Yo sugiero tres paquetes, los cuales se los dije a la Mesa de Unidad, porque ellos me lo pidieron: Un paquete institucional, donde se exija el desarrollo normal de las instituciones. Debe respetarse la división de poderes, con respeto a los derechos y obligaciones establecidos en la Constitución. En el diálogo hay muchos elementos que no son negociables. Como la recogida de firmas por más de 300 mil electores. No se le pueden cambiar los derechos constitucionales a nadie. Es un derecho y los derechos no son intercambiables. Otro, el restablecimiento de los poderes constitucionales elegidos por la población. El Ejecutivo debe aceptar que la Asamblea Nacional existe. Mire, acabo de leer la sentencia del TSJ y de cómo la anterior AN eligió unos magistrados express para sesgar competencias constitucionales de la nueva Asamblea. Es un irrespeto a la legalidad. Si la AN no tiene el mismo derecho de la Asamblea anterior se está irrespetando la legalidad. Las decisiones que ha tomado la actual AN han sido desechadas por el TSJ. Yo he contado 18 de las 19 presentadas por la Asamblea. Hay un círculo vicioso que rodea todas las decisiones de la AN. La Sala Constitucional cierra las iniciativas y decisiones del Parlamento. Ese aspecto es inconcebible. Es como si el Poder Legislativo no tuviera derechos ni competencias. Y eso pasa porque se ha hecho un enlace entre el Ejecutivo y TSJ. La Asamblea está sin competencias y eso es anticonstitucional. Repito un proceso de diálogo no puede pasar por encima de la Constitución. ¿Cómo es eso que no hay diputados en Amazonas? Es una anomalía y hasta peligrosa que ese estado siga sin representación parlamentaria. Hay un estado dentro de la gobernación. Amazonas está sin representación. Lo tratan como si fuera una colonia. No hay quién represente a esa población en la Asamblea.

-Hay un tercer paquete que no se debe dejar de lado en el diálogo y que agobia a los venezolanos: la inseguridad, el incremento de la violencia. Si no puedes salir a la calle sin saber que puedes regresar vivo, porque te pueden robar o te tiroteen. Todo el mundo se da cuenta del incremento de la violencia, además de soportar la falta de medicinas y alimentos. La gente vive en angustia permanente. Ese es el núcleo, eso es lo que hay que negociar. Se puede negociar y dialogar, poniendo sobre la mesa esos tres puntos importantísimos. Por eso la AN demanda al Ejecutivo que recojan las armas que tienen los colectivos, que regulen los OLP. Se puede portar permiso de armas, pero nadie puede pasearse por la calle con armas no legalizadas. Es eso lo que está desangrando a la población. Y eso lo agradecerían no solo policía y militares, que muchas veces son unos de los más afectados, sino la misma gente que apoya al Gobierno. La gente cree que hay una policía paralela. Pero el agravante aquí es que la población está viviendo una guerra cruenta. Por lo tanto es necesario controlar las armas. Eso lo va agradecer el país. Verían una luz de esperanzas. Si opera un control de armas se vería que en Venezuela, sobre todo Caracas, no estaría inmersa en esa guerra, como si fuera Damasco, que está en una guerra cruenta. No es posible continuar con esos proyectos. Es por las necesidades de la población por la que se debe dialogar, es algo institucional e instrumental. Eso lo demanda la Asamblea.

—Pero el problema no es solo político. La crisis económica se ha convertido en una crisis humanitaria…

—Es cierto. Los 30 millones de venezolanos están afectados por una gravísima crisis económica, por una situación de emergencia social alimentaria, que el gobierno niega. Pero, lo peor es que desde enero el Gobierno pide que le den plenos poderes al Ejecutivo en materia económica para la emergencia, entonces yo me pregunto. ¿Hay o no hay emergencia? Parece que sí. Es el mismo gobierno que pide poderes especiales. Y las causas y consecuencias de esa incongruencia es que existe escasez de alimentos y de medicinas. Hay crisis alimentaria y de salud, son las consecuencias de esta crisis. Pueden decir lo que sea… que el gobierno de Maduro fracasó, que los precios del petróleo han bajado, etc. Cada uno puede tener la opinión que sea. Pero la crisis es real, palpable, la sufren millones de venezolanos. Para completar le deben 60 mil millones de dólares a los chinos y ellos no están dispuestos a un default y por lo tanto al final van a tener que reestructurar la deuda. Mire, los chinos se definen como comunistas, pero saben que existe la inflación, la deuda y otros aspectos que le competen, y por ello exigen un acuerdo entre los venezolanos. Pero, sobre todo, esperan una política económica de mercado seria. Este sería el segundo paquete: económico-social.-¿Con estos puntos en claro, arrancaría el diálogo?

—¿Sólo así se puede ser optimista acerca del éxito del diálogo?
—Claro que se puede. Yo estuve en el proceso de diálogo con el gobierno de Milosevic, y mire que eso fue difícil. Se puede dialogar con todo el mundo, pero el problema es que la oposición no tiene nada que perder si tiene muy claro en qué consiste este proceso y exigir los términos ya nombrados. Lo que yo no haría nunca es practicar la silla vacía. Yo me sentaría, y ponemos sobre la mesa los problemas claros, de acuerdo a la Constitución.Hay que exigir que no se siga invadiendo competencias de la AN, a través del TSJ-Ejecutivo o Ejecutivo-Fiscalía. No se puede exigir que no haya presos políticos para tener un dialogo porque es de suponer que en una democracia no hay presos políticos, ni los que ellos llaman políticos presos. Hay que recordarles a algunos que en Venezuela el cambio político ya se produjo el 6 de diciembre.

—Se habla de una negociación para que Maduro salga sin grandes traumas.
—Eso no me preocupa. Lo que sí hay en paralelo son conversaciones. Todo este proceso que estamos hablando es un proceso fallido. Yo oigo de todo, porque he vivido de todo. Y uno sabe que cuando uno está fuera del país, fuera de su propia realidad, con la amargura del exilio ese análisis de la realidad con cierta frecuencia viene cargado de distorsiones: que si salida cívico-militar, salida militar, etc. Interpretaciones acerca de la designación de Padrino, entonces ya se piensa que es él que va a mandar. Pero son puras especulaciones. Es que le digo, un golpe de estado no conduce a nada ni de una ni de otra forma. Es mentira. Eso es como lanzar una moneda al aire, es aleatoria y que en vez de mejorar la situación la puede empeorar. Yo se lo dije a Chávez: “no estoy de acuerdo con los golpes de estado… ni con el que te dieron a ti, ni con el que tu diste contra Pérez”. Es obvio que dentro del oficialismo hay sectores que quieren que se acabe el mandato para que dentro de la representación se tenga un futuro. No me cabe duda. Pero todo debe ser respetando la Constitución, porque hay una verdad que el próximo año será peor y así sucesivamente. Porque la hiperinflación ya está estudiada, en todos esos países. La vivió Bolivia, Ecuador, Argentina y hoy el aparato productivo en Venezuela está totalmente destruido. Si no se actúa pronto esto empeorará.

—¿Qué siente, como amigo de Venezuela, al ver que un país con gran futuro parece tocar fondo, sin que surjan ideas eficaces de gobiernos de países vecinos para resolver esta emergencia?
—Es que Venezuela ya tocó fondo. El problema es hasta cuándo vamos a estar en el fondo y eso depende de las tomas de decisiones. Mi opinión, y por eso estoy en favor del diálogo, es que ese enorme desafío de salir del fondo y recomponer la institucionalidad política-económica-social es mucho más fácil de implementar si hay un consenso acordado para esas políticas entre Gobierno y oposición. El Ejecutivo tiene que ajustar el déficit. No se sabe cuánto es porque el gobierno no publica las cifras reales, aunque conocemos las cifras, porque hay organismos que publican toda la parte económica de los países. No hay que descuidar los bonos soberanos, los recursos de Pdvsa. Todo esto tiene que estar acompañado de una información básica. Pienso que habrá una reducción de gastos, etc, pero que debe excluir a los sectores más castigados de la población, a quienes ya no se les puede seguir reduciendo pues van a desaparecer. Tiene que haber una línea de dirección para no castigar más a los más débiles de la sociedad. Pero para llegar a una estabilidad el gobierno debe cumplir con un plan de ajustes dirigido en esos tramos. Es muy serio, bajar costos. Si no puedes hacerlo, porque la economía está paralizada y los ingresos no son en dólares, a pesar de que todo está dolarizado por el petróleo. Hay que atreverse, como por ejemplo a subir la gasolina. Pero, insisto, si no hay un gran acuerdo todo esto lo veo muy difícil. Mi esperanza es que Venezuela posee muchos recursos y capacidad de rebote, mucha capacidad de recuperación. Venezuela no es pobre de recursos como España. Además de sus recursos materiales están los recursos humanos. Hay en el venezolano una gran capacidad de trabajar, de estudiar, de transformar. Por tanto toda modificación de la política debe estar acompañada de una declaración a los venezolanos de que ellos disponen de una gran capacidad de trabajo y que no dependamos más de una supuesta renta petrolera, sino de la capacidad de trabajo, de la productividad, del empeño del venezolano por salir adelante. Esa es mi esperanza y mi apuesta.

MI AMIGO ZAPATERO
“Una cosa es el revocatorio y otra es el diálogo. Mi amigo y compañero Rodríguez Zapatero, que ha dicho que se puede hablar sobre el revocatorio, va a tener que hablar con las 395 mil personas que han firmado a favor del revocatorio, porque no es un derecho de ningún líder. Eso lo tienen que decidir aquellas personas que han firmado a favor del revocatorio y es un derecho constitucional. Lo que ha debido hacer el CNE es tramitar de acuerdo con la constitución la petición y la iniciativa del revocatorio y no lo ha hecho. Y cuando uno dice que el revocatorio lo puede perder o no perder. Se está pidiendo la revocación de una autoridad. ¿Se puede evitar esto? Claro que sí: si el Presidente de la República decide dimitir, se acaba el revocatorio. Igual, que discutir si hay elecciones de gobernadores a fin de año. Aquí no hay nada que discutir. Eso está en la Constitución, y violarían la Constitución si hacen lo contrario”.

Elizabeth Araujo/Tal Cual