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¿Habrá transición o cambio de gobierno en Venezuela?
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La hegemonía política de Maduro se monta sobre bases endebles, con focos de descontrol social e hiperinflación. La división es su secreto
Con unas elecciones presidenciales en ciernes se plantea la posibilidad de un cambio de gobierno en Venezuela. Desde la ascensión de la Asamblea Nacional Constituyente, (ANC), en agosto pasado, la administración del presidente Nicolás Maduro ha mostrado una hegemonía electoral, ganando tres elecciones, dos de ellas con ausencia de la oposición.

Sin embargo, su poder político está puesto sobre bases endebles.

Internamente, le presionan los focos de descontrol social, por desabastecimiento y la hiperinflación hace difícil el acceso de la población a los alimentos. Externamente, la coalición de países occidentales, Estados Unidos, Unión Europea y varios latinoamericanos, buscan cercar al gobierno desde el punto de vista financiero internacional.

Medido con las más recientes elecciones competidas con la oposición, el chavismo logró en los comicios para gobernador de octubre pasado, unos 5,5 millones de votos válidos, que no son muchos más de los que obtuvo perdiendo drásticamente en diciembre de 2015 en las elecciones parlamentarias.

A pesar de la hegemonía que exhibe en los hechos y en el verbo, el Gobierno no ha crecido en votos. Está electoralmente estancado. Ha ocurrido que la Mesa de Unidad Democrática (la opositora MUD) cayó también drásticamente en la elección de Gobernadores, de sus 7,4 millones de votos en 2015, debido a las divisiones internas en la coalición, y el mensaje abstencionista que mermó su propia votación. Obtuvo mayoría en solo 5 de las 24 gobernaciones.

Las elecciones presidenciales se realizarán el domingo 22 de abril. A pesar de que el Gobierno de Maduro exhibe una hegemonía institucional, a través de la Constituyente, que controla a todos los poderes del estado, la base social está seriamente afectada por el nivel de inflación que la opositora Asamblea Nacional calculó en 84% en el mes de enero y sobre la que no existe cifra oficial.

La hiperinflación aleja a la base social del Gobierno, del acceso a los productos de primera necesidad. Maduro ha respondido con diversos planes sociales y transferencia directa de dinero. Pero cada uno de los bonos que prometió y ha dado alcanza solo para comprar dos kilos de queso.

Paralelamente, el daño político por el estancamiento electoral de la alianza oficialista denominada Gran Polo Patriótico se intenta eludir con la creación de un Movimiento llamado Somos Venezuela, encabezado por la presidenta de la Constituyente, Delcy Rodríguez. Este grupo llevará tarjeta propia en las elecciones presidenciales de abril y, según los anuncios, funcionará con 24 redes distintas.

Un cambio de Gobierno o transición por la vía electoral pasa por recomponer la unidad opositora y cambiar los nuevos factores que condujeron a su abstención. Estos son:

1.       La emigración. Lo que ha venido ocurriendo desde 2016 es una aceleración migratoria, fundamentalmente de jóvenes y familias de clases medias, la cantera de votos opositores. En las discusiones del Gobierno y la MUD en República Dominicana, con la mediación del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los puntos fue abrir el registro electoral en el exterior y eliminar las trabas para que estos emigrantes puedan registrarse y votar en las elecciones presidenciales.

2.       La movilidad intempestiva y de última hora de electores de clases medias de un centro de votación a otro, que habría generado una abstención inducida. En Dominicana estaba resolver este punto sobre la mesa, y estaban algunos otros relacionados con las elecciones.

3.       La recomposición de la Unidad opositora a los términos vigentes en diciembre de 2015, del triunfo parlamentario, es otro factor que mermaría la abstención. En todo caso, reducir a un mínimo el poder de los radicales de la oposición, que no quieren elecciones, y hacer valer la vigencia de los moderados que, hasta ahora, son mayoría dentro de la alianza MUD.

El fracaso de las negociaciones en República Dominicana aun no despeja qué pasará con esa elección presidencial y si un candidato de la MUD o algún independiente enfrentará a Maduro, quien hasta ahora es el único candidato.

Transición por traspaso

Pero no solo por elecciones puede sobrevenir un cambio en Venezuela. Otro punto por el que puede ocurrir es el resquebrajamiento del chavismo, o que sus sectores reformistas negocien con los más moderados opositores. Sobre esto en los últimos meses ha habido tres llamativas deserciones: La ex fiscal general, Luis Ortega, el general (r) Miguel Rodríguez Torres, ex ministro de Interior, Justicia y Paz, y el ex presidente de Petróleos de Venezuela s.a. (Pdvsa) y ministro de Energía, y ex vicepresidente de Economía, Rafael Ramírez, quienes han abandonado el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) con altisonantes críticas a la conducción de Maduro, por desvío de los objetivos chavistas “que ya no representa”.

Atento a esto, el Gobierno de Maduro ha reaccionado intentando aplacar estas tendencias divisionistas, con fuertes sanciones. A Ramírez le fue abierta una investigación por blanqueo de dinero en la banca privada de Andorra. Incluso, fue ordenada una rogatoria internacional para dar con su paradero en cualquier parte de mundo.

Por otra parte, el ex ministro Rodríguez Torres, quien desde hace meses ha venido trabajando en pos de obtener la presidencia de la república, acaba de ser inhabilitado por un año para ejercer cargos públicos, en una gestión que se interpreta para dejarlo fuera del combate político candidatural.

Este mayor general creó el Movimiento Desafío de Todos, y asegura que “ha venido captando personas que debido al descontento que genera el presidente Nicolás Maduro se han sumado a nuevas iniciativas para alcanzar un cambio político”.

El caso de la ex fiscal Ortega es distinto, porque no es militante del Psuv aunque siempre actuó en la onda institucional chavista. Su esposo el diputado Germán Ferrer (Psuv) fue acusado de negocios y presunta extorsión con casos que adelantaba su esposa, y la actual fiscalía pidió su captura. Ambos salieron del país en agosto de 2017.

La ex fiscal actúa desde el exterior moviéndose para denunciar a Maduro y su gobierno, y es recibida por mandatarios electos y altos funcionarios de otros estados, lo que representa una invectiva más en el ámbito internacional en donde los opositores al régimen venezolano han logrado crecientes apoyos.

Para una transición pacífica o negociada, un traspaso del poder, los reformistas del chavismo deberían que ser más influyentes que los de línea dura, pero hasta ahora eso no ha ocurrido. La férrea conducción chavista se nota en los anuncios del presidente Maduro y en las medidas políticas de la Constituyente, encabezada por Delcy Rodríguez, hermana del principal negociador en Dominicana y ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez.

“Habrá elecciones con la oposición o sin la oposición”, sentenció Jorge Rodríguez y le repitió el presidente Maduro.

Los moderados dentro del chavismo que hace ya varios años se mostraron renuentes a las políticas de Maduro, como la ex ministra Ana Elisa Osorio, el general (r) Cliver Alcalá Cordones, y el diputado Eustoquio Contreras han sido presionados a salir del Psuv y señalados como “traidores” por el segundo a bordo del chavismo, Diosdado Cabello.

La opción militar

Otro tipo de transición posible es el que está relacionado con la actuación de la Fuerza Armada. Se trata de una institución que ha vivido una acción ideológica en su seno y que en el pacto cívico-militar de las últimas dos décadas que se ejerce en Venezuela, le ha tocado transformarse de un ente profesional a otro donde influye la consigna política socialista y la actuación de sus mandos en empresas estatales, algunas de ellas de exclusividad militar.

Los militares venezolanos han sido arte importante de todo este proceso político chavista y han ejercido la represión en los eventos protestatarios de 2014 y 2017, especie de intifadas caribeñas, cuyo caso acaba de abrir el 8 de febrero la fiscalía del tribunal internacional de La Haya para estudiar si amerita una investigación más amplia por presunta violación a los Derechos Humanos.

Entre las fuertes presiones que tiene sobre sí el gobierno de Maduro y la cúpula militar están las palabras del secretario de Estado de EE UU, Rex Tillerson, quien este mismo febrero recomendó a Maduro retirarse a vivir en una “linda hacienda en Cuba” y vaticinó que saldría “por renuncia o por golpe de estado”. Lo hizo antes de emprender una gira diplomática por Argentina, Colombia, México, Perú y Jamaica y en todas sus paradas habló del caso venezolano.

Estas afirmaciones de Tillerson resultaron rechazadas por el canciller brasileño Aloysio Nunes, quien dijo que solo puede haber un cambio mediante el pueblo venezolano. No seremos los de afuera los que hagamos eso”

Y ésa es la última de las posibilidades de una transición en Venezuela: a través de la vía militar nacional o

internacional. El propio presidente Donald Trump el 11 de agosto pasado dejó saber: “Tenemos muchas opciones respecto

a Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesaria”.

No pareció una declaración casual pues se dio precisamente a la salida de un encuentro con el secretario de Estado, Rex Tillerson, el asesor de seguridad nacional, H.R. McMaster, y la embajadora ante Naciones Unidas, Nikki Haley.

“Una operación militar, una opción militar es seguro algo que podríamos explorar”, dijo.
“Tenemos tropas desplegadas por todo el mundo en lugares que están muy lejos. Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo y está muriendo”.

El ministro de Defensa venezolano, general Vladimir Padrino López calificó esa declaración como “un acto de locura y de supremo extremismo”.

Las posiblidades políticas de que Trump llegue a jugar esa carta se ensanchan cuando se sabe que en marzo de 2015, año y medio antes de la declaración de Trump, el presidente Barak Obama emitió un decreto declarando a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria” y estableciendo una llamada “emergencia nacional”.

Aunque Obama se desdijo en 2015 explicando en una declaración de la Casa Blanca que “Venezuela no es amenaza para Estados Unidos ni Estados Unidos es amenaza para Venezuela”, el decreto no fue revocado oficialmente y para la administración Trump está vigente.

En síntesis, una transición en Venezuela solo será de inmediato si es por sustitución electoral, un candidato opositor que logre derrotar a Nicolás Maduro el 22 de abril. Otras formas de procesos negociados planteados son más lentas, incluso porque la vigencia de la Constituyente, que se atribuyó todos los poderes y que puede mandar sobre el Presidente de la República, es hasta agosto del año 2019. Así las cosas, el presidente que salga de este 2018 deberá entenderse con este ente al menos en sus primeros seis meses de mandato.

Carlos Subero /Venepress