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“La protesta contribuye a resquebrajar la unidad de la coalición dominante”
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Con una oposición que luce irreconciliable, Magdaleno resalta la importancia de arreglos mínimos y espacios de debate para alcanzar una transición democrática en Venezuela

Por: Andrea Tosta

Autoritarismo hegemónico restrictivo es el término que el politólogo John Magdaleno utiliza para describir el escenario actual de Venezuela. En términos pedagógicos, “un caso fuerte y severo de autoritarismo”, indica, donde la oposición mantiene el discurso de la lucha por garantías electorales, pese a los resultados del proceso conjunto ya divulgados por el Poder Electoral el pasado 20 de mayo, donde Nicolás Maduro resultó electo para el periodo 2019-2025.

Por tratarse de autoritarismo, Magdaleno considera “poco factible” que la petición de factores de la oposición se concrete mientras Maduro siga en Miraflores. Tanto la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como el excandidato presidencial Henri Falcón desconocieron la convocatoria del Consejo Nacional Electoral (CNE) y hablaron de nuevas elecciones presidenciales para finales de 2018, incluso con nuevos rectores a la cabeza del ente comicial.

Pero el estudio de 61 casos de transiciones a democracias le indica a Magdaleno que “tiene muy poco sentido” esperar que el gobierno de turno otorgue condiciones sin que se eleven costos, se inicie la fractura de la coalición dominante, se eleve la presión interna y se coordine simultáneamente la presión internacional.

El profesor especializado en Ciencias Políticas asegura que en el ámbito internacional “se está jugando bien”, aunque percibe lentitud en otros: “Si quieres fracturar a la coalición dominante tienes que perforarla, y para eso tienes que sentarte a hablar con algunos factores. No solo el gobierno, sino simultáneamente otros factores políticos y sociales”.

Y aunque hay quien se ofenda, Magdaleno recuerda que en sus investigaciones no ha encontrado un solo caso donde la abstención masiva haya sido detonante de una crisis mayor que pudiera dar pie a una transición a la democracia. Incluso, discute el cálculo que estuvo detrás de la opción estratégica que no movilizó a la población el 20 ni el 21 de mayo, pese a que los centros de votación estuvieron prácticamente vacíos en todo el país..

–A raíz de los resultados del 20 de mayo queda la duda de si esta fue la última oportunidad del venezolano para tener un nuevo gobierno a través del voto. ¿El venezolano perdió la oportunidad de cambiar de Ejecutivo el 20 de mayo?
–Es una pregunta bien pensada. Pudiera haber sido la última oportunidad de usar la elección como palanca para una crisis política mayor. Fíjate que ni siquiera digo la última oportunidad para tramitar la transición por la vía pacífica y electoral. Porque en efecto, siendo honesto intelectualmente, también ese camino estaba sujeto a riesgos y costos, como también lo está no haber participado.

Lo que los líderes políticos de oposición nos han vendido en el debate público es que un camino es más expedito que otro, y que uno ofrece mayores garantías que otro. Esto es falso.

¿Qué es lo que veo? En virtud de una larga tradición de cultura política en Venezuela –y también porque cuando el liderazgo político lo decide convierte a la elección en una oportunidad para movilizar socialmente a la población- se perdió esa oportunidad, de movilizarla de cara al 20 de mayo o al 21.

En mi opinión, la utilidad de la elección, incluso no competitiva en marco de un régimen autoritario, era un instrumento para detonar una crisis política mayor. Yo no estaba esperando que Falcón ganara o que el Gobierno lo reconociera esa noche, sino que fuera el detonante de una crisis política mayor que movilizara inteligentemente a la población.

Yo respeto la decisión individual de cada quien de cara al 20 de mayo. Es un derecho individual. Lo que yo sí discutí respecto al liderazgo político y su decisión es el cálculo que estuvo detrás de la opción estratégica que se escogió. Si el cálculo era, primero, desmovilizar a la ciudadanía, en mi opinión constituía un error. Si el cálculo era depender en lo esencial estratégicamente de la comunidad internacional, puede constituir un serio error.

Tengo un año y medio estudiando 61 casos de transiciones exitosas hacia la democracia. En uno de los hallazgos preliminares que encontramos, solo en 28% de los casos de transiciones exitosas a la democracia, la presión internacional fue el detonante o fue decisiva. Cuando nos ponemos a examinar caso a caso, caray, nos conseguimos que algunos procesos de transición fueron muy largos. La transición en Brasil duró 15 años; en Argentina 11 años; en Ghana alrededor de 20 años; en Sudáfrica no menos de 15 años. Y había presión internacional. Si tú confías en la presión internacional como el elemento esencial de la estrategia puedes tener problemas porque el proceso de transición puede durar mucho.

.–En ese punto, la estrategia de la MUD no ha sido del todo clara.

–No puede serlo porque no se puede revelar públicamente.


Precisamente. Al menos lo que se ve públicamente es que se están reagrupando y organizando de algún modo para volver a la protesta, mas no como lo vimos en 2017 porque no es su intensión. ¿Queda en manos de la ciudadanía a través de protestas la oportunidad de generar algún tipo de quiebre?
–Sin duda, no. No porque no lo desee, sino porque la ciudadanía sin organización no tiene capacidad ni recursos, no solo económicos sino institucionales para orquestar un proceso de mayor envergadura de organización social. La protesta y la organización social no son tampoco los detonantes finales que dan lugar a una transición a la democracia, pero contribuyen. Como también contribuye la presión internacional, yo no estoy subestimando su importancia.

La utilidad de la protesta social es que, primero, socava las bases de respaldo del régimen autoritario en la medida que el régimen emplee mayores dosis de represión. Eso contribuye a resquebrajar la unidad interna de la coalición dominante, de su cohesión, e introduce contradicciones internas en todo ese debate acerca del tratamiento que se le da a la protesta. Es un elemento contribuyente de una eventual fractura posterior.

La importancia de su pregunta radica allí, en que el liderazgo desarrolle la capacidad para organizar, articular, diversos intereses de sectores sociales.

Decía el maestro Samuel Huntington: “El que organiza su política controla su futuro”. Si la oposición lograra articularla entre distintos sectores sociales, la protesta popular podría ser un poco más eficaz. Son obvios los riesgos y costos de un eventual proceso de movilización social. Una segunda cosa que podría ayudar a las decisiones políticas de la oposición es no sobredimensionar las expectativas con respecto a la protesta. Eso es lo que ocurrió el año pasado. Se llegó a prometer que con la protesta se iba a tumbar a Maduro, que la marcha a Miraflores iba en algún momento, pero ¿no está entendiendo que está frente a un régimen autoritario, que va a echar mano de todos los recursos disponibles del poder como para evitar que usted no pase de Chacaíto siquiera? ¿No está entendiendo aquello a lo que se enfrenta?

En el 70% de los casos exitosos de transiciones que hemos examinado hubo protestas masivas. Se tiene la idea un poco tipológicamente de que como en los regímenes totalitarios se cierra la bóveda del miedo y las inhibiciones son totales, entonces no hay protestas. Pero resulta que en Alemania Oriental en 1978 hubo protestas masivas, igual que en la Unión Soviética y en Moscú. Pero tenían conciencia de los riesgos y costos a los que se exponían. Garantizaban organización, disciplina estratégica, se planteaban metas posibles de cumplir.

–Además de la ciudadanía, existe una organización que se aspira tener entre factores políticos de oposición. La Mesa de la Unidad invita a (Henri) Falcón, saliendo de estos comicios, a volver a la Unidad; pero el equipo de Falcón clama tener una nueva coalición con los partidos que lo apoyaron. Y por otro lado, tenemos a María Corina Machado con el movimiento Soy Venezuela. En este panorama, donde la oposición no ha podido unificarse en casi 20 años de chavismo, ¿es posible una unificación de fuerzas opositoras?
–Ese es uno de los más importantes desafíos de la oposición. Con que se establecieran unos mecanismos de coordinación, de enlace, incluso entre todos los factores que has señalado, me conformaría. Con algunos arreglos estratégicos básicos. Esto va a sonar un poco contraintuitivo, va a desafiar lo que mucha gente piensa sobre este tema, pero en las transiciones exitosas que hemos examinado hay cohesión total en la oposición, articulación estratégica, unos acuerdos, en el 20% de los casos. (Risas). En su defecto, en algunos de estos casos se dan arreglos mínimos.

También la unificación total plantea unos problemas. No estoy defendiendo la tesis de que estemos más divididos. Mientras la oposición esté más articulada, mejor. Lo que me interrogo es si eso es factible teniendo visiones estratégicas tan distintas del panorama venezolano.

Yo me conformaría, si no todos integraran la misma coalición –que sería lo deseable- por lo menos con que se diseñaran espacios de debate, luego espacios conjuntos de toma de decisión mínimos.

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–¿Es eso posible en este panorama?
–No lo sé, tengo que ser honesto intelectualmente. Hay un esfuerzo de organización de la Mesa de la Unidad. Dependerá de la habilidad y la madurez de todos los líderes políticos, de que se consiga un marco estratégico común, fruto de discusiones. Este último objetivo podría ayudar a serenar el debate público. Si para un líder político las redes sociales constituyen la referencia de la opinión pública, caray vamos a tener dificultades, porque entonces la gente no sabe cómo se producen los procesos de transición. Y no tiene por qué saberlo. No puedes esperar que todos sean politólogos o sociólogos.


Tomando el punto de que dependerá de la madurez de los líderes políticos, de su habilidad, de coordinarse entre sí para lograr al menos algunas metas, ¿si ya prácticamente no está en manos de la ciudadanía y si los líderes no terminan de articularse, qué quedaría para los venezolanos?
–No es que la ciudadanía no tenga nada que hacer. Tiene que organizarse. En Venezuela hace falta una gran red social de forma tal que nos comuniquemos con mayor frecuencia y mejor. No voy a dar detalles de esto porque no voy a dar pistas al régimen autoritario de cómo se produce, pero sí hace falta más organización y ahí la ciudadanía puede contribuir mucho, interesándose en los asuntos públicos, participando comunitariamente para facilitar el proceso de organización.

No es que si es deseable o no que haya mayor cohesión en la oposición. El problema es si esto es factible y la pregunta tiene mucho sentido porque parece que estamos entrando en una etapa en donde bloques o subcoaliciones de la oposición ponen en la calle sus estrategias y compiten alrededor de ellas.

Parece que estamos entrando en una etapa en la cual cada cual intenta quitarse la camisa de fuerza que puede haber representado la MUD. ¿Será posible conciliar este objetivo en donde simultáneamente hay estrategias competitivas al interior de la oposición y la necesidad de unos mecanismos mínimos de coordinación para grandes temas? No es un problema fácil de resolver. También tengo la misma interrogación, especialmente en un contexto en cual ya uno puede observar que hay estrategias competitivas en marcha que se están desplegando. Como si algunos de ellos pensaran “el que gane se lo lleva todo y, como la política que yo propuse es la que termina triunfadora, yo soy el fijador de las reglas del juego del nuevo régimen político, y por tanto soy el gran ganador”. ¿Eso es factible sin un mínimo de organización con otros factores? ¿No te interesa incluir a los otros como parte de la coalición ganadora? Son interrogantes que están en veremos.

.–A pesar de todo este panorama político opositor, tenemos un presidente que fue declarado reelecto por el Consejo Nacional Electoral para un nuevo periodo de 6 años y ya está avanzando con sus políticas, por ejemplo, la reconversión monetaria. ¿El gobierno de Maduro podría avanzar otros 6 años más en el poder, tal como está planteado ahorita?
–Después de lo que ha ocurrido en Venezuela durante los últimos 19 años, ya uno es más cauteloso con los pronósticos. En principio yo veo serias dificultades sistémicas. Ya no son solo problemas que va a encarar el Gobierno en sucesivo. Estamos entrando en una fase en que la agenda de temas irresueltos del régimen autoritario empieza a crecer, a abultarse. La crisis económica financiera interna, la presión externa. Lo que estamos viendo con la comunidad internacional es una estrategia destinada en el marco de la diplomacia coercitiva para asfixiar financieramente al Estado venezolano. Ese es el propósito. Eso, más el creciente malestar social derivado de la hiperinflación y la escasez que todavía persiste en el caso de algunos productos de la cesta básica. Veo que esto puede contribuir a un clima de mayor conflictividad social, que es lo que ya viene registrando el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social: aumento de las protestas, de los saqueos y conatos de saqueos. También una mayor conflictividad política. El cuadro de condiciones que yo veo que va a encarar el Gobierno en su conjunto es cada vez más complejo, lo que a mí me sugiere que vamos a entrar en la fase más represiva del régimen autoritario, su etapa más violenta. Lo digo en sentido laxo, no solo referido a la actuación de los cuerpos de seguridad del Estado.

Eso puede representar una oportunidad para que se produzca una fractura de la coalición dominante, pero para que eso se concrete, la dirección política opositora tiene que jugar con mucha habilidad. Tienen que sentarse a conversar en privado. Usted tiene que bajarles los costos de salida a algunos actores de los regímenes autoritarios y elevarles los incentivos a otros, si no, no cooperan.

Y no es verdad que nadie de allá adentro no coopera. En 51% de los 61 casos estudiados, la transición se promovió desde adentro. ¿Cómo es que no cooperan, si ellos mismos en más de la mitad de los casos promovieron la transición a la democracia? Lo que pasa es que confundimos los mensajes que envían el Primer Mandatario y otros voceros oficiales con lo que pasa dentro de la coalición. Esto debe ser un hervidero en este momento. Deben estarse engendrando contradicciones internas y en un régimen autoritario cada vez más represivo y violento no hace otra cosa que facilitar nuevas fisuras para una potencial fractura. Se puede aprovechar si la dirección política opositora procede con mucha inteligencia estratégica.