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Los venezolanos que emigran lo que piden es un trabajo digno
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La mayoría de los venezolanos que han emigrado por vía terrestre lo han hecho a través de la frontera con Colombia. Pero una misión de la Secretaría de Acceso a Derechos y Equidad de la OEA estuvo en marzo pasado en la frontera brasileña y constató que más de 3.000 venezolanos están viviendo en albergues en las ciudades de Boa Vista y Pacaraima

Por: María Fernanda Rodríguez

Betilde Muñoz-Pogossian es venezolana y dirige actualmente el Departamento de Inclusión Social de la Organización de Estados Americanos, ente adscrito a la Secretaría de Acceso a Derechos y Equidad. Ambas dependencias fueron creadas en el año 2015 con la llegada de Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA. El cargo anterior de Muñoz-Pogossian en esta organización fue el de Directora de la Oficina de Cooperación y Observación Electoral (2011-2014). Muñoz-Pogossian es doctora en Ciencias Políticas y se ha dedicado a investigar casos relacionados con los derechos de las mujeres, inclusión social, partidos políticos, sistemas electorales y democráticos.

En marzo de este año, una comisión encabezada por Mauricio Rands, Secretario de Acceso a Derechos y Equidad y Betilde Muñoz-Pogossian estuvo tres días en las ciudades brasileñas de Boa Vista y Pacaraima, ubicadas en la frontera de Brasil con el estado Bolívar de Venezuela. La visita respondió a una invitación del gobierno de ese país con el fin de que la OEA constatara y evaluara la situación de los venezolanos que han cruzado la frontera a pie sin más equipaje que su desesperación. Como resultado de dicha misión, la OEA elaboró un informe que fue publicado en el mes de abril y sobre cuyos hallazgos y conclusiones habló Muñoz-Pogossian en esta entrevista exclusiva para El Pitazo.

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–Actualmente usted dirige el Departamento de Inclusión Social de la OEA, dependencia adscrita a la Secretaría de Acceso a Derechos y Equidad de esta organización. ¿Cuáles son las funciones de este Departamento?
–La agenda social en la región es usualmente de la que más se habla, sobre la que más se discute, pero donde se invierte muy poco. Al menos poco en relación con al volumen de necesidades que sufren muchos de los ciudadanos de la región. Me refiero a necesidades vinculadas a derechos sociales y económicos tan básicos como la salud, la seguridad alimentaria, el trabajo, la seguridad social, la educación, entre otros, pero también el derecho a vivir sin violencia y discriminación por razón de género, etnia, raza, orientación sexual o identidad de género, edad, entre otros factores inherentes a la persona humana y de la diversidad que nos caracteriza.

Si ponemos atención, también vemos que la agenda social es parte no solo de las discusiones en las etapas electorales, y de las propuestas que formulan las candidaturas, sino que también es parte de los planes de trabajo y acciones de los gobiernos una vez electos. Esto es clave porque facilitar el ejercicio de los derechos sociales y económicos tiene todo que ver, y ya la evidencia de datos como los de la ONG Latinobarómetro así lo han demostrado, con los niveles de confianza que la ciudadanía tiene acerca de las instituciones, los líderes políticos y, ultimadamente, la democracia. Es decir, a mayor bienestar de la población como resultado de políticas públicas sensatas y efectivas, y su buen gerenciamiento, mayores serán los niveles de confianza de la ciudadanía en sus gobiernos, y en la democracia. Después de todo, y esto es algo que yo siempre resalto, ¿qué ser humano que tiene que proveer por sus necesidades básicas de vivienda o salud puede efectivamente ejercer sus derechos políticos e involucrarse en la cosa política en su país? ¿qué ser humano que debe garantizar la alimentación de su familia o que vive negándosele el acceso a un trabajo decente puede confiar en sus líderes políticos, y en la democracia como modelo? Esto es algo que debe preocuparnos.

En el Departamento de Inclusión Social de la OEA nos ocupamos de acompañar a los esfuerzos de los Estados miembros en el diseño e implementación de políticas públicas, programas y proyectos enfocados en la reducción de la pobreza, y pobreza extrema, la inclusión social de grupos en situación de vulnerabilidad como, mas recientemente, los afrodescendientes, indígenas y personas con discapacidad.

Explica la entrevistada que en vista de la relevancia y pertinencia de los temas de migración y refugiados, se han venido ocupando más fuertemente en consolidar el trabajo en esta materia a través de alianzas con entidades como la Oficina del Alto Comisionado por los Refugiados (Acnur, por sus siglas en inglés) y la Organización Internacional de Migraciones (OIM), entre otros socios clave. “El valor agregado que aporta la OEA en este campo es poder generar diálogos entre países, promover el compartir soluciones entre ellos y proveer asesoría técnica en los esfuerzos que los países hacen en materia de inclusión social”, precisó.

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Junto a las largas filas para surtir gasolina en Santa Elena de Uairén, decenas de venezolanos cruzan a diario a Brasil caminando con el objetivo de huir de la crisis que se vive en Venezuela | Cortesía OEA

–¿Y de qué manera trabaja el Departamento de Inclusión Social con los venezolanos que están tanto dentro como fuera del país
–En el caso de los venezolanos, nos gustaría mucho poder trabajar con los que están en el país precisamente para aliviar necesidades tan básicas como el acceso a una alimentación adecuada, o acceso a medicinas. Ya se ha venido documentando la crisis del sistema de salud y de acceso a alimentos que padecen los venezolanos y hay agencias que hacen el trabajo de campo y pueden materialmente contribuir a cubrir esas necesidades. Además de sumarnos a esos esfuerzos, nuestro rol es facilitar el apoyo regional y articular los esfuerzos que otros países puedan hacer en beneficio de los venezolanos. Dado que es un organismo intergubernamental, cualquier actuación que tengamos en un país debe ser coordinada estrechamente con su gobierno. Sobre el trabajo dentro del país, es importante tomar nota de que desde hace mucho tiempo la OEA no ha podido entrar a apoyar acciones de trabajo con Venezuela.

En el caso de los venezolanos fuera de Venezuela, creo que la OEA es la mejor posicionada para apoyar a los países que están recibiendo flujos masivos de venezolanos, bien sean migrantes económicos o refugiados, para organizar más efectivamente sus respuestas, definir regionalmente espacios de aprendizaje y para compartir soluciones. Creo también que una función clave de la OEA es visibilizar el carácter humanitario de la crisis, y los efectos potenciales que puede tener la no resolución de la misma para la paz y la seguridad en toda la región.

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–En marzo pasado usted encabezó una comisión que viajó a Brasil para evaluar la migración de venezolanos a las ciudades fronterizas con Venezuela de ese país. En el informe elaborado a partir de dicha misión se dice que el número de venezolanos migrantes en Brasil pasó de 3.425 en el año 2014 a 35.000 en 2017. ¿Cuáles son las condiciones en las que se encuentran esos venezolanos?
–Las observaciones producto de la visita de la OEA al estado de Roraima en Brasil revelan el carácter humanitario y urgente de la crisis en Venezuela, y el efecto cascada que puede tener para los países de la región. Estuvimos en dos ciudades del estado, la capital Boa Vista, y la ciudad de Pacaraima, fronteriza con Santa Elena de Uairén del lado venezolano. Todavía falta trabajar por identificar los perfiles de estos ciudadanos, sin embargo, fue evidente que son personas que provenían de una situación de pobreza y mostrando importantísimas carencias en materia de salud y alimentación.

En primer lugar, los venezolanos que están llegando a esas ciudades de Brasil tienen altos niveles de desnutrición. Aunque no necesariamente son todos, y esto habría que documentarlo para saber qué brechas hay que atender, la gran mayoría viene de padecer el acceso limitado a alimentos nutritivos y suplementos. Esto es más preocupante en los niños y niñas que están llegando, y por supuesto, los cientos de niños de la etnia Warao que están transitando hacia tierras brasileñas. En segundo lugar, muchos llegan portando enfermedades transmisibles, supuestamente erradicadas, y fácilmente controlables con vacunas. Solo en los 10 días que estuvimos allí observamos casos de sarampión, de tuberculosis, y de tosferina.

Finalmente, encontramos muchos venezolanos con enfermedades no transmisibles como diabetes, insuficiencia renal, o enfermedades cardiovasculares que, por no contar con tratamientos médicos, se hacen crónicas cuando son perfectamente tratables.

También observamos que son personas con muchas ganas de trabajar. Eso es lo que más piden: “un trabajo digno para no tener que depender de la caridad,” dicen muchos, y para poder sostener a sus familias en Venezuela con remesas económicas, pero también enviando alimentos o medicinas.

Muchos otros aludían a que con eso tendrían los fondos para mandar a traer a sus padres o a sus hijos, evidenciando que este fenómeno de la migración de venezolanos apenas comienza y que una nueva oleada podría incluir aquellos que migran por razones de reunificación familiar, más aún a medida que se agrava la situación de crisis.

Por otra parte, fue interesante constatar la generosidad del pueblo venezolano, aun ante la adversidad. En los albergues las personas guardaban sus pertenencias en espacios contiguos a las paredes de los gimnasios donde estaban sus carpas. Mientras que esas pertenencias eran ropa o artículos de uso diario, muchos otros eran alimentos, o artículos de higiene otorgados por Acnur o el gobierno de Brasil, que dejaban de usar para enviar a Venezuela. Esto a pesar de que las condiciones materiales en las que están llegando son sumamente precarias.

Quiero resaltar esto: la persona que migra o busca asilo en otro país usualmente llega con alguna partida financiera para estabilizarse al llegar al país de destino. Al menos para pagar el alquiler de algún espacio mientras consigue trabajo. Estos venezolanos están llegando sin nada. De ahí que arriben a Brasil completamente vulnerables y necesitados de que el gobierno de ese país los abrigue, los alimente, los vacune, y además busque cómo generar opciones de vida digna para ellos en ese país. Es mucho el peso que se está poniendo en este país vecino.

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Entre el 13 y el 23 de marzo una comisión del Departamento de Inclusión Social de la OEA visitó la frontera entre Brasil y Venezuela. En el lado brasileño constataron la presencia de cientos de indígeneas de la etnia Warao, la mayoría con padecimiento de enfermedades | Cortesía OEA

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–A propósito de ese peso tan grande que se está poniendo sobre Brasil con la migración masiva de venezolanos a su territorio, ¿cuáles han sido las medidas que ha tomado el gobierno de ese país para recibir a los venezolanos migrantes?
–La respuesta del gobierno de Brasil ha sido ejemplar. Se ha hecho un excelente trabajo de coordinación y logística para albergues y satisfacer las necesidades básicas de los venezolanos. El gobierno brasileño adoptó, a nivel federal, la Medida Provisional N° 820, que dispone medidas de asistencia para la acogida de personas en situación de vulnerabilidad derivada del flujo migratorio venezolano, reconociendo tal situación como “una crisis humanitaria de carácter emergente”. Para ayudar a coordinar el trabajo en la zona fronteriza, se estableció también un Comité Federal de Asistencia de Emergencias, responsable de las acciones de asistencia y acogida a los migrantes y refugiados en situación de vulnerabilidad. De esa manera, el gobierno de Brasil ha podido proporcionar albergue, identificación, acceso a salud, alimentos, entre otros servicios clave en esta situación de crisis.

Al llegar, los venezolanos son identificados biométricamente, sus documentos son revisados y se inicia la acción administrativa que les permite acogerse o al Permiso de Residencia Temporal (PRT), o al estatus de Refugiado. Con el PRT pueden permanecer en el país por dos años, y entrar y salir a Venezuela con la posibilidad de regularizar su Residencia Permanente en un periodo de dos años. Con el estatus de Refugiado lamentablemente no tienen la posibilidad de volver a Venezuela sin perder dicho estatus. Sin embargo, en ambos casos, y gracias a una ley migratoria bastante progresista, en cualquiera de las dos situaciones los venezolanos pueden gozar plenamente de todos los derechos y beneficios que también gozan los brasileños. Además de procesar sus documentos, los venezolanos también reciben una evaluación médica y se les administran las vacunas básicas y necesarias para garantizar su salud y la de las personas a su alrededor.

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–¿Y a dónde llegan principalmente esos venezolanos? ¿Dónde están ubicados los más vulnerables?
–Un primer grupo de venezolanos empezó a ocupar la Plaza Simón Bolívar en el centro de la ciudad de Boa Vista. Gracias a Acnur y al ejército brasileño ya fueron trasladados a un albergue con condiciones de vida dignas. Los albergues que se han habilitado son mantenidos con recursos materiales y humanos facilitados por el gobierno de Brasil, y administrados en cooperación con Acnur y otras organizaciones nacionales e internacionales. Hasta el mes de abril había ocho albergues establecidos y atendiendo a más de 3.000 venezolanos con necesidad de protección internacional.

La propuesta de Brasil es lograr lo que están llamando la “interiorización” de estos venezolanos. Este proceso consiste en trasladar a los venezolanos que estén clínicamente aptos, debidamente inmunizados y con situación migratoria regular a ciudades en el interior de Brasil con mercados laborales más robustos y que puedan generar condiciones para que inicien una vida digna en el país. Ya hubo los primeros viajes de interiorización los días 5 y 6 de abril con el traslado de 265 venezolanos a las ciudades de São Paulo y Cuiabá. De una caracterización general de la población venezolana albergada en Brasil, hay indicios de que, con los recursos apropiados y el apoyo institucional, un número relevante podría integrarse efectivamente en la sociedad brasileña. Ojalá esto pueda lograrse.

En la ciudad brasileña de Pacaraima, una Misión de la OEA visitó el abrigo “Janokoida”, donde están acogidos aproximadamente 600 indígenas venezolanos de las etnias Warao y Enhapa | Cortesía OEA

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– Una de las recomendaciones del informe es la invitación que se hace a otros países a que se sumen al consenso de reconocer el carácter de crisis de la situación humanitaria en Venezuela. ¿Con la participación de cuántos países se lograría ese consenso? Y, en caso de lograrse, ¿en qué beneficiaría a los venezolanos que han emigrado y a los que aún están en el país?
–Lo primero es empezar a tener una definición común de qué es una crisis. El Comité Permanente de Organismos sobre Asuntos Humanitarios (Inter-Agency Standing Committee- IASC) lo define como “un evento o una serie de eventos en un país o región que causan graves trastornos en el funcionamiento de una sociedad, lo que resulta en pérdidas humanas, materiales o ambientales que exceden la capacidad de las personas afectadas para hacer frente al uso de sus propios recursos. Una crisis puede clasificarse según su velocidad de aparición (repentina o lenta), su duración (prolongada) o su causa (peligro natural o provocado por el hombre o conflicto armado)”.

El problema es que una crisis puede ser un fenómeno subjetivo difícil de definir o más bien de llegar a un concepto tipo “talla única” para todos. Por ejemplo, Alemania recibió un millón de refugiados sirios en un corto período de tiempo, pero esto no fue etiquetado como una crisis, mientras que Curazao, vecino de Venezuela, recibiendo algunos miles de venezolanos lo consideraría una crisis.

Pero más allá de definiciones, ya los países de la región están acercándose al reconocimiento de que en Venezuela hay una crisis. Durante la Cumbre de las Américas prácticamente todos los líderes que se dirigieron al plenario se refirieron a la crisis que está ocurriendo en Venezuela. Unos con más fuerza que otros, pero lo hicieron. También en el seno de la OEA, el pasado 30 de abril el Consejo Permanente llamó una Sesión Extraordinaria de embajadores para analizar esta situación y para promover un diálogo constructivo que ojalá aterrice en apoyos y ayudas humanitarias a Venezuela para aliviar las necesidades más apremiantes de la gente. En esta sesión fue muy positivo que se pudiera tener una discusión con datos y evidencias empíricamente constatadas sobre las carencias en materia de salud y seguridad alimentaria, y se dio un paso más hacia ese reconocimiento.

El reconocimiento del carácter urgente y de crisis de la situación en Venezuela podría permitir consensuar la apertura de un canal humanitario para que los venezolanos en el país puedan tener acceso a alimentos y medicinas. También podría ayudar a que los países receptores de migrantes venezolanos identifiquen mecanismos más ágiles para facilitarles vías de ingreso y estadía en los países de destino, o facilitar el proceso de regularización de sus estatus. También permitiría organizarse y coordinarse a los países receptores entre ellos para poder atender estos flujos de manera más eficiente. Este reconocimiento permitiría además la disposición de partidas presupuestarias a los municipios y comunidades de destino, para que los venezolanos puedan tener acceso a los derechos más básicos que en estos momentos se ven afectados, como es el caso del derecho a la alimentación y el derecho a la salud.

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– El año pasado el gobierno de Venezuela anunció su retiro de la OEA. Sin embargo, tal y como lo demuestra la reciente misión a Brasil del departamento que usted dirige, la OEA sigue atendiendo desde distintos ámbitos a los venezolanos. ¿Cuáles son las acciones que la OEA puede tomar frente a la creciente migración de venezolanos?
–La responsabilidad de la OEA es siempre apoyar a nuestros estados miembros y a sus ciudadanos. A pesar de que Venezuela inicio el proceso para retirarse de la organización, dicho proceso todavía no ha finalizado. Por ello, seguimos atentos y dispuestos para colaborar con el país y proveer nuestros conocimientos, recursos y voluntades para prestar cualquier apoyo que ayude a mejorar la vida del pueblo venezolano. En nuestro rol articulador a nivel regional, y en cooperación con otros organismos multilaterales, también estamos a disposición de apoyar a los estados miembros en la atención a la crisis migratoria que estamos observando.

Con respecto a las acciones que la OEA puede encaminar, creo que algunas de las áreas de colaboración y cooperación en las que podemos incidir ayudarían a atender más efectivamente este éxodo venezolano. Por un lado, estamos en capacidad de liderar, en cooperación con otros organismos multilaterales, la recolección de datos y análisis del perfil sociodemográfico de los migrantes y solicitantes de asilo venezolanos en los países receptores de estos flujos, así como la evaluación de las necesidades específicas de esta población migrante y de las comunidades de acogida a través de metodologías participativas que incluyan a los propios actores clave. Solo conociendo las brechas se podrán diseñar acciones concretas para cerrarlas. Podríamos también apoyar en la identificación, análisis y sistematización del conocimiento disponible sobre las buenas prácticas, leyes y políticas para la recepción e integración de solicitantes de asilo e inmigrantes, y la promoción de un espacio regional para el diálogo e intercambio de esas soluciones o buenas prácticas.

Luego tenemos un efecto casi boomerang de la migración en los niveles que estamos viendo con los venezolanos y es la emergencia de prácticas y actitudes de discriminación y xenofobia en las comunidades receptoras. Yo siempre he dicho que los prejuicios se aprenden y también se desaprenden, es decir que con educación y con sensibilización la xenofobia se puede eliminar, o al menos reducir a la mínima expresión. En este sentido, desde la OEA podemos apoyar con el desarrollo y la difusión de materiales que puedan ayudar a crear conciencia sobre la población venezolana para evitar la discriminación y la xenofobia, al igual que, valiéndonos de nuestro importante poder de convocatoria, implementar espacios de diálogo con autoridades y actores relevantes en las localidades receptoras para combatir la discriminación y la xenofobia.

Los medios de comunicación tienen también un rol clave en perpetuar los prejuicios hacia lo foráneo o diferente. En este sentido, también nos encantaría poder promover espacios de diálogo con las principales voces de la opinión pública (radio, televisión, periódicos y otros medios de comunicación) en los países de destino de los venezolanos sobre los aportes de la migración, el carácter humanitario de la situación en Venezuela y de la necesidad de prevenir la discriminación y la xenofobia.

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El gobierno de Brasil, en conjunto con Acnur y el apoyo de otras ONG, ha creado 7 albergues distribuidos entre las ciudades de Boa Vista y Pacaraima que agrupan más de 3.000 venezolanos | Cortesía OEA

–Para finalizar, ¿se puede llamar diáspora a la actual migración de venezolanos?
–Tenemos que esperar y ver cómo se comporta este flujo migratorio. Sin embargo, si vamos a la definición del concepto una diáspora es la dispersión de un pueblo en diferentes lugares del mundo. Entonces, en estricto rigor, estamos sin duda presenciando el proceso de formación de una diáspora venezolana en países donde tradicionalmente han emigrado los venezolanos, como España, Estados Unidos y hasta Colombia, pero en otros apenas se están empezando a constatar estos asentamientos, como Brasil, Perú, Ecuador, Chile, Uruguay o Argentina. Nos toca también esperar a ver si estos asentamientos van a mantenerse y si veremos un desarraigo de estos ciudadanos con plena integración en los países de destino. Por ahora, podemos admitir que existe un creciente flujo de venezolanos en la búsqueda de mejores condiciones de vida y huyendo de su país para poder obtenerlo. Eso es un hecho innegable, y seguramente precursor de la formación de una diáspora venezolana.

EL Pitazo