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“Los venezolanos tenemos que llegar a la mesa de negociación”
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EWALD SCHARFENBERG / El País

Barquisimeto, capital del estado y cuarta ciudad del país, que desempeñó con anterioridad— en las planchas del chavismo, movimiento que le tenía por una de sus jóvenes promesas. Sin embargo, en pleno auge de la Revolución Bolivariana, en febrero de 2010, rompió públicamente con el comandante y su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) por diferencias de fondo que afloraron, según dice, a raíz de una disputa en torno a unos galpones industriales de Polar, la mayor empresa privada del país, que Hugo Chávez en persona quería expropiar.

“Me le enfrenté, y no fue por defender a una empresa en particular, sino por una defensa al aparato productivo nacional. Y el tiempo nos dio la razón”, explica durante una entrevista con EL PAÍS desde un hotel de Caracas. “Igual el tiempo nos ha dado la razón en otras áreas. ¿Recuerdas aquel diálogo con Maduro que televisaron en 2014 desde el palacio de Miraflores? ¿Recuerdas aquella frase que dije entonces? ¿O dialogamos o nos matamos? Ya nos estamos matando”.

Tras su defección, el chavismo le guarda la inquina que se le destina a un renegado. El mismo martes de la entrevista, en una transmisión por cadena nacional de radio y televisión, el presidente Nicolás Maduro le dedicó en público un dardo envenenado: “Que no venga Henri Falcón a decir que él es el centro democrático; él está incorporado al plan golpista”.

¿Qué está ocurriendo en Colombia? ¿Dónde terminó todo? Donde debió comenzar: en la mesa de negociación

A pesar de esos ataques que podría exhibir como condecoraciones frente al electorado opositor, y también a pesar de que junto a su partido Avanzada Progresista (AP) consiguió encajar en el alto mando de la Mesa de Unidad democrática (MUD), todavía un ala de la coalición antigubernamental no deja de verlo como un infiltrado, una célula durmiente del oficialismo que en cualquier momento pudiera activarse y causar quién sabe qué clase de daños desde el corazón mismo de la insurgencia.

Falcón atribuye esas percepciones a especies cocinadas en su contra, asegura, en “los laboratorios de las redes sociales” por rivales que verían con preocupación que “un provinciano, con una experiencia puesta allí a la orden de todos, pueda tener algún liderazgo”. Que haya sido suboficial del Ejército, del que se retiró como Maestro Técnico de Tercera, tampoco es algo que contribuya a disipar las dudas en torno a su figura. Insiste el Gobernador que su currículo y experiencia vital son mucho más amplias que eso: “Es verdad que fui militar, eso no lo puedo negar, así como tampoco voy a negar que vengo del chavismo. Pero también a diferencia de muchos, yo vengo de un barrio. Y también a diferencia de muchos, podemos demostrar que somos sensibles frente a la tragedia de los más humildes. Y también a diferencia de muchos tenemos obra que mostrar. Si yo pasé por las Fuerzas Armadas, pasé por la Universidad también. Soy abogado, tengo dos especializaciones, y tuve la oportunidad de estudiar Ciencias Políticas”.

Ahora resulta que ese itinerario personal, cuando menos se esperaba, empieza a parecer una ventaja para gestionar la actual crisis política, en cuya resolución tendrán rol importante los disidentes que ahora se deslindan del oficialismo. La transición, de ocurrir, no será fácil y demandará de sus líderes una condición ambidiestra para buscar apoyos en todos las franjas del espectro político. ¿Una oportunidad para Falcón? “No me veo asumiendo la transición del país. Pero nosotros sí creemos que hoy está en marcha un proceso transicional en Venezuela. Y que ese proceso de transición demanda un acuerdo de unidad nacional. Que, a su vez, genere un pacto de gobernabilidad para hoy y para después. Nosotros navegábamos solos en ese mar hace tres o cuatro años. Hoy todo el mundo que se expresa sobre Venezuela, habla de negociación, de entendimiento. ¿Cuáles son los caminos? ¿El camino de la confrontación? Ese solo nos promete muertes, luto, tristeza, decaimiento. Y el otro camino es el camino del acuerdo. Es el camino de la confianza, el camino de la tolerancia. ¿Qué ocurrió en El Salvador? Que se percataron de eso después de cien mil muertes. ¿Qué está ocurriendo en Colombia? ¿Dónde terminó todo? Donde debió comenzar: en la mesa de negociación. Allí es donde tenemos que sentarnos nosotros. Que digan lo que digan en Twitter, pero ya van casi cien muertos en 90 días de protestas”.

Reconoce que se ha reunido a hablar con la rebelde Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, “pero solo en términos institucionales”. Con ella, asegura, consiguió un punto de coincidencia: el rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente. “En mi criterio, la Constituyente es un arma letal para la paz del país. Primero, porque no va a resolver los problemas; al contrario, los va a agudizar. Y porque además puede generar una situación de mayor confrontación que nos puede llevar a una guerra civil. La Constituyente ahora no es la solución pero es, además, una complicación”.

A Falcón se le hace fácil identificar los motivos por los que importantes figuras se están separando del oficialismo pues, cree, son los mismos que le llevaron a hacer distancia en 2010: “El irrespeto a la propiedad privada, la política de intolerancia impuesta desde el Gobierno, el sectarismo como mecanismo de control abusivo de las instituciones del estado, el lenguaje procaz, el desconocimiento del adversario, y todo este concepto malentendido de la lealtad. Si uno se pone a revisar detenidamente esas características de hace ocho años atrás, no hay duda de que mantienen absoluta vigencia”.