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Nelson Garrido: “Aquí hay una gran memoria para olvidar”; por Hugo Prieto
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En el momento menos esperado se dio la respuesta a la intervención del gobierno, bajo el rimbombante nombre de Operativos de Liberación del Pueblo (OLP) en los barrios de Caracas. Un nuevo escalón en la espiral de violencia, la masacre de El Valle, donde murieron ocho personas, producto de un enfrentamiento entre bandas delictivas, que se disputaban el control de la venta de drogas. Una granada, rifles R-15 y pistolas calibre 9 milímetros. El revólver calibre 38 de la omnímoda Policía Metropolitana pasó a la historia.

“No quiero echármelas de visionario”, dice Nelson Garrido, fotógrafo y artista plástico, creador de la Organización Nelson Garrido, <un espacio para los que no tienen espacio>, que funciona en la urbanización Las Acacias de Caracas. “En 2001, hace 15 años, yo hice una obra que lleva por título El linchamiento de la Virgen María, ahí estaban los síntomas de los linchamientos que estremecen a la sociedad venezolana”.

Primero fueron noticia, ya no. Empezaron en los barios y a nadie le importó, pero actualmente suceden en las apacibles calles de Sebucán o Chacao.

Desde una postura que define como “agitador cultural”, Garrido pasa revista a la profunda crisis política y social que se ha instalado en cada rincón del país. Es un balance desolador que ha tenido eco en la plástica y en la fotografía.

Te reafirmas como “agitador cultural”. ¿Qué hay detrás de eso? ¿Una pretensión? ¿El deseo de romper con el estatus quo? ¿Qué hay detrás de esa carta de presentación?

Para mí, ante todo, es una carta anti poder. El agitador no tiene soluciones, pero sí es un elemento molesto para el poder. Mientras lo que yo haga sea molesto para las instituciones y para el poder, estoy siendo  agitador y no artista. A mí me parece que los artistas son como los bufones de la corte y yo no quiero hacer el papel de bufón. Prefiero auto etiquetarme, aunque no creo en las etiquetas, como agitador, porque al menos es una aproximación a lo que yo creo que debe ser un artista contemporáneo, en el sentido de que el silencio es complicidad. Agitar significa meter el dedo, desagradar al estatus quo. Eso es importantísimo, sino no tendría sentido lo que yo hago.

¿Qué tiene de subversivo su postura?

El problema es que hasta la palabra subversivo se ha puteado. Es muy difícil que por todo lo que uno luchó se transforme en institución… en poder. ¿Entonces? ¿Qué es lo que a uno le queda? Pues la militancia, la disciplina de saber agitar. Agitando en contra de toda forma de poder. Subversivo, revolucionario, todas esas palabras son como la bandera, la patria, cada vez más esas palabras se han ido devaluando a unos niveles extremos, en un momento donde no tienes una opción sino de ruptura. Se trata de ser cada día más no-no, de estar en contra del poder, de saber que hay coyuntura políticas, pero que todas las opciones que luchan por el poder son enemigas. Ahí no hago distinciones. Es quitar esta mierda para poner esta otra mierda. Lo que nos estamos jugando ahorita es regresar a una cierta institucionalidad con la cual tú tampoco estás de acuerdo. Ahorita la lucha es contra el poder fundamental, para luego meterse con los poderes que vienen después.

¿Qué hay de anarquista? ¿Qué hay de libertario en todo lo que tú propones?

Ya el anarquismo no es un movimiento, es un estado dentro de una situación mundial donde mucha gente está confrontando el poder, sin necesidad de autoproclamarse anarquista. El nuevo anarquismo no se puede definir <tipo Bakunin> dentro de un esquema marxista ni esas cosas, sino en millones de acciones anarquistas, sin ser “anarquistas”. O sea, yo soy anarquista sin ser “anarquista” y para mí eso es bien importante, ¿Por qué?, Porque no creo en la etiquetación, ni en la afiliación, ni en el encasillamiento, prefiero la palabra anti poder, en todas sus formas, en toda su diversidad.

Cuando hay una práctica, cuando hay una propuesta, sea cultural, política, social, o de cualquier otra índole, eso termina en un discurso, eso termina en una esfera, incluso, en una nomenclatura, convirtiéndose en una forma de poder. ¿Qué es lo que reivindicas tú? ¿El instante? ¿El hecho efímero?

No, el problema para nosotros, en estos países, es que la lucha con el poder es cuerpo a cuerpo. En un país como Estados Unidos, seguramente habrá quien se plantee el lujo de ser o no ser, aquí somos o nos matan. Aquí la lucha contra el poder es muy, muy, muy directa, entonces tenemos una lucha contra el poder cuerpo a cuerpo. ¿Qué pasa con los países del primer mundo? Es un poder “hipotético” que no lo tienes ahí, al frente. Aquí estás en medio del poder del terrorismo de Estado y el terrorismo de los malandros, entonces estás en una lucha cuerpo a cuerpo. Es como la contaminación.  A nosotros (la ONG), nos invitan a participar en un encuentro internacional de colectivos en contra de la contaminación. ¿Y cuál es nuestro problema de contaminación? Yo planteo: las balas. Nuestro hecho contaminante es un detonante. Es tu vida la que está en juego. No es el mercurio ni el peligro de extinción de las especies… los tiburones. Es que tú sales a la calle o te roban el carro o te matan. ¿Institucionalizar en un momento en que el Estado y los empresarios están en una crisis tan arrecha? Aquí no hay una instancia fascista más avanzada porque vivimos en el Tercer Mundo. El Estado no te jode más porque tal es el despelote que tiene. Es un fascismo tropical. Entonces, los márgenes de movimiento son mucho más grandes. Por eso me encanta vivir aquí, yo no podría vivir en otra parte del mundo. O sea, yo todavía sigo diciendo que soy estudiante, y me creen. Eso solamente pasa en Venezuela. Hay que verle también el lado maravilloso a todo esto.

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Nelson Garrido retratado por Elvira Prieto

¿Cuál sería la imagen de Caracas dentro de toda esta propuesta fotográfica?

No creo en una sola imagen, ni en la cosa simplista de tratar de llegar a una imagen. El problema de Caracas, evidentemente, es la violencia. En eso estamos claros. Sin caer en una cosa egocéntrica es una imagen como “Caracas Sangrante”. Ahí, yo determino una posición frente a lo que es Caracas. Es una imagen que hago en 1996, donde ya estaba esto montado. El gran problema es que la gente dice es que esto está pasando ahorita. No. Esta vaina viene del Caracazo. Y no ha parado. Ha ido en ascenso. No, lo que ocurre es que aquí hay una gran memoria para olvidar. Es la forma de calarse ese gran peo. Es como el photoshop, esa capacidad para borrar una noticia con otra, una masacre con otra. Aquí han pasado cosas gravísimas. Y siguen pasando pero la gente no tiene capacidad de lectura de lo que es Caracas. Y Caracas es una acumulación de todo eso.

¿Y la propuesta sobre el pensamiento único? ¿Esa serie fotográfica en la que hay una cara de Chávez hasta en el plato de comida? ¿Qué respuesta a nivel cognitivo, sensorial, produjo como síntesis?

Hay que ubicar el momento cuando se hace eso, por supuesto, cuando Chávez estaba vivo y ya estaba el trazo del pensamiento único, que es lo que estamos viviendo ahorita. O sea, toda la etapa de Maduro es la instauración del pensamiento único. Los ojitos de Chávez es una imagen que viene después de que yo hago <pensamiento único>. Esos ojos son un nivel de fascismo gravísimo, primero hacen los ojitos de Bolívar y en la propaganda los ponen con los ojitos de Chávez. Y chas, después se fundió Bolívar con Chávez. Esa es una vaina de fascismo, de pensamiento único… es que es impensable. Nos estamos enfrentando no ya a un problema político, sino a una nueva religiosidad. A un fundamentalismo religioso transformado en un hecho político. Entonces, el pensamiento único se ha ido arraigando, arraigando, arraigando y también aislándose, porque la Venezuela que nos están vendiendo, que hasta nosotros nos la comimos, no era así. Y se demostró, más allá del peo de la oposición, el 6 de diciembre. Y se podría demostrar en unas nuevas elecciones. A mí me sorprendió que algunos sectores chavistas, de manera muy autocrítica, dijeran que el problema de la información no se puede tapar con propaganda. Tú ves el canal 8 y esta vaina está perfecta. ¿Y las colas? Ah, es el pensamiento único y hasta los sectores chavistas se están cansando.

¿Cuánto tiempo duraría Nelson Garrido viviendo en un edificio de la Gran Misión Vivienda Venezuela?

Ni entro. A mí me parece que eso es un crisol sociológico gravísimo. Allí hay una mezcla de mucha violencia, de especulación, del que cree y el que no cree. Es un fenómeno que va a generar unos monstruos sociales impresionantes. Primero que son unos desadaptados al medio. Ahí está el caso de la avenida Victoria. Esa era una zona de emigrantes, de hijos de emigrantes, que tiene una dinámica social. Además, la arquitectura no se puede aislar de esa dinámica, de ese tejido social que se genera a nivel urbano. El nivel de vandalismo, de desadaptación. Es un problema grave. Y no lo digo de los que están ahorita, sino de los hijos que van a tener. Es como lo que pasaba en los barrios. Recuerda que en los barrios, en la época de Pérez Jiménez, era un tipo que venía del interior, se establecía culturalmente en una zona gocha, oriental.

Era Juan Bimba.  

Había un Juan Bimba que estaba en lo urbano, pero que tenía un recuerdo de la tierra. Y él durante épocas de vacaciones se regresaba a su terruño, donde había memoria cultural (bailes, comidas). ¿Qué es lo que está pasando en los barrios? Es la marginalidad. En América Latina hay mucha pobreza, pero lo que se ha creado en Venezuela es la marginalidad, como un subproducto del petróleo. Esa tercera generación, que ya no tiene ningún vínculo con el campo, pero tampoco pertenece a esa ciudad. Imagínate, como tejido social, lo grave que es eso. Y eso es lo que está pasando con la Misión Vivienda. Ahorita es el que viene del barrio, pero después de la segunda y tercera generación ¿qué va a pasar? Ese niño que nazca a qué tejido cultural, a qué tejido social va a obedecer. Hay un rechazo social a todo eso. No es que todos son unos malandros, todos unos ladrones, yo no me calo eso. Pero sí hay un conflicto social muy grave. ¿A qué colegio están yendo esos muchachos? Y los problemas de servicios se están agudizando.

Vamos a tener una ciudad distinta, pero que no podemos imaginar.

Es inimaginable. Y eso es lo más arrecho. Yo no veo a Caracas. Esto es una hibridación en el sentido negativo. Yo creo en las hibridaciones. Pero aquí el caos es la base fundamental de todo eso. Vamos hacia el caos y no sabemos qué tipo de caos va a ser. ¿Cuál es el gran problema? Salimos de Maduro. Esa es una pendejada. ¿Has visto cuál es la dinámica social de los venezolanos? Tenemos una vida social donde no hay referentes de ningún tipo. El problema de la violencia está en cualquier zona de Venezuela. Es como jugar cartas, ganas la mano, pero no ganas el juego. Sacamos a Maduro ¿y? ¿Qué viene después? La gente ha pensado en eso. Salimos del chavismo, perfecto. ¿Pero qué vamos a hacer con ese individuo que <bachaquea> para joder a su vecino? No es el capitalismo salvaje, es el vecino el que te jode vendiéndote 10 veces más caros los huevos y la harina PAN. Es el lumpenaje, no es el proletariado. Son totalmente diferentes.

Hablaste de la religiosidad que se ha creado en torno a Chávez, ¿cómo lo ves hoy, domingo de resurrección?

El país nunca ha sido tan poco religioso como ahorita. En el sentido de que el barco se está hundiendo y sálvese quien pueda. Vivimos sobre un polvorín. La gente se va a la playa a echarse palos, con lo que les queda o con lo que no tienen. Es un murito de contención a un peo que tienen muy arrecho. La gente no está pendiente de religiosidad, sino de que ahora estoy vivo.

¿Crees que el intento de convertir a Chávez en una figura religiosa va a tener éxito?

La gente asociaba al chavismo con el caso de Argentina, con el peronismo. No creo que eso vaya a pasar, dudé al principio. No me imaginaba que el chavismo era tan débil a nivel de fractura. Aquí lo que hay, y se nos sale el caribeño, es una capacidad oportunista, una apuesta a ganador. Nada que ver con el movimiento anarquista, con el movimiento obrero argentino que después cooptó el peronismo. No. Aquí todo el mundo era adeco. Adeco es adeco hasta que se muera. Juan Bimba y toda esa cantidad de vainas. ¿Qué se hicieron todos esos adecos?

Se convirtieron en chavistas.

Y esos son los mismos que se van a convertir a lo que venga. Porque el tipo es en la medida que pueda sacarle algo al Gobierno, y por eso pone la banderita y pone la velita. Pero cuando esta vaina caiga, nadie va a ser chavista. Salvo un puñado de creyentes. Pensé que el chavismo tenía un tejido social, pero no lo hay.

Nelson Garrido retratado por Elvira Prieto

Nelson Garrido retratado por Elvira Prieto

¿Cuándo hablas de debilidad en la fractura a qué te refieres?

Voy a dar un ejemplo. Cuando la reforma, cuando nos preguntaron si queríamos ser socialistas o no, y se olvidaron de eso, cuando Chávez rompió el cuadro de un puñetazo porque perdieron, ellos hablaban de 10 por el buche, pero según el resultado electoral, de cada cinco inscritos en el PSUV, tres votaron en contra del socialismo. Ahí es donde está la fractura. No es como en Argentina, el movimiento peronista crea organizaciones producto de las necesidades del pueblo. Aquí el PSUV es una imposición desde arriba. No es Ho Chi Min en Vietnam. Aquí es una vaina a realazos, con petróleo. Y el gran peo es que el que está con ellos ahorita, mañana puede no estarlo, porque no tiene de donde chupar. Y la gente se anota a ganador para ver qué le saca al gobierno. El pueblo venezolano es zamarro, producto de la experiencia, lo han jodido tanto que es zamarro. Aquí es ¡Banderita roja! banderita roja. ¡Banderita blanca! banderita blanca. Hay un pequeño grupo de radicales, pero no son las masas. Eso se comprobó el 6 de diciembre. Y no digo que la gente vote por la oposición, que no se lo crean. La gente está votando en contra, porque está harta de esta vaina.

¿Cuál sería la tarea de un no-no en estos momentos?

Yo creo que el país que queremos hay que organizarlo ya. No podemos esperar una etapa post Maduro. Hay que empezar a crear organizaciones naturales de la gente. Ya. Eso está pasando en el país. El desenvolvimiento de esto no lo determina el hecho de que esté o no esté Maduro en el gobierno. Un no-no no es un ni-ni, no puede estar quejándose. Al contrario. Es muy diferente. Un no-no es el tipo que cree y se activa políticamente. ¿Cómo estás tú interviniendo en ese cambio? Que tiene que ser muy profundo. Muy crítico. A mí me preocupa la superficialidad del venezolano. Todo es una risita. Venezuela es el país más feliz del mundo. Por esa risita estamos jodidos. Aquí hay que embraguetarse. El problema es que ni el gobierno ni la oposición le está pidiendo sacrificios a la gente, porque eso no es electoral. Pero aquí hay que hacer muchísimos sacrificios para poder echar pa’lante.

Hablan de sacrificio, pero que lo haga el otro.

Exactamente. Cuando yo llegué eso era del otro. ¿Qué vamos a hacer con los niveles de violencia? ¿Con los linchamientos? Aquí quemaron a un joven y uno de los participantes era una viejita que te saluda todos los días, que tenía en la mano un tarro de gasolina y gritaba ‘vamos a quemarlo, vamos a quemarlo’. ¿Y en las redes sociales? Bien hecho, hay que matarlos a todos.Esa puede ser una bola que no la para nadie. Nadie está dimensionando lo que está sucediendo.

Hugo Prieto

Esta entrevista fue originalmente publicada en Prodavinci