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Opinión: “La gira de Obama y el canje de Cuba por Venezuela” por Víctor Álvarez
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La política de apertura y distensión de Obama hacia Cuba tiene en EE.UU. poderosos enemigos internos, particularmente en la fracción republicana en el Congreso, quienes cuestionan lo que consideran una grave debilidad y entrega del Presidente de los EE.UU. Es previsible que a raíz de su reciente visita a Cuba, la oposición republicana se radicalizará con el fin de lograr notables compensaciones a cambio del levantamiento formal del embargo a Cuba por el que Obama públicamente se pronunció en su discurso en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

Recordemos que el reinicio de las relaciones diplomáticas no significa el fin automático del bloqueo contra Cuba -el cual es un mandato de las leyes Torricelli y Helms-Burton, las cuales solo pueden ser derogadas por el Congreso. Para allanar el levantamiento del embargo comercial, Obama quiere lograr el apoyo de los republicanos que controlan la mayoría parlamentaria a cambio de sanciones más severas contra Venezuela. Por eso ratifica y prolonga la vigencia del Decreto que declara a Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria”; y en adelante, Washington no desaprovechará ningún pretexto para aplicar las sanciones que esta declaración permite. Sobre todo, si por esa vía logra el apoyo parlamentario que necesita para derogar las leyes que soportan el bloqueo económico a Cuba.

A medida que se desmonte el Bloqueo, el gobierno cubano no podrá justificar los errores de las políticas internas. Por esta razón, Cuba acelera la modernización de su modelo económico. El parlamento cubano aprobó un nuevo marco legal para la inversión extranjera y los ministros del gobierno han desplegado una intensa actividad por países de Europa y Asia para promover las nuevas oportunidades de inversión. Esto también ha influido en el interés que tienen las transnacionales estadounidenses de no terminar desplazadas por las inversiones europeas o asiáticas. De allí su interés de normalizar las relaciones diplomáticas y propiciar un mayor flujo de inversiones para aprovechar las oportunidades que la isla ofrece en la extracción de níquel, energía, infraestructura y turismo.

Con el petróleo a un precio por debajo del estimado en el Presupuesto 2016, Venezuela parece condenada a sufrir el agravamiento de los problemas de escasez que viene arrastrando desde el año 2013. Para evitar un creciente malestar social que desemboque en una nueva derrota en las elecciones de gobernadores previstas para diciembre de 2016, el gobierno está emplazado a adecuar los acuerdos de cooperación energética a las nuevas restricciones presupuestarias. De hecho, Cuba está recibiendo mucho menos de los 100 mil barriles diarios de petróleo que hasta hace poco disfrutó y esto tendría un impacto semejante al que sufrió la isla en 1991, cuando colapsó el bloque socialista y dejó de recibir el 100% del petróleo que le enviaba la URSS. Sin energía el descalabro de la economía cubana fue inevitable y engendró una severa crisis social que se expresó en el éxodo de miles de cubanos en pequeñas balsas artesanales que con frecuencia naufragaban en las aguas del Mar Caribe.

Una crisis semejante es la que ahora el gobierno de Raúl Castro quiere evitar. Con la revisión de los convenios de cooperación energética Cuba está recibiendo un menor volumen de petróleo y esto se ha reflejado en una reducción de los médicos y técnicos cubanos.

A EE.UU. le ha preocupado sobremanera la influencia y liderazgo que Venezuela ha ejercido en la integración latinoamericana. Ahora que los precios del petróleo se han desplomado, Washington saca cuentas y tiene la certeza de que Venezuela no podrá mantener al mismo nivel los convenios de cooperación energética y poco a poco irá recortando el suministro y adecuando las condiciones de pago a las actuales restricciones presupuestarias. Así, el gobierno de los EE.UU. se propone aprovechar la debacle de los precios del petróleo para neutralizar la “petro-diplomacia bolivariana” y su gran influencia en los países que forman parte de PetroCaribe, el Alba, Unasur y la Celac.

Aparte de lo enviado a Cuba, Venezuela llegó a entregar más de 100.000 barriles diarios a los países de Petrocaribe. De esa factura, 40 % se paga en bienes y servicios y el 60% se financia a 15-20 años a 2% de interés. Esa política de cooperación tan solidaria y generosa fue imperceptible para la población venezolana mientras los precios del petróleo se mantuvieron altos. Pero ahora que los precios del petróleo han colapsado y el ingreso petrolero se ha reducido a un 25 %, el país ya no puede soportar el sacrificio que representa recibir como parte de pago mercancías que se pueden producir internamente y posponer a 20 años el cobro de las divisas que necesita para cubrir el componente importado, pagar la deuda externa y las indemnizaciones pendientes por las expropiaciones realizadas.

EE.UU. ofreció el año pasado a los países de Centroamérica y Caricom compensar las dificultades de PetroCaribe con un programa de cooperación energética, lo cual repercute en la influencia del Gobierno venezolano. Y como sabemos, sin importar las consecuencias que pueda tener sobre la unidad interna de Petrocaribe, Guyana autorizó la exploración de un bloque marítimo cuya zona superior está en aguas territoriales venezolanas. Y la ambivalente y acomodaticia posición de Caricom revela cual será la posición final de este bloque en la tensa relación de Venezuela con Guyana.

chuogonzalez

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