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Opinión: “Latinoamérica contra el populismo” por Alejandro Arratia
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Latinoamérica está reaccionando contra las políticas fracasadas y la doble moral de los líderes populistas. En Argentina, Venezuela, Bolivia, y ahora Brasil, hostigan con éxito a los regímenes devastadores del bienestar, la libertad y la paz. La derrota del peronismo (22/11/2015) dio la voz de partida. El pasado seis de diciembre el triunfo contundente de la oposición venezolana sentenció el futuro adverso del “marxismo del siglo XXI”. En este año (21/02) los bolivianos asestaron un NO categórico al continuismo de Evo Morales. En Brasil, la corrupción y la crisis de la economía están arrasando con el gobierno de la heredera de Luiz Inácio Lula da Silva. En Ecuador la contracción de los precios del petróleo, motor de la presidencia de Rafael Correa, coloca en entre dicho su futuro.

FHCHoy conversaremos de Brasil, un gigante en crisis casi crónica. En junio 2013 estallaron disturbios encabezados por los jóvenes beneficiados del “milagro social”, reclamaban mejoras en educación, sanidad, transporte, sistema electoral, seguridad, y rechazaban la corrupción. El mundial de fútbol aplazó las movilizaciones. Hacía falta un cambio que garantizara los innegables progresos sociales con el funcionamiento de la economía normal. Aprender del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), cuando el país entró en la senda de la modernización: economía abierta, competitiva, y rigor presupuestario. El Partido de los Trabajadores del Brasil y su líder Lula -admirador y aliado de los hermanos Castro, cómplice del bolivarianismo- rehusaron las demandas.

LulaEl 17 de marzo, hace dos años, tal día como hoy comenzó la operación Lava Jato (lava coches) considerada por Transparencia Internacional el segundo mayor caso de corrupción del mundo. El expresidente Lula da Silva fue detenido e interrogado a fines de la semana pasada durante tres horas por su participación en el caso Petrobrás. El Ministerio Público de Sao Paulo pedía la prisión preventiva. La policía ha registrado las casas de los tres hijos de Lula. Se acusa a Lula, su esposa y su nuera de participar en la trama de la corrupción. Donaciones al “Instituto Lula”, 5 millones de euros; ayudas a la empresa “LILS Palestras, que organiza las conferencias del ex presidente, 2,5 millones de euros; y varios inmuebles de lujo. El fiscal del caso declaró que son muchos los favores recibidos y es difícil de cuantificar.

Lula y VilmaEl líder reaccionó denunciando a los periodistas por las calumnias y anunció su candidatura para el 2018. Rousseff, que vive una situación política muy adversa, solo 10% de apoyo y un proceso de destitución en marcha, viajó a Sao Paulo para solidarizarse con su tutor y recibir los beneficios de los fieles del Partido de los Trabajadores (PT). El domingo (13/03) cientos de miles de manifestantes, en más de 200 ciudades, protestaron contra la corrupción que está destruyendo las instituciones. Dilma designo a Lula titular del Ministerio de la Presidencia, la maniobra le concederá foro privilegiado, las causas en su contra irán a la Corte Suprema y los procesos serán dilatados. Muchos recuerdan las palabras de Lula en los años de bonanza: “Petrobras es Brasil y Brasil es Petrobras”.

Dilma ahorcadaRousseff, reelegida en el 2014, arrastra en estos años la sombra de la corrupción; crece el paro y la inflación, la economía estancada en el segundo trimestre 2015 y una recesión anual de 3,8% del PIB. El 15/03 del pasado año, un millón de brasileros salieron a protestar. El Presidente de la Câmara dos Deputados, Eduardo Cunha, del PMDB, que gobierna en coalición con el PT –paradojas de la política brasilera- es el conductor del juicio contra la presidenta. La petición de impeachment se fundamenta en las prácticas poco transparentes: utilizar los bancos estatales para financiar proyectos sociales. La auditoría del Tribunal de Cuentas registra en los presupuestos 2014, irregularidades contables por valor de 1.728 millones de euros; además, existen indicios en las cuentas del 2015.

Los espacios públicos han sido tomados por partidos, movimientos sociales y ciudadanos cansados de la clase política. Cada uno tiene opiniones sobre el curso y la solución de la crisis. A pesar de las diferencias los manifestantes coinciden en que el Gobierno del PT es el más corrupto de la historia de Brasil, “hay que expulsarlos cuanto antes”. Los políticos deben encontrar vías expeditas para superar el momento, la población manifiesta cansancio y se oyen voces contra la derecha y la izquierda. No faltan los que piden la fundación de un nuevo partido integrado por gente “pura”, ajena a la corrupción. Brasil no es Bolivia ni Ecuador, eso es cierto, pero, con un poco de humildad las elites políticas deberían verse en el espejo de los países vecinos infectados de anti-política y sus consecuencias.

Manifestación

De los libros

<<En la civilización del espectáculo acaso los papeles más denigrantes sean los que reservan los medios de comunicación a los políticos. Y ésta es otra de las razones por la que en el mundo contemporáneo haya tan pocos dirigentes y estadistas ejemplares –como Nelson Mandela o una Aung San Suu Kyi- que merezcan la admiración universal.
Otras de las consecuencias de todo ello es la escasa o nula reacción del gran público hacia unos niveles de corrupción en los países desarrollados y en los llamados en vías de desarrollo, tanto en las sociedades autoritarias como en las democracias, que son tal vez los más elevados de la historia. La cultura esnob y pasota adormece cívica y moralmente a una sociedad que, de este modo, se vuelve cada vez más indulgente hacia los extravíos y excesos de quienes ocupan cargos públicos y ejercen cualquier tipo de poder. De otro lado, esta laxitud moral ocurre cuando la vida económica ha progresado tanto en todo el planeta y alcanzado tal grado de complejidad que la fiscalización del poder que puede ejercer la sociedad a través de la prensa independiente y la oposición es mucho más difícil que en el pasado. Y las cosas se agravan si el periodismo, en vez de ejercer la función fiscalizadora, se dedica sobre todo a entretener a sus lectores, oyentes y televidentes con escándalos y chismografía. Todo ello favorece una actitud tolerante o indiferente en el gran público hacia la inmoralidad>> (pp. 137-138)

Mario Vargas Llosa (2013): La civilización del espectáculo. Santillana. España
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chuogonzalez

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