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Para los venezolanos comprar comida es un asunto del azar
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Tener dinero, esperar el día de turno por número de cédula y gozar de suerte son los tres factores que deben combinarse para que los habitantes de las comunidades de 23 de Enero, Nueva Segovia, Cruz Blanca y Cruz Verde puedan comprar productos regulados. “O sea que si no tenemos dinero, no es el día y no salimos en el sorteo no comemos”, resumió la vecina Omary Pérez la incertidumbre de todas las semanas.

Por Marlyn Silva – El Impulso

Contrario a la organización en otros establecimientos de la ciudad, en el local ubicado en la calle Zamuro Vano, entre 23 de Enero y Nueva Segovia, donde la venta de productos regulados la controla, según los vecinos, el consejo comunal, la fila comienza a ordenarse a las 11 de la mañana y, luego de recoger las cédulas, eligen al azar los nombres de quienes podrán adquirir el artículo.

“Hacemos cola, llevamos el sol, pasamos hambre, necesidades y si no salimos en el sorteo no podemos comprar”, se quejó Pérez, quien junto con un grupo de vecinos pidió que se eliminara ese método y para hacer notable su inconformidad, ayer, cerraron la calle donde está situado el comercio pidiendo también la presencia del diputado Luis Jonás Reyes.

Al conjunto de condiciones, desde ayer, se sumó como requisito indispensable llevar un carné gestionado por el consejo comunal. Quien no lo tuviera, avisaba un cartel pegado en la pared del establecimiento donde se expenden los productos, no tendría oportunidad de entrar al sorteo.

Hace un mes, comenzó el proceso de asignación de la identificación con el fin de que en ese establecimiento solo compren habitantes de los sectores antes mencionados. Un intento de controlar las colas con el cual están en desacuerdo los consumidores porque ahora no pueden comprar en otros comercios, pues se les aplica la misma exclusión.

Los manifestantes aseguraron que quienes controlaban la cola eran miembros del consejo comunal. No obstante, defendió el contralor del consejo comunal, Anuar Almazan, los encargados no son miembros de la organización comunitaria sino de las Ubch.

Las vocerías del consejo comunal debieron renovarse hace dos años, pero no se efectuó. Incumplir con la renovación de cargos, dijo Ronald Vargas, le ha traído como desventaja a la comunidad ser excluidos de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) “porque ellas (voceras) tienen mala organización y las personas que distribuyen la comida dicen que cuando ellas salgan es que nos dan las bolsas de comida”.