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Steve H. Hanke: Maduro reprueba en economía
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Para el profesor de economía solo hay dos maneras de acabar con la inflación y establecer las condiciones estables que se requieren para llevar a cabo las reformas económicas tan necesarias en Venezuela. Una manera es deshacerse del bolívar y dolarizar la economía. 

 

Steve H. Hanke: De no adoptarse la caja de conversión (o la dolarización), Venezuela continuará inmersa en una espiral de muerte económica
 

Steve H. Hanke: Para lograr la estabilidad y enderezar la economía en Venezuela, debía detenerse la inflación ipso facto

Durante mi comparecencia en abril del  2017 ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos (EEUU), hice hincapié en que para lograr la estabilidad y enderezar la economía en Venezuela, debía detenerse la inflación ipso facto. Puede que la estabilidad no lo sea todo, pero todo es nada sin estabilidad.

Desde entonces, la inflación en Venezuela ha alcanzado niveles que rayan en la hiperinflación. Para comprender la magnitud de este problema en Venezuela, echemos un vistazo al gráfico de abajo. Este revela las tasas de inflación anual para el pollo. La tasa actual está por 771%. Nótese que el alza refleja el repunte en la tasa general anual de inflación implícita.

Solo hay dos maneras de acabar con la inflación y establecer las condiciones estables que se requieren para llevar a cabo las reformas económicas tan necesarias. Una manera es deshacerse del bolívar y dolarizar la economía. Esta opción la planteé en la revista Forbes en agosto. (Stop Venezuela’s Economic Death Spiral – Dollarize, Now [Detengan la espiral de la muerte económica en Venezuela y dolaricen ahora]).

¿Qué es la caja de conversión? La caja de conversión emite billetes y monedas convertibles a solicitud en un ancla monetaria a una tasa fija de cambio. Tiene bonos a bajo riesgo y que devengan intereses denominados en el ancla monetaria en forma de reservas. Los niveles de las reservas (mínimo y máximo) se establecen por ley y equivalen a 100% o un poco más, de sus pasivos monetarios. La caja de conversión genera ganancias a partir del diferencial entre el interés que obtiene sobre sus activos de reservas y el gasto de mantener sus pasivos.

Las operaciones de la caja de conversión son pasivas y automáticas. La única función de la caja de conversión consiste en cambiar la moneda local que emite por un ancla monetaria a una tasa fija. En consecuencia, la cantidad de moneda local en circulación se determina únicamente por las fuerzas del mercado, a saber: la demanda.

La caja de conversión no puede emitir crédito. No puede fungir de prestamista en última instancia ni conceder créditos a la banca. Tampoco puede conceder préstamos a las autoridades fiscales y las empresas estatales. Críticamente, la caja de conversión impone fuertes restricciones presupuestarias y una disciplina férrea en la economía.

La caja de conversión no requiere de precondiciones para la reforma monetaria y puede instalarse rápidamente. No hacen falta reformas en las finanzas gubernamentales, las empresas estatales y el comercio para que la caja de conversión comience a emitir dinero.

Los países que han empleado la caja de conversión han mantenido la convertibilidad de la moneda y generado tasas menores de inflación, menos déficit fiscal, menores niveles de deuda en relación con el PIB, menos crisis bancarias y tasas más altas de crecimiento real en comparación con los países con un banco central.

Es importante mencionar que, a la vuelta del siglo, la idea de la caja de conversión estuvo sumergida en la controversia. Gracias a Argentina. Lo que en Argentina se catalogó de “convertibilidad” se introdujo en abril de 1991 para detener la inflación. Y lo hizo. El sistema tenía ciertos rasgos de una caja de conversión: un tipo fijo de cambio, plena convertibilidad y mínima cobertura de reserva para el peso de 100% de su ancla monetaria, que era el dólar. No obstante, tenía dos grandes rasgos que la inhabilitaban como caja de conversión en términos ortodoxos. Primero, no tenía un monto máximo para los activos foráneos que detentaba el banco central en relación con los pasivos monetarios. Como resultado, el banco central podría dedicarse a actividades de esterilización y neutralización, lo que hizo. Segundo, podía detentar y modificar el nivel de activos internos en su balance. En consecuencia, la autoridad monetaria de Argentina podía instituir una política monetaria a discreción, y lo hizo de manera agresiva.

Por estas fallas, escribí un artículo que apareció publicado en la edición del Wall Street Journal del 25 de octubre de 1991. Allí concluyo que, a menos que Argentina asumiera un enfoque ortodoxo y enmendara la Ley de Convertibilidad, el sistema colapsaría. Y eso fue lo que pasó en 2002.

El colapso de la convertibilidad generó toda una industria casera de críticas. Sin embargo, en la medida en que el sistema de convertibilidad de Argentina permitió tanto la política monetaria como la de tipo de cambio, no era una caja de conversión, y esto es algo que la mayoría de los economistas no reconocieron. De hecho, una encuesta académica entre casi 100 economistas que comentaron sobre el sistema de convertibilidad concluyó que casi 97% la identificó erróneamente como un sistema de caja de conversión. Así, los que utilizaron el colapso en el sistema de convertibilidad en Argentina para emprenderla contra las cajas de conversión no sabían de lo que estaban hablando.

Así, ¿de qué manera puede la comunidad internacional apoyar la solución de la caja de conversión para combatir la inflación galopante en Venezuela? Para mí, la respuesta se remonta a 1992. En ese entonces, trabajé con el dirigente del Senado de Estados Unidos, Bob Dole, y los Senadores  Steve Symms y Phil Gramm, en la redacción de la legislación estadounidense que alentara a los países con monedas inestables e inflación desatada a instalar cajas de conversión. Esta legislación, la Ley Nº 102-391, se promulgó el 6 de octubre de 1992.

De no adoptarse la caja de conversión (o la dolarización), Venezuela continuará inmersa en una espiral de muerte económica. Olvídese de la retórica del presidente Nicolás Maduro: “Venezuela va a implementar un nuevo sistema de pagos internacionales y creará una cesta de monedas para liberarnos del dólar”. Efectivamente, el presidente ha reprobado cualquier examen de nociones de la economía que haya tomado.

El Universal