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“Venezuela dejó de ser una democracia”
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La mayoría opositora en el Parlamento de Venezuela declaró la ruptura del hilo constitucional por parte de los poderes públicos alineados con el partido de Gobierno. ¿Cabe decir que hubo un golpe de Estado en ese país?

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dejó los ánimos caldeados cuando partió hacia el Medio Oriente (20.10.2016) en busca de acuerdos para apuntalar los precios del petróleo: ese mismo día, el Consejo Nacional Electoral (CNE) –dominado por fichas del oficialismo– suspendió la segunda recolección de firmas a favor de un referendo revocatorio, pautada por la oposición para el 26, 27 y 28 de octubre con miras a interrumpir la gestión del mandatario antes de 2017. Luego de visitar Azerbaiyán, Irán y Arabia Saudita, el “hombre fuerte” del chavismo regresa a Caracas este lunes (24.10.2016) para hallar al país en ascuas y en la mira del mundo.

El CNE frenó el proceso plebiscitario después de que tribunales penales de varios estados venezolanos, liderados por gobernadores chavistas, invalidaran simultáneamente la primera recolección de rúbricas en respuesta a las denuncias de fraude electoral esgrimidas por miembros del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV): a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) –la mayor coalición de formaciones opositoras– se le acusa de haber recabado decenas de miles de firmas irregulares en abril de 2016 por temor a no obtener el número requerido de manifestaciones de voluntad.

Sin embargo, el antichavismo recaudó muchas más rúbricas de las 200.000 exigidas –equivalentes al 1 por ciento del padrón electoral– y el CNE dio por cumplido el primer requisito para solicitar la realización del referendo revocatorio en cuestión, tras haber rechazado las firmas de dudosa procedencia. Ese es uno de los principales argumentos de la MUD cuando refuta las imputaciones del oficialismo y denuncia la ilegalidad de la suspensión de la segunda recolección de firmas. Luis Emilio Rondón –el único de los cinco rectores del CNE que no está alineado con el PSUV– ha secundado la protesta de la oposición.

 “Golpe legalista”
“Yo no estoy de acuerdo con que sentencias de índole penal suspendan los efectos de los actos que ha venido celebrando legítimamente el CNE”, dijo Rondón el pasado viernes (21.10.2016) en entrevista con la televisora privada Venevisión, agregando que “los tribunales penales no tienen competencia sobre las actuaciones del Poder Electoral”. Rondón subrayó que la paralización del proceso plebiscitario por orden judicial es una arbitrariedad, considerando que el CNE cuenta con mecanismos propios para enfrentar situaciones irregulares. “Hay irregularidades en todas partes”, comenta Wolfgang Muno, de la Universidad de Maguncia.

“Vemos irregularidades desde Estados Unidos hasta Austria, donde la elección del presidente debió repetirse por ese motivo. Pero el CNE da la impresión de interpretar las leyes para beneficiar a Maduro. No parece haber razón para truncar el proceso revocatorio tan abruptamente como se hizo”, acota el experto en Política Comparada al ser consultado por DW. “Aunque la decisión del CNE sea legal, es tan ilegítima como la del Tribunal Supremo de Justicia cuando ordenó expulsar del Parlamento venezolano a tres diputados opositores cuya elección fue atribuida a irregularidades en las urnas (6.1.2016)”, asegura Muno.

“Esos diputados debían haber conservado sus cargos hasta que se comprobara el fraude que supuestamente les permitió ser nombrados parlamentarios. Estas y otras manipulaciones en que incurre el Gobierno de Maduro son antidemocráticas. Uno puede decir, sin temor a equivocarse, que Venezuela dejó de ser una democracia. Puede que en ese país no se haya consumado del todo un golpe de Estado, pero todo apunta a que el PSUV se prepara para atestarlo. El chavismo ha propinado un ‘golpe legalista’ para permanecer en el poder”, sostiene Muno. Fernando Mires, profesor emérito de la Universidad de Oldenburg, coincide con él.

“En las democracias latinoamericanas se han dado rupturas similares del orden constitucional, como la disolución del Parlamento peruano por parte del presidente Alberto Fujimori (5.4.1992), por ejemplo. Pero no recuerdo que se hayan registrado casos idénticos al venezolano: es posible que sea la primera vez, desde el inicio del siglo XX hasta hoy, que somos testigos de la suspensión de un acto electoral cuando ya se habían cumplido trámites para su realización”, señala Mires. A sus ojos, la mayoría opositora en la Asamblea Nacional tuvo razón cuando alertó sin eufemismos de ninguna índole (23.10.2016) que en Venezuela había tenido lugar un golpe.

“Lo que hemos visto en Venezuela es la confirmación oficial y explícita de que el régimen no está dispuesto a tolerar más elecciones donde él pueda perder. Desde luego, no estamos hablando del golpe clásico, pero esas son las formas del golpe de Estado”, añade el especialista. Hace algunos meses, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, enfatizó que la Carta Democrática Interamericana ya había sido activada para responder a la crisis político-institucional de Venezuela. ¿Cabe esperar que la posición de la OEA se endurezca y que se sopese la implementación de sanciones concretas sobre Caracas?

“Yo creo que eso estaría justificado y que sería tan efectivo como viable”, opina Muno. “En este instante, eso serviría de mucho. Lamentablemente, yo no confío en la probidad de los actuales Gobiernos latinoamericanos para acatar las exhortaciones de la Carta Democrática Interamericana. Si las sanciones no funcionan en Europa de cara a Rusia, ¿cómo van a funcionar en América Latina de cara a Venezuela? Los Gobiernos de la región prefieren actuar como si en Venezuela no pasara nada porque no quieren enfrentamientos; no quieren tener problemas con sus propias izquierdas, que en muchos casos siguen apoyando a la dictadura de Maduro. De ahí que emitan declaraciones tan vagas e insistan en llamar a un diálogo. Así logran desentenderse del lío venezolano”, critica Mires.

Evan Romero-Castillo/DW