Opinión
A propósito de Rosales
Opinión

Leocenis García

Conocí a Rosales en 2006. Él era entonces candidato a Presidente. El periódico La Razón me había encomendado entrevistarlo en medio de fuertes críticas que el periódico hacía por su amistad con Tobías Carrero.

Como suele suceder con los personajes públicos, unas decenas de adulantes intentaron impedir que lograra la entrevista. En mi empeño me ayudó esa bendición en mi camino, que siempre ha sido la periodista Lina Romero.

Rosales, me contestó preguntas incómodas incluyendo la de Tobías. Me quedé con la impresión -y así lo dice la introducción de aquella entrevista – que era un tipo parco pero franco. Una cosa extraña en los políticos que suelen vivir de la simulación y el engaño.

La segunda vez que lo vi en mi vida, fue la noche que el actual régimen me envió por sexta vez a los calabozos de la policía secreta (El Sebin), donde permanezco entre otras cosas por supuestamente recibir millones de dólares -léase bien- de Álvaro Uribe y financiar a dos estudiantes: Loren Saleh y Julio Rivas. Una patraña.

Rosales no había cambiado.

Seguía siendo el mismo tipo parco. Tenía en su celda (creo que era el único) una cámara que lo grababa día y noche hasta en el baño. Además la cámara recogía sus conversaciones. Me quedé perplejo por ese abuso a la privacidad. Adicionalmente prohibían que otros presos se acercaran a su celda.

De vez en cuando, discutíamos porque Manuel es un socialdemócrata y se escandalizaba cuando abiertamente yo le decía que había que privatizar Pdvsa, los aeropuertos y que el Estado no podía meterse en la economía. Él defendía un Estado de Bienestar y las políticas sociales. Nunca estábamos de acuerdo.

No sé -porque era un tipo muy reservado-, si hubo o no, negociaciones para que saliera. Lo que sí sé es que llevaba un año preso, y siete de exilio, producto de un juicio que según el magistrado Eladio Aponte había sido ordenado por el fallecido Hugo Chávez. El principal testigo se desmintió.

También sé que varios presos estaban pulsando porque alguien pudiera interceder ante el gobierno por ellos. Sobre todo los presos que no salen en la prensa y que pasan los cien, según el Foro Penal.

En el Sebin hay casos escandalosos como los de los diputados Rosmith Mantilla, Renzo Prieto, Carlos Melo, Leopoldo D’Alta, Alejandro Zerpa, Vilca Fernández, Víctor Ugas, o Nixon Leal. La lista es larga y dolorosa.

Para mí son héroes que han pagado muy caro su compromiso con la libertad y la democracia.

En el camino hubo encuentros y desencuentros. Manuel siempre planteó que el dialogo y la negociación política era la única forma de hacer retroceder al régimen y hacerlo aceptar el camino democrático. Jamás ocultó que respaldaba la gestión de Zapatero. Lo escuché insistir que había que lograr que el Gobierno no pudiera eludir una consulta electoral.

De hecho un grupo, una comisión de familiares de presos se reunió con Zapatero. Otros presos, vinculados a un partido desistieron de ir a la reunión en solidaridad con lo que creían era la posición de este partido. Horas más tarde el país supo que un representante de este partido se había sentado con representantes del gobierno previo a la enorme jornada cívica de la Toma de Caracas.

He leído por prensa todas las especulaciones que rodean la medida de casa por cárcel de Rosales. Y como dijo Bony de Simonovis “casa por cárcel, sigue siendo cárcel”. Manuel al igual que Simonovis, Víctor Manuel García o Ledezma sigue siendo un preso político de este régimen.

Todos los que en algún momento hemos recibido alguna medida, lo hemos hecho por disposiciones políticas o mediaciones; en Venezuela no hay justicia, sino un Para Estado como bien lo define el doctor Diego Arria y el General Raúl Isaías Baduel.

Cuando mi hermano Iván Simonovis (para mí el preso más torturado de este régimen) recibió una medida de casa por cárcel, Elías Jaua conversó con la valiente Bony. Cuando Ceballos fue a su casa se habló con Iris Varela. Cuando yo fui a mi casa se habló con Tarek William Saab. Y como es evidente, ni Simonovis, ni Ceballos ni yo, somos chavistas. Enfrentamos este oprobioso régimen y a sus juristas del horror, cuyo catecismo es el de torcer la ley para ponerla al servicio de fines oscuros.

Pudiera poner más ejemplos como el de Ledezma. ¿Alguien puede decir que Ledezma, bastión inigualable de la resistencia democrática ha traicionado el país, por ser suegro de Andrés Izarra? ¿No intentaron desacreditar a Henry Ramos vinculándolo a los Bolichicos, cuando fue Henry el primero en denunciar a Leopoldo Betancourt y Rafael Ramírez?

No perdamos el norte. No nos dejemos influenciar por los generales del teclado que se esconden y nunca dan la cara. No permitamos que ese sentimiento oscuro de la calumnia y la crítica emocional destruyan a los nuestros. No olvidemos que fueron esos sentimientos los hacedores de la realidad que hoy tenemos.

No olvidemos que los capitanes de los micrófonos y de la tinta arengándonos a destruir los partidos no importa lo bueno que hicieran, nos llevaron hasta este lugar donde hoy estamos como un barco a la deriva azotado por las tempestades que nosotros mismos creamos.

Lo de Manuel para mí no es nuevo. Lo vi con Baduel que pagó ocho años de prisión cruel y humillaciones, y todavía había gente que decía que aquello era un acuerdo con el señor Hugo Chávez. Al mismo Leopoldo hubo quien dijo que él mismo se había buscado estar preso para obtener centralidad y desplazar a Capriles.

A quienes fabricaron las mentiras de ayer, no debemos creerles las de hoy.

Mi hija menor, Sophia viene cada domingo a visitarme. Compramos chocolates y pinté la celda para decirle que esta es la oficina de su papá. Cuando se va me dice: “Papi vamos”. Cada semana le mentimos. Ella tiene dos años y medio.

Yo puedo por algún tiempo disimularle a mi hija menor que no puedo ir a casa porque soy un preso del señor Presidente de la República. Manuel en cambio, debía despedir a su hija de ocho años, entre lágrimas cada semana. Hay que ser un verdadero miserable, para criticar que Rosales esté ahora en su casa con su familia.

Manuel está como estamos todos en esta Venezuela, presos. Nuestra nación es hoy, una enorme celda.

Y más temprano que tarde el país tiene que enrumbarse, la justicia regresará y podremos en un acto dinamitar El Sebin.

Ese será un acto de honor a las víctimas. Sera un homenaje al hombre libre. Y así volveremos cenizas el último capítulo del abuso del poder contra los derechos civiles y humanos.

Yo celebro que Manuel no esté ya aquí. Y celebro que queden solas las celdas del chavismo que serán recordadas en un futuro no muy lejano como campos de concentración para amarrar a hombre que jamás pudieron encadenar su espíritu.

Pedimos la libertad total de todos los prisioneros políticos del país.

Dios y Miguel nos den la victoria.

Dossier 33

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