Opinión
Antes que el final nos alcance.
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La unidad ya no puede ser vista exclusivamente como un medio para sumar opositores y ganar unas elecciones. Más bien, el tema interroga hoy al gobierno tanto como a los partidos, a las instituciones, organizaciones y ciudadanos sobre si efectivamente existe una disposición a ponerle el pecho a la  crisis y voluntad para trabajar en conjunto en superarla. Ya unos y otros lo sabemos, aunque no queramos admitirlo: la extensión y profundidad de las crisis requiere mucho más que respuestas hemipléjicas.

La pluralidad, calidad y objetivos del cambio dejarán de tener asidero a medida que se generalice la desesperación y tome cuerpo un sálvese quien pueda que nos ponga a pelear a dentelladas por un alimento o una medicina. Los saqueos, aislados y fragmentarios,  son el meñique del caos que contenemos.

La falta de opciones es resultado de la desacumulación de fuerzas en la oposición y de la imposibilidad del régimen para aportar soluciones a una crisis que es consustancial a su naturaleza. La pérdida de lo que la MUD había ganado, por obra suya, la devolvió a la condición de minoría electoral y política. Una posición que comparte con el gobierno cuya influencia tiene un techo bajo y soporta una furia contenida. La mayoría vuelve a estar entre el rechazo al gobierno y la desconfianza en la oposición.

Si no se rompe este bloqueo de opciones, la quiebra económica, social y política podría barrer con los actores actuales y la anarquía dejara la sociedad al borde de cualquier aventura. Gobierno y oposición, reducidas a dos minorías cerradas, pueden continuar librando una batalla cuyo desenlace ha dejado de interesar al país devastado por el hambre y las crisis.

Es urgente llegar a un entendimiento para que los bloques rivales actúen como el inicio de un compromiso de país: salvar a Venezuela del desastre. Abrir un período de transición y elegir un gobierno capaz de realizar un plan de reconstrucción de la democracia, la producción y el bienestar. Después, cuando se vuelva a tener país, confrontar los proyectos sobre él.

Los dirigentes políticos y las diversas élites influyentes no pueden permitir que se siga ensanchando el abismo entre el mundo de las luchas políticas y el del empobrecimiento acelerado, del hambre, la falta de medicinas y una vida insegura no sólo por la acción del hampa.

La destructibilidad de las crisis exige suspender los pequeños enfrentamientos, el juego de las impunidades, el cargo público como asalto al tesoro y asumir nuevas estrategias con sentido de país.El entendimiento es un medio y las realización de elecciones justas, transparentes y libres es la vía para recobrar un país donde la victoria de uno no signifique la liquidación del perdedor.

El bloque revolucionario tiene que renunciar a imponer su violencia, seguir fuera de la Constitución, violar derechos humanos e imponer calamidades que apenas han asomado su nariz en este crítico enero. El bloque democrático tiene que producir su ruptura definitiva con los atajos, las soluciones mágicas, las salidas instantáneas y asegurar su defensa de la vía electoral y pacífica.

Abajo, el pueblo comienza a entenderse. Arriba, el tic tac no suena sólo para el gobierno.

@garciasim

 

Simon Garcia

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