Opinión
Aquí no hay democracia, aquí tampoco… ¿y aquí? Menos
Opinión

@yilales

Todo niño, en su temprana infancia, hace pucheros gigantescos antes de romper en estrepitoso llanto, si de querer conseguir algo se trata. Recuerdo que mi abuela encontraba siempre la forma de cambiar ese llanto manipulador en carcajadas con un inocente juego que consistía en recorrer varias puntos de los brazos mientras decía que en ese lugar no se comía carne hasta que llegaba a las axilas y decía: ¡Aquí sí!

Ahora si quisiéramos hacer esta charada con los niños nacidos en esta revolución, en especial durante la fase terminal que encarna Nicolás Maduro, uno se quedaría en el “aquí tampoco” como un disco rayado, ya que la aguja permanece en el mismo surco, porque no se encuentra nada.

Usted puede reemplazar la carne por cualquier insumo de la dieta y nunca llega al aquí sí; si se trata de la seguridad basta con leer las crónicas policiales, que ya no salen en la prensa sino que son trinos regulares en el Twitter, y se quedará en el aquí tampoco; puede intentar con la educación, el poder adquisitivo, la calidad de vida o con las necesidades más básicas y estoy totalmente seguro que no pasará del aquí no se consigue…; es que ni siquiera con la salud porque no se encuentran medicamentos y los pacientes se mueren a la espera de recuperar la buena salud.

Que le pongan “La pollera colorá”

Pero esa carencia es la de menor importancia, la que realmente preocupa es la pérdida de valores y principios que nos hacen distintos al resto de los seres vivos del reino animal. Es que con el Socialismo del Siglo XXI y su putrefacta dirigencia se acabaron hasta las buenas maneras.

Desde que la despiadada hiena que fungía como ministro de información se burló del fallecimiento de un agricultor que hacía huelga de hambre o que ante alguna desgracia les da por bailar “La pollera colorá”, considerada una de las canciones más emblemáticas de Colombia y, por algunos, el equivalente a nuestra “Alma Llanera” al otro lado de la frontera (no sé si se trata de alguna reminiscencia infantil), no se había presentado una situación tan nauseabunda como la ocurrida esta semana, cuando una diputada se refirió con desparpajo al uso de las imágenes de un niño cuya vida se apagó lentamente por la indolencia del ominoso gobierno que ella defiende.

Mientras el país entero no salía del estupor causado por la muerte de Oliver Sánchez, a la diputada le molestaba que sus colegas le reclamaran al gobierno el porqué rechazó y devolvió la ayuda humanitaria que desde diferentes confines habían enviado para solidarizarse, y no precisamente al ritmo de cumbia, con los venezolanos y la crisis que padecemos.

Pero para los irresponsables que ejercen el poder, el que usted tenga que recurrir a la caridad porque aquí no hay como tratar enfermedades tan simples como la gripe, la tos, el dolor de cabeza, la hipertensión o las más complejas como el cáncer, las enfermedades renales crónicas, la diabetes, el HIV-SIDA o el alzhéimer, lo que oculta es la pretensión soterrada y subrepticia de que nos invadan con la intención de derrocar al mejor y más eficiente gobierno del mundo.

Una quimera que solo subsiste en las mentes de estos ñangaras trasnochados que entienden las sanciones a unos delincuentes como un ataque a Venezuela y el envío de ayuda humanitaria como un ataque al gobierno, mientras tanto los hechos ratifican que con Nicolás Maduro aquí no hay democracia, aquí tampoco… ¿y aquí? Menos.

Llueve… pero escampa

Miguel Yilales

16 Artículos