Opinión
Armando Martínez
Opinión

Es para el común, un segmento bien abundante, mustio, pero para otros, los menos, un estudioso de la sociobiología de William J. Wilson, que investiga seriamente la determinación de la persona en el fin del mundo. En el Génesis se percata que Dios crea la tierra para los buenos y la destrucción para quienes la arruinen y que lo último no requiere evidencias para confirmarse.

Pero lo más grave es que el cataclismo abarca a la humanidad y que el Apocalipsis comenzó hace un largo rato, por lo que hay que esperar más bien a que termine, lo cual es el devenir. Es con esta convicción que mira a la reciente crisis financiera mundial, una desgracia humanitaria que llevó a moradores de países desarrollados a saciar el hambre en la basura y episodio perverso causa del movimiento de los indignados.  60 millones de refugiados, además, huyen de las guerras por razones religiosas que llevan a recordar a las mortandades de Stalin y Hitler. Pero la hecatombe prosigue con la crisis de la civilización helénica en medio de un referéndum que más que tranquilidad genera desarreglo. En América Latina; Colombia en el péndulo de una paz que se negocia en Cuba y los militares combatiendo a una guerrilla y la última a los primeros; Ecuador con un gobierno populista con algunos brochazos de la economía de mercado convulsionado por protestas populares; Brasil el imperio de Pedro el Magnánimo, de mente dotada, atribulado por la corrupción; Chile en procura de un nuevo pacto social; Perú, donde no se sabe quién gobierna si el Presidente o su esposa y Panamá con las arcas vacías por Martinelli. En Centro América funcionarios con bienes aprehendidos por las autoridades por mal habidos y Argentina que no encuentra qué hacer con la dinastía de Néstor y Doña Cristina. Cuba abandona el populismo socialista. A la afectación a la desgracia se le vincula con la crisis de los valores morales y las reglas elementales de comportamiento humano. Se traslada a Siria, Turquía, Túnez, Yemen, Irak, Irán y un poco más allá, donde mujeres y hombres padecen las metrallas del Estado Islámico. Martínez no puede dejar de lado a la NSA de  Estados Unidos grabando a  potencias  como Francia, Inglaterra y Alemania. Pero por otra parte los gringos se lo pasan comparando a Obama con  Eisenhower, los franceses a Hollande con De Gaulle y los ingleses a Cameron con Churchill. Y ello para expresar insatisfacciones.

En lo concerniente a Venezuela sabe que los capítulos de destrucción  son notorios, estimando que se resumen en cántico de  la pianista Gabriela Montero (Expatria), quien retrata la tragedia de la nación. Acudiendo a lo más reciente se pregunta acerca de cuál sería el propósito del CNE demandado que las listas de diputados han de incluir el 40% de féminas. No cree que haya sido la observancia del artículo 21 de la Constitución, sino más bien para crearle dificultades a la oposición. No obstante que la exigencia ha comenzado a ser aprovechada por damas con el deseo de ser parlamentarias. No se acostumbra que los derechos derivados de la Ley los imponga de oficio la autoridad que les tutela, sino que más bien se ejercen a instancia del ciudadano. Quizás inspirados en la sentencia de EEUU los homosexuales con un derecho subjetivo, interés legítimo o difuso reclamen una porción en las legislativas. De pronto se niega el pedimento razonando que Dios concibió al matrimonio entre un hombre y una mujer, por lo que el transgresor ha de atenerse a las consecuencias, particularmente si se tiene en cuenta que el evento que lo determina es ser una sola carne (Romanos7:1-3). No entiende las razones porqué ante tanto desastre el gobierno mantenga niveles de aceptación popular. Pero lo más grave que encuestas vaticinen que el número de diputados estaría repartido de por mitad entre el régimen  y la oposición (Yépez Gil).

La humanidad para Armando, por consiguiente, esta revuelta. Ha de recordar el diluvio universal que destruyó el mundo de aquel tiempo. Duda si fue merecedor del castigo más que el  de hoy, donde hay temores por un fuego terrible de la sociedad perversa y de sus gobiernos corruptos. Hay que  estar pendientes, pues el Texto Sagrado condiciona la quemazón a que la gente sea justa para poder poseer a la tierra y en paz. Pretende encontrar la respuesta de la perversidad social en la ratio del comportamiento humano, pero al acudir a la sociobiología, fuente que maneja con soltura, se encuentra con la cacareada idea de que los genes pueden predisponer la conducta  humana, a pesar de que la relación causal no esté demostrada. Decide quedarse más bien en la sociología, sin la biología, acudiendo a Neil J. Smelser y Joanne Miller para concluir que la vida social requiere reglas morales, que las religiones  coadyuvan en el propósito y  que San Lucas afirma que hay que tenerle miedo a aquel quien después de quitar la vida tiene autoridad para echarnos en el infierno.

Armando dice ¡Yo por lo menos comenzaré a comportarme!

Luis Beltran Guerra

Doctor en Derecho, Harvard University. Profesor de Derecho Administrativo - Fundador (Partner) Luis Beltran Guerra
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